Escolaridad e hipertensión: qué encontramos en 166 mil adultos en México

En 166,251 adultos evaluados en México, la hipertensión fue más frecuente entre quienes tenían menos años de estudio. Explicamos qué significa esta asociación, sus límites y su relevancia para la práctica clínica.

La presión arterial no depende solamente de lo que una persona come, cuánto ejercicio hace o si toma correctamente sus medicamentos. También se relaciona con las condiciones en las que vive, trabaja, aprende y recibe atención médica.

Una de esas condiciones es la escolaridad. Pero conviene aclararlo desde el principio: tener menos años de estudio no causa por sí mismo hipertensión, ni el nivel educativo determina inevitablemente la salud de alguien. La escolaridad puede funcionar como una señal de oportunidades y desventajas acumuladas a lo largo de la vida: ingresos, tipo de empleo, acceso a información comprensible, posibilidad de acudir a consulta, alimentación, estrés y continuidad del tratamiento, entre muchas otras.

Con esta perspectiva analizamos la relación entre escolaridad e hipertensión en 166,251 personas adultas que participaron en campañas mexicanas de medición de la presión arterial.

¿Qué estudiamos?

El trabajo reunió datos de las campañas May Measurement Month realizadas en México durante 2021, 2022 y 2023. Las personas acudieron voluntariamente a puntos de detección instalados en distintos estados del país.

Se consideró que una persona tenía hipertensión si había recibido previamente el diagnóstico, tomaba medicamentos para controlarla o presentaba una presión sistólica de al menos 140 mmHg o una presión diastólica de al menos 90 mmHg durante la evaluación.

Para el análisis se formaron tres grupos de escolaridad:

  • de 0 a 6 años de estudio;
  • de 7 a 12 años;
  • 13 años o más.

En el conjunto analizado, 60% eran mujeres, la edad promedio fue de 47 años y 37% cumplía criterios de hipertensión.

Una diferencia que no desapareció al ajustar los resultados

En las cifras sin ajustar, la hipertensión estuvo presente en:

  • 28% de quienes tenían 13 años o más de escolaridad;
  • 34% de quienes habían cursado entre 7 y 12 años;
  • 53% de quienes tenían entre 0 y 6 años.

Estas proporciones no pueden compararse de manera aislada, porque los grupos también diferían en edad, sexo y otras características. Por eso se realizó un análisis ajustado.

Después de considerar esas diferencias, las personas con 0 a 6 años de estudio tuvieron una prevalencia de hipertensión 22% mayor que quienes tenían 13 años o más. En el grupo de 7 a 12 años, la prevalencia fue 10% mayor.

La asociación fue más marcada en las mujeres. Además, la presión sistólica promedio fue más alta en los grupos con menor escolaridad: la diferencia alcanzó 7.7 mmHg en el conjunto de participantes, 9.2 mmHg entre las mujeres y 5.5 mmHg entre los hombres, al comparar los extremos de escolaridad.

¿Qué podría explicar la relación?

El estudio exploró algunos factores que podrían intervenir, como diabetes, consumo de alcohol, inactividad física y tabaquismo; en las mujeres también se consideró el antecedente de presión alta durante el embarazo.

En conjunto, estas variables explicaron estadísticamente alrededor de 14% a 19% de la asociación, según el sexo y el grupo educativo. Dicho de otra forma, la mayor parte de la diferencia no quedó explicada por los factores que se midieron.

Eso orienta la mirada hacia condiciones más amplias que no estaban disponibles en las encuestas: ingreso, ocupación, seguridad laboral, alimentación, estrés crónico, sueño, características del vecindario, acceso a medicamentos y servicios de salud, entre otras. No demuestra que alguna de ellas sea la causa; señala preguntas importantes para futuras investigaciones.

¿Por qué importa en la práctica clínica?

La escolaridad no debe utilizarse para etiquetar a las personas ni para anticipar que comprenderán menos o seguirán peor un tratamiento. Sí puede recordarnos que la prevención cardiovascular y la atención clínica necesitan ser accesibles para realidades muy distintas.

