Cuando un virus entra en el organismo, las defensas no actúan en silencio. Las células liberan pequeñas moléculas que coordinan la respuesta: unas llaman refuerzos, otras favorecen la inflamación y algunas ayudan a regularla. En conjunto, forman una conversación química que cambia con el paso de los días.
Un estudio realizado con pacientes de Tapachula siguió esa conversación durante la infección por el virus del Zika. El trabajo encontró un patrón particular de citocinas y quimiocinas desde la etapa aguda hasta la recuperación. No se trata de una prueba diagnóstica ni de una receta para predecir quién tendrá complicaciones. Es una fotografía de cómo respondió el sistema inmunitario de un grupo pequeño de personas y una pista para futuras investigaciones.
Citocinas y quimiocinas: los mensajes de las defensas
Las citocinas son proteínas que permiten que las células del sistema inmunitario se comuniquen. Algunas activan o frenan la inflamación; otras participan en la multiplicación, maduración o supervivencia de las células. Las quimiocinas son un grupo de estas señales cuya función incluye atraer células defensivas hacia los lugares donde se necesitan.
Una analogía útil es pensar en un sistema de tránsito. No basta con saber cuántos vehículos hay: importa cuáles avanzan primero, cuáles cambian de ruta y qué señales permanecen encendidas. Del mismo modo, una concentración aislada dice menos que la trayectoria de varios mediadores a lo largo de la enfermedad.
Cómo se realizó el estudio
El análisis incluyó a los primeros 23 pacientes con infección por Zika confirmada mediante RT-PCR que ingresaron al estudio Zik01 en 2016. Todos habían buscado atención en Tapachula, Chiapas, y se excluyeron del análisis las infecciones simultáneas por dengue o chikunguña, así como el embarazo. También participaron 13 personas sanas de edad y sexo semejantes como grupo de comparación.
Se obtuvieron muestras al ingreso —entre uno y ocho días después del inicio de los síntomas— y en los días 3, 7 y 28 del seguimiento. Mediante una plataforma llamada Luminex se midieron simultáneamente 23 citocinas, quimiocinas y factores de crecimiento.
La mayoría de los participantes eran mujeres y la edad promedio fue de 32 años. Los síntomas frecuentes incluyeron exantema, dolor muscular, conjuntivitis, fiebre y dolor articular. No hubo complicaciones agudas graves en el grupo estudiado. Al día 28, ningún participante tenía virus detectable por RT-PCR, aunque algunas personas todavía informaban artralgias o mialgias.
Tres señales destacaron desde los primeros días
En comparación con el grupo sano, las personas con Zika mostraron concentraciones mayores de IL-9, IL-17A y CXCL10 desde la fase aguda. Sin embargo, las tres señales no siguieron exactamente la misma trayectoria.
- CXCL10 alcanzó sus valores más altos entre los días 3 y 7 y después disminuyó, aunque permaneció elevada durante la recuperación.
- IL-17A continuó aumentando y llegó a su nivel máximo en el día 28.
- IL-9 se mantuvo elevada durante todo el seguimiento.
En el día 28 también se observaron concentraciones mayores de CCL4 y CCL5, mientras que IL-1RA, CXCL8 y CCL2 fueron menores que en los controles. Este cambio de combinaciones sugiere que la respuesta inmunitaria no simplemente se enciende y luego se apaga: se reorganiza conforme disminuye la presencia detectable del virus y avanza la recuperación.
Los nombres pueden parecer una sopa de letras. Lo importante no es memorizar cada molécula, sino entender que el estudio identificó una firma dinámica: un conjunto de señales que cambiaba con el tiempo y no una sola sustancia capaz de explicar toda la infección.
Lo que ocurre en una célula aislada no reproduce a una persona
El equipo también expuso en el laboratorio monocitos —un tipo de célula inmunitaria— de cinco donantes sanos a un aislado clínico del virus. Las células produjeron una respuesta inflamatoria amplia, con numerosos mediadores elevados.
Pero ese patrón no reprodujo por completo el observado en la sangre de los pacientes. La diferencia es relevante: dentro del cuerpo intervienen muchos tipos celulares, tejidos, mecanismos reguladores, antecedentes inmunológicos y características del propio virus. Un cultivo permite estudiar una parte del proceso bajo condiciones controladas, pero no equivale al organismo completo.
Una firma de investigación, no un examen clínico
El estudio exploró también si algunas señales se asociaban con síntomas. Encontró diferencias en IL-7 entre quienes tenían o no cefalea, en CCL2 según la presencia de sangrado y en CCL3 según la presencia de exantema. Estas observaciones deben interpretarse con especial cautela: el número de participantes era pequeño y, por ejemplo, sólo dos presentaron sangrado al inicio.
Los resultados no validan un panel de citocinas para diagnosticar Zika, medir su gravedad o decidir un tratamiento. La Organización Mundial de la Salud señala que los síntomas de Zika se parecen a los de otras enfermedades y que la confirmación requiere pruebas de laboratorio apropiadas. La medición de estas moléculas sigue perteneciendo al terreno de la investigación.
Las limitaciones importan
Los autores señalaron tres límites principales:
- La cohorte incluyó sólo 23 pacientes y 13 controles.
- No fue posible establecer con precisión quién había tenido dengue previamente; ese antecedente podría modificar la respuesta frente al Zika.
- Los experimentos de laboratorio utilizaron monocitos de donantes sanos, no células obtenidas de los propios pacientes.
Además, la investigación describe a personas sintomáticas que buscaron atención y cumplieron criterios específicos en Tapachula durante 2016. No representa a todas las infecciones, no permite estimar la circulación actual del virus y sus resultados necesitan confirmarse en poblaciones más grandes y diversas.
Por qué vale la pena estudiar estas señales
Comprender la secuencia de la respuesta inmunitaria puede ayudar a formular preguntas más precisas: ¿qué mecanismos contribuyen a controlar el virus?, ¿cuáles participan en los síntomas?, ¿qué patrones se repiten en distintas poblaciones? Con estudios posteriores, algunas respuestas podrían orientar la búsqueda de correlatos de protección o el desarrollo de vacunas.
La OMS informa que la transmisión del Zika persiste a niveles bajos en varios países y que todavía no existe una vacuna disponible. La prevención continúa basada en reducir las picaduras de mosquitos, eliminar criaderos y considerar también la transmisión sexual, especialmente durante el embarazo.
El mensaje central de este trabajo es más modesto y, por eso mismo, valioso: la respuesta inmunitaria al Zika cambia con el tiempo y no puede resumirse en una sola molécula ni reproducirse por completo en un cultivo celular. Seguir esas variaciones nos acerca a comprender la enfermedad, pero todavía no las convierte en una herramienta para la consulta cotidiana.
Héctor Armando Rincón León participó como coautor y colaboró en la recolección de datos clínicos y muestras biológicas dentro de la Red Mexicana de Investigación en Enfermedades Infecciosas Emergentes.
Fuentes
- Zúñiga J, Choreño-Parra JA, Jiménez-Álvarez L, et al. A unique immune signature of serum cytokine and chemokine dynamics in patients with Zika virus infection from a tropical region in Southern Mexico. International Journal of Infectious Diseases. 2020;94:4-11.
- Organización Mundial de la Salud. Zika virus. Actualización del 6 de noviembre de 2025.
Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. Los mediadores descritos no constituyen una prueba diagnóstica ni sustituyen la valoración médica o los lineamientos de vigilancia vigentes.