En la consulta, esto puede traducirse en acciones concretas:

  • medir la presión arterial de forma correcta y periódica, aun cuando no haya síntomas;
  • explicar el diagnóstico y el tratamiento con lenguaje claro, apoyos visuales y ejemplos cotidianos;
  • confirmar la comprensión pidiendo al paciente que explique con sus propias palabras el plan acordado;
  • preguntar por dificultades reales para conseguir medicamentos, asistir a consulta o cambiar hábitos;
  • integrar el control de diabetes y otros riesgos cardiovasculares;
  • reforzar el seguimiento, especialmente cuando existen barreras sociales o de acceso.

La hipertensión suele no producir síntomas. Por eso la Organización Mundial de la Salud subraya que medir la presión arterial es la única manera de detectarla con certeza.

Lo que este estudio no permite concluir

Los datos provienen de una detección voluntaria realizada en localidades seleccionadas, no de una muestra nacional representativa. Por lo tanto, el 37% observado no debe interpretarse como una nueva estimación de prevalencia para todo México.

Además, se trata de un análisis transversal: escolaridad, presión arterial y demás variables se observaron en el mismo periodo. Podemos hablar de una asociación, pero no afirmar que un nivel educativo determinado haya causado hipertensión. La escolaridad también es una medida parcial de la posición social y no sustituye información sobre ingreso, ocupación, entorno o acceso efectivo a la atención.

El artículo fue publicado en línea por BMC Public Health el 13 de agosto de 2026 como una versión aceptada, revisada por pares y citable, todavía sujeta a correcciones editoriales antes de la versión definitiva.

El mensaje central

La escolaridad no es un diagnóstico: es una pista sobre las condiciones sociales que pueden moldear el riesgo cardiovascular y la posibilidad de recibir atención oportuna.

Reducir las desigualdades en hipertensión requiere mucho más que recomendar buenos hábitos. También exige detección accesible, comunicación clínica comprensible, tratamientos disponibles y sistemas capaces de acompañar a cada persona según sus circunstancias.

Héctor Armando Rincón-León participó en el grupo de redacción y coordinación del estudio. Karla Reyna Navarro-Fuentes participó en la recolección de datos en Chiapas. Todas las personas autoras revisaron y aprobaron el manuscrito.

Fuentes

  • Collaborative Group on Arterial Hypertension. “Educational attainment and arterial hypertension in 160,000 Mexican adults: a pooled subanalysis of three surveys endorsed by the Collaborative Group on Arterial Hypertension”. BMC Public Health (publicación en línea, 2026). Consultar el artículo.
  • Organización Mundial de la Salud. “Hipertensión”.

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.

Seis olas de COVID-19 en Tapachula: cómo cambió la enfermedad entre 2020 y 2023

Analizamos 6,145 casos confirmados a lo largo de seis olas. La dificultad respiratoria, la necesidad de oxígeno y la mortalidad disminuyeron de manera marcada después de las primeras etapas.

Durante los primeros años de la pandemia no sólo cambió el número de contagios. También cambió la forma en que se presentaba la enfermedad, la gravedad de los pacientes y la presión ejercida sobre los servicios de salud.

Para entender esa transformación analizamos seis olas de COVID-19 atendidas en unidades de primer y segundo nivel del IMSS en Tapachula, Chiapas, entre marzo de 2020 y enero de 2023. Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León participamos en el diseño, análisis, manejo de los datos y redacción del estudio.

Primero, una precisión importante sobre los números

Durante el periodo se registraron 18,319 personas sospechosas de COVID-19. De ellas, 13,045 fueron sometidas a una prueba y 6,145 resultaron positivas. Por tanto, el 47.1% corresponde a las personas evaluadas, no al total de casos sospechosos.

Esta distinción parece pequeña, pero es esencial: en epidemiología, un porcentaje sólo puede interpretarse correctamente cuando conocemos con claridad su denominador.

La tercera ola concentró más de la mitad de los casos

Los 6,145 casos confirmados se distribuyeron de manera muy desigual. La tercera ola, que coincidió temporalmente con el predominio nacional de Delta, reunió 3,205 casos: 52.2% del total.

Sin embargo, tener más casos no fue la única historia. Al comparar las seis olas observamos una transición progresiva desde cuadros con mayor afectación respiratoria y necesidad de cuidados hospitalarios hacia presentaciones con más síntomas de vías respiratorias superiores y mayor manejo ambulatorio.

De la falta de aire al predominio de síntomas respiratorios altos

En la primera ola, 47.6% de las personas confirmadas presentó disnea o falta de aire. En la sexta ola la proporción fue de 4.9%. El dolor torácico disminuyó de 41.8% a 7.6%, y la taquipnea —respiración anormalmente rápida— pasó de 4.4% a ningún caso registrado en la sexta ola.

Al mismo tiempo, algunos síntomas de vías respiratorias altas se hicieron más frecuentes. La rinorrea o escurrimiento nasal aumentó de 32.3% en la primera ola a 85.4% en la sexta; el dolor al tragar pasó de 52.5% a 77.8%.

Estos cambios no permiten diagnosticar una variante por los síntomas. Sí muestran que el perfil clínico observado por los servicios de salud fue distinto a medida que avanzó la pandemia.

La gravedad y la mortalidad disminuyeron

En la primera ola, 57.2% de los casos sobrevivió sin haber requerido oxígeno; para la sexta ola esa proporción alcanzó 94.4%. La proporción de fallecimientos entre los casos confirmados pasó de 24.0% en la primera ola a 0.7% en la sexta.

En el conjunto del periodo, 1,079 pacientes necesitaron hospitalización, 647 recibieron oxígeno y 432 fueron intubados. De estos últimos, 400 fallecieron. Esa mortalidad extremadamente alta entre las personas intubadas se concentró sobre todo en las primeras etapas y merece una lectura cuidadosa: probablemente refleja una combinación de enfermedad grave, llegada tardía, saturación hospitalaria, criterios de intubación y limitaciones de capacidad crítica. El diseño del estudio no permite separar cuánto aportó cada factor.

¿Por qué cambió tanto la enfermedad?

La reducción de la gravedad coincidió con varios procesos que ocurrieron al mismo tiempo:

  • el avance de la vacunación;
  • la inmunidad acumulada por infecciones previas y vacunación;
  • el reemplazo de variantes, con predominio de Ómicron desde la cuarta ola;
  • la experiencia adquirida por los equipos de salud y la mejoría de los protocolos clínicos.

La palabra clave es coincidió. No secuenciamos el virus de cada paciente y tampoco contamos con su antecedente individual de vacunación. Por eso no podemos afirmar que una variante o la vacuna explique por sí sola la evolución de cada caso.

Lo que Tapachula puede enseñar a los servicios de salud

Las epidemias no ejercen siempre la misma presión. En una etapa pueden faltar camas, oxígeno y capacidad de cuidados críticos; en otra, el reto puede trasladarse a la consulta ambulatoria, el diagnóstico y la vigilancia.

La experiencia de Tapachula sugiere cuatro prioridades para futuras emergencias respiratorias:

  1. Capacidad flexible: poder ampliar camas, oxígeno y personal sin desatender los servicios esenciales.
  2. Vigilancia conectada con la clínica: relacionar oportunamente los cambios en casos, síntomas y gravedad.
  3. Primer nivel fortalecido: identificar deterioro, atender cuadros leves y referir a tiempo a quienes presentan signos de alarma.
  4. Preparación adaptada al territorio: las ciudades fronterizas requieren planes que consideren movilidad, desigualdad y disponibilidad real de recursos.

Lo que el estudio no puede responder

Se trató de un análisis descriptivo de registros clínicos y de vigilancia. Pudo existir subregistro, especialmente durante los picos. Los criterios de prueba y diagnóstico pudieron variar entre unidades y momentos. Además, las variantes se asignaron por su predominio nacional en cada periodo, no mediante secuenciación individual.

También es importante recordar que los datos terminan en enero de 2023. Describen cómo cambió la pandemia en ese periodo; no representan por sí solos la situación epidemiológica actual.

El mensaje principal

La disminución observada en la gravedad no significa que la COVID-19 haya desaparecido. Significa que una epidemia puede cambiar de forma profunda y que los sistemas de salud deben aprender y ajustarse con la misma rapidez.

Hoy la vacunación forma parte del manejo sostenido de la COVID-19. La Organización Mundial de la Salud mantiene recomendaciones de vacunación periódica para los grupos con mayor riesgo de enfermedad grave, que deben aplicarse de acuerdo con los programas y lineamientos nacionales vigentes.

Mirar las seis olas en conjunto permite transformar una experiencia dolorosa en preparación: mejores datos, atención primaria sólida, capacidad hospitalaria adaptable y decisiones que reconozcan las particularidades de cada comunidad.

Fuentes

La información de este sitio es educativa y no sustituye una valoración médica individual ni las recomendaciones de las autoridades sanitarias.

Gusano barrenador: qué revelan 204 casos humanos en México

Analizamos los primeros 204 casos humanos confirmados en México. Chiapas concentró casi seis de cada diez y las piernas fueron el sitio más afectado.

Durante décadas, el gusano barrenador del Nuevo Mundo parecía un problema superado en México. Eso cambió cuando reaparecieron casos en animales en 2024 y, posteriormente, casos humanos en 2025.

En un estudio publicado anticipadamente en la revista Emerging Infectious Diseases, analizamos los casos humanos confirmados por el sistema nacional de vigilancia entre el 13 de abril de 2025 y el 14 de marzo de 2026. Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León participamos como coautores.

¿Qué es el gusano barrenador?

El nombre científico de la mosca es Cochliomyia hominivorax. La mosca adulta no “barrena” el cuerpo: el problema comienza cuando la hembra deposita sus huevos en una herida, una zona inflamada, una mucosa o un orificio natural.

Los huevos pueden abrirse en 12 a 24 horas. Las larvas penetran la lesión y se alimentan de tejido vivo, por lo que la miasis puede avanzar con rapidez y causar destrucción del tejido, infección bacteriana y pérdida de función si no se atiende oportunamente.

¿Qué encontramos?

Los informes oficiales registraron 204 casos humanos confirmados durante el periodo estudiado. En 202 existía información suficiente para analizar sus características clínicas y epidemiológicas.

  • Para marzo de 2026 ya se habían notificado casos en 12 entidades federativas.
  • Chiapas concentró 119 casos, equivalentes al 58.3% del total. Tapachula fue el municipio con más casos analizados: 35.
  • El 71.8% ocurrió en hombres y la edad promedio fue de 61 años.
  • Las piernas y los pies fueron la localización reportada con mayor frecuencia: 55% de los casos.
  • El 76.7% tenía al menos una condición clínica o social concurrente. Entre las más frecuentes estuvieron diabetes, consumo problemático de alcohol, hipertensión, neoplasias y padecimientos asociados con úlceras de la piel.
  • Se registraron seis fallecimientos entre las personas con miasis; al momento del reporte, sólo uno fue atribuido directamente a la infestación. La información disponible no permitió determinar cuánto pudo contribuir la miasis en los otros cinco.

Estos datos describen a las personas que fueron detectadas y notificadas. No significan que ser hombre, tener diabetes o vivir en Chiapas cause por sí mismo la enfermedad.

Las heridas crónicas merecen especial atención

La frecuencia de lesiones en las extremidades inferiores y de enfermedades concurrentes señala un punto práctico: las heridas crónicas, las úlceras, la disminución de la sensibilidad, la inmovilidad o las dificultades para el autocuidado pueden retrasar la detección del problema.

Por eso es importante revisar diariamente cualquier herida, en particular en pies y piernas; lavarla y mantenerla cubierta según las indicaciones del personal de salud; y buscar atención si empeora, presenta secreción, dolor creciente, mal olor o larvas visibles.

La sospecha de miasis requiere valoración médica. El tratamiento puede incluir retiro cuidadoso de las larvas, limpieza y manejo de la lesión, control del dolor y tratamiento de infecciones bacterianas. Los antiparasitarios sólo se utilizan en casos seleccionados y bajo supervisión profesional. No es recomendable intentar retirar profundamente las larvas ni automedicarse.

Un problema humano, animal y ambiental

La misma mosca puede afectar al ganado, animales de compañía, fauna silvestre y personas. Por eso su control exige un enfoque de Una Salud: vigilancia coordinada, diagnóstico y notificación oportunos, atención de animales afectados, control de su movilización y medidas para disminuir la población de la mosca.

La aparición de casos en animales puede advertir que el insecto ya circula en una zona antes de que se detecten casos humanos. La coordinación entre los servicios de salud, veterinarios, productores y comunidades es parte esencial de la prevención.

Lo que todavía no sabemos

Nuestro trabajo fue un estudio descriptivo basado en informes de vigilancia. No contó con una población de comparación ni con denominadores que permitieran calcular la incidencia o el riesgo individual. Además, es posible que existan casos no reconocidos o no notificados.

El periodo analizado terminó el 14 de marzo de 2026. Por lo tanto, sus 204 casos no deben presentarse como el total actual del país. La vigilancia oficial continúa y sus informes posteriores deben consultarse para conocer la situación más reciente.

El mensaje principal

No se trata de generar alarma, sino de reconocer un problema que volvió y que puede causar daño grave si pasa inadvertido. Cuidar las heridas, examinar de forma intencional las lesiones —especialmente en personas con dificultades para el autocuidado— y solicitar atención temprana son medidas sencillas que pueden cambiar el desenlace.

La reemergencia del gusano barrenador también nos recuerda algo más amplio: la salud humana no puede separarse de la salud animal ni del ambiente.

Fuentes

La información de este sitio es educativa y no sustituye una valoración médica individual.

Sobre el COVID en junio/julio de 2021

Miércoles 30 de junio de 2021

Esta es una breve actualización sobre lo relevante en relación con COVID a la mitad del 2021. En México, tenemos 5 vacunas diferentes que están siendo aplicadas a la población, y aproximadamente el 33% de la población mayor de 18 años ha recibido alguna dosis, aunque con esquema completo -las dos dosis en las vacunas que tienen este esquema-, únicamente a 19 millones, lo que representa sólo el 21% de ese grupo. Aún no es suficiente, pero va avanzando. Otra buena noticia es que la semana pasada inició el registro para vacunación de las personas de 30 años en adelante, lo cual es muy importante porque en estos momentos son el grupo poblacional más afectado por la enfermedad.

El punto de mayor importancia en este momento es la variante Delta, que posee características especiales que la hacen un riesgo mayor para todos.

La variante Delta se identificó en diciembre del 2020 en la India, y desde entonces ha ido diseminándose por el mundo poco a poco, se ha verificado ya en 80 países; en el Reino Unido, de donde salió la primera variante de interés clínico, la Alfa, la variante Delta ha adquirido importancia relativa y está convirtiéndose en la variante dominante, ya ha sido detectada en los Estados Unidos, pero aún en menos del 3% de los casos, también en México ya se reportó -en Nuevo León-, pero hasta ahora han sido casos aislados.

La principal preocupación es que esta variante puede producir una nueva ola de enfermedad, a diferencia de las otras variantes, esta sí es más mortífera, causa una infección más severa; la variante Alfa es un poco más infecciosa que la infección original, pero no causa una enfermedad más grave, la Delta sí lo hace, ocasiona enfermedad más seria y mayor mortalidad, y es aproximadamente 60% más infecciosa que la variante Alfa.

La buena noticia es que la variante Delta es aún cubierta por las vacunas, las vacunas actuales cubren estas nuevas variantes, al menos hasta ahora. La mala es que mientras la pandemia continúe, seguirán apareciendo variantes y puede llegar una que no sea cubierta por las vacunas, lo que sería terrible, significaría comenzar de nuevo como el año pasado. Mientras más gente se infecte, existen más probabilidades de que aparezcan nuevas variantes. Es la evolución ocurriendo a cada momento.

Y aún en países con altas tasas de vacunación, la infección se está manteniendo debido al porcentaje de la población que no se ha vacunado, incluso en países con mucha más cobertura que México, como los Estados Unidos, aún están lejos de la inmunidad de rebaño, a México le falta mucho más.

En los países con alta vacunación, las personas que están siendo hospitalizadas con la variante Delta son personas no vacunadas. Las vacunas actuales -las más estudiadas son las de RNAm como Pfizer y Moderna- proveen más o menos 90% de protección contra ser hospitalizado por la variante Delta.

Así que en este momento la única opción para los tomadores de decisiones en salud es: ¡VACUNAR a toda la población! Es la única manera de realmente poder frenar la pandemia y evitar nuevas oleadas de enfermedad.

En este punto creo que tenemos tres posibilidades, una -la menos probable desafortunadamente- es que realmente alcancemos la inmunidad de rebaño vacunando a marchas forzadas a toda la población, evitando así la aparición de nuevas variantes que representen un peligro para los ya vacunados; otra posibilidad, el peor escenario posible, es que a falta de vacuna la infección siga manteniéndose y aparezca una nueva variante que sea resistente a la inmunidad generada por la vacuna y por la infección previa, esencialmente REINICIANDO el escenario de pandemia del año pasado, ¡imaginen eso!

Yo creo que conforme van apareciendo nuevas variantes, y si tenemos la suerte de no llegar al peor escenario posible, podrá ocurrir la posibilidad intermedia: la enfermedad se mantendrá circulando y tendremos que recibir una nueva vacuna de refuerzo anualmente, la cual será actualizada para las variantes novedosas, tal como ocurre con influenza.

Recordemos que anualmente en México ocurren alrededor de 30 mil muertes por influenza con todo y la vacunación anual, es muy posible que en el escenario futuro tengamos el equivalente a los 30 mil muertos por influenza y otros 30 mil por COVID, actualizando y vacunando anualmente a la población.

Este último será, creo, el escenario más probable.

Y las personas que eligen no vacunarse -sumadas a las que no tienen acceso a la vacuna por la falta de ella a nivel mundial- serán las responsables de que la pandemia se mantenga y se convierta en una enfermedad endémica.

El otro tema importante es que ya se ha reconocido por la OMS y diferentes instancias de salud en todo el mundo que están ocurriendo casos de miocarditis con las vacunas de RNAm; hasta ahora estos casos han ocurrido en el orden de los 12.6 casos de miocarditis por 1 millón de dosis, se considera un evento raro y, claro, los beneficios de la vacuna son inmensamente mayores al riesgo. Los eventos de miocarditis asociados a vacunación han sido casos leves de los cuales muy pocos han requerido hospitalización. Han sido casos raros, leves y temporales, para la mayoría de ellos no habrá ninguna consecuencia a largo plazo, aunque claro, habrá casos graves que incluso puedan ocasionar muertes.

Desafortunadamente creo que esto -la miocarditis- será una nueva oportunidad para que los antivacunas sigan torpedeando los programas de vacunación.

Todo medicamento, todo, sin falta, posee efectos secundarios y si las personas tomaran tantos medicamentos como vacunas aplicadas, los veríamos con mucha más frecuencia. Cientos de personas mueren cada año en México y en cada uno de los países del mundo sólo por tomar paracetamol. En Inglaterra es la principal causa de falla hepática. Casi siempre es por tomar demasiado, aunque siempre pueden ocurrir casos de reacciones con las dosis correctas, la cosa es que todos los medicamentos poseen el potencial de ocasionar reacciones y eso se pierde de vista al satanizar a las vacunas siguiendo intereses políticos o anticientíficos.

Nunca será una mejor opción esperar que la pandemia infecte a la población mundial y se genere una inmunidad de rebaño natural, porque siempre aparecerán variantes y la enfermedad no se detendría nunca, ocasionando millones de muertes anuales.

Espero que podamos alcanzar el escenario ideal y cerrarle el paso a la enfermedad y sus variantes, o al menos un escenario intermedio en el cual podamos tener una vacunación anual y mantenerla a raya. Depende sobre todo de la capacidad del país para completar la vacunación de toda la población en el menor tiempo posible, esperando que la variante Delta y las que sigan no nos ganen la partida. ¡Esperemos!

Sobre la vacunación contra COVID a mujeres embarazadas

Miércoles 12 de mayo de 2021

 

Ayer me preguntó uno de mis sobrinos consentidos sobre la vacunación a mujeres embarazadas para covid, así me enteré de que su esposa y él están a punto de ser papás -no es cierto, ya sabía 🙂– sin embargo, me pareció un tema muy interesante porque este lunes pasado inició la vacunación a mujeres embarazadas en México.

 

Primero, ¿por qué deben ser consideradas las mujeres -de cualquier edad- embarazadas como un grupo prioritario para vacunación contra covid? Bueno, porque ellas tienen un riesgo incrementado para enfermedad severa en comparación con las mujeres no embarazadas, con una tasa incrementada de admisión a la unidad de cuidados intensivos, requerimiento de oxígeno suplementario, ventilación mecánica y mortalidad. Adicionalmente, las mujeres embarazadas con covid pueden tener un riesgo incrementado de resultados adversos del embarazo, tales como parto pretérmino.

 

También existe evidencia de infección por SARS-CoV-2 en la placenta y transmisión vertical -de la madre al hijo- de la infección in utero, detectándose bebés recién nacidos positivos a la infección. Los recién nacidos de mujeres con covid tienen un riesgo incrementado de requerir ingresar a la terapia intensiva neonatal.

 

Segundo, ¿la vacunación contra covid es segura para las mujeres embarazadas? De eso no se sabe mucho hasta ahora, y eso es porque cuando se hacen los estudios de seguridad y eficacia de las vacunas, las mujeres embarazadas no son incluidas en ellos, esto es porque dichos estudios deben ser revisados y aprobados por los comités de ética en investigación que los autorizan y, por supuesto, las mujeres embarazadas son un grupo prioritario de alto riesgo para la investigación en salud -visto en términos simples y mundanos, si algo sale mal estás dañando a dos personas en vez de una, además de a una persona que no dio su autorización para ser sometido a un experimento-, por lo que no se incluyen en los estudios iniciales; sin embargo, durante los estudios muchas mujeres se embarazan, o bien ya estaban embarazadas y no lo sabían, por lo que dieron su anuencia para la participación en el estudio a pesar de que no hubieran sido incluidas si supieran su estado de gravidez.

 

En este grupo de mujeres -embarazadas durante el estudio o embarazadas previamente sin saberlo-, que en general es muy pequeño, no se ha encontrado ningún riesgo o complicación diferente al que tiene una mujer que no está embarazada durante el proceso de vacunación anti-covid.

 

Para las vacunas de mRNA, ya se realizaron estudios específicos con aproximadamente 30 mil mujeres y no parece que exista ninguna complicación con el embarazo o el bebé durante la vacunación -estas son Pfizer y Moderna, sólo la primera se aplica en México-.

 

¿Qué pasa con las otras vacunas? No sabemos mucho, sólo lo que ha ocurrido en los estudios en las situaciones ya señaladas previamente. Sin embargo, en esos grupos no ha habido ningún indicio de que haya riesgos adicionales. Por lo general, las vacunas son seguras durante el embarazo, algunas vacunas como SINOVAC tienen mecanismos similares a la de influenza que utilizamos anualmente sin complicaciones en mujeres embarazadas, por lo que no se anticipan efectos adversos adicionales.

 

En las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson lo más destacable es el riesgo de trombosis en mujeres jóvenes -aunque también ocurren en hombres-, con un riesgo de 1.1 casos por cada 100,000 personas inmunizadas entre los 20 y 29 años de edad, conforme aumenta la edad, el riesgo disminuye hasta llegar a 0.2 por 100,000 para el grupo de 60 a 69 -para comparar riesgos, sirva exponer que entre las mujeres que toman anticonceptivos hormonales orales, que son muchas en México y en todo el mundo, el riesgo de trombosis y eventos vasculares es de 60 por cada 100,000-. De esta forma, mi opinión es que los beneficios de la vacunación con AstraZeneca y con J&J son por mucho mayores a los riesgos de utilizarla.

 

Finalmente, un beneficio adicional de vacunar a las mujeres embarazadas contra covid es que sus hijos nacerán con una protección que les durará varios meses gracias a los anticuerpos -IgG- que sus madres les transmitirán a través de la placenta -entre 2 y 12 meses, favorecido ampliamente por la alimentación al seno materno-.

 

Así que mi opinión es: ¡Excelente noticia! Y mejor aún si lo hacen con Pfizer, aunque en realidad cualquiera es buena. Claro, es posible que, al aumentar exponencialmente el número de mujeres embarazadas vacunadas, veamos reportes de efectos adversos o algún riesgo específico, sin embargo, con la información actual, los beneficios son mucho mayores a los riesgos -que son los mismos que para el resto de la población-, por lo que yo diría, sí vacúnense.

Todo lo que sabes sobre la obesidad está mal

Lunes 3 de mayo de 2021

Hace unos días me encontré un artículo en el Huffington Post escrito por Michael Hobbes que me pareció imperdible, así que aquí va un resumen/traducción con comentarios.

 

El artículo comienza hablando de esa miopía que ocurre en la práctica médica gracias a la cual somos extremadamente reacios como gremio a cambiar los paradigmas, hace referencia a la elevadísima mortalidad ocasionada por el escorbuto en los marineros desde los 1500 a los 1800, ¡alrededor de 2 millones de muertes!. El asunto es que, durante la mayor parte de esos 300 años, los \’expertos médicos\’ sabían cómo prevenirla y no pudieron hacerlo.

 

En los 1600 algunos capitanes distribuyeron limones, limas y naranjas entre los marineros con la creencia de que una dosis diaria de frutos cítricos evitaría la presentación del escorbuto; pero la Marina Británica, pensando en el costo de generalizar el tratamiento lo cambió por mosto de la cerveza -de la malta-, el cual tenía el beneficio de ser más barato pero la desventaja de no hacer nada de nada en relación con el escorbuto. James Lind, un médico británico condujo un experimento que dejó en claro el efecto de los cítricos en el escorbuto, publicó sus resultados, tiempo después falleció, y sus hallazgos no fueron implementados sino 50 años después.

 

Este mismo efecto se puede observar al hablar de los cinturones de seguridad, inventados antes que el automóvil, pero no siendo obligatorios en los coches sino hasta la década de 1960; la primera muerte confirmada por exposición a los asbestos se registró en 1906, pero en los Estados Unidos no se prohibió su uso sino hasta 1973. Y yo agregaría lo que ocurrió con Ignaz Semmelweis y su descubrimiento de la forma de prevenir la fiebre puerperal, no sólo no le creyeron, lo corrieron y tuvo que dejar Viena por su natal Hungría, muriendo en la pobreza e ignominia, sus hallazgos estaban en conflicto con la opinión médica establecida y fueron reivindicados hasta después de su muerte por la acumulación de datos que  respaldaban su teoría.

 

Todo esto es el preámbulo del artículo, que presenta una más de las brechas entre la ciencia y la práctica, pero ahora en nuestro tiempo, cuando vemos lo que pasó hace siglos y reímos por lo ‘tontos’ que fueron nuestros antepasados al no saber reconocer la evidencia científica y cambiar el paradigma.

 

El autor afirma que, en el futuro veremos con horror a las formas equivocadas en las que abordamos la epidemia de obesidad y la manera barbárica en la que tratamos a las personas con sobrepeso.

 

El artículo trata sobre la población de los Estados Unidos, con cerca del 80% de los adultos y el 33% de los niños considerados con sobrepeso u obesidad. Si hablamos de México, encontramos que de acuerdo a la ENSANUT 2018-19, en adultos de más de 20 años la prevalencia de sobrepeso fue de 39.1%, de obesidad de 36.1, de adiposidad abdominal 81.6%, y van en aumento.

 

La respuesta de la comunidad médica a esto ha sido echarle la culpa a la gente obesa por ser obesa. Se nos ha dicho que la obesidad es una falla personal que sobrecarga nuestros sistemas de salud y reduce el PIB -Producto Interno Bruto- de los países; además de ser una excusa para acosar a las personas obesas informándoles enseguida que lo hacemos por su propio bien.

 

Esta es la razón por la cual el miedo de convertirse en obeso o de continuar siéndolo lleva a las personas a gastar anualmente más en dietas que lo que se gasta en películas o videojuegos. El 45% de los adultos declara estar preocupado por su peso de forma constante o al menos parte del tiempo.

 

Los costos emocionales son incalculables, se presentan múltiples historias en las cuales el común denominador es la auto-culpa por estar obeso, el sentimiento de ser \’débil\’, el aislamiento social por vergüenza, etc. La cosa es que esas historias -que podrían ser miles o millones tanto en Estados Unidos como en México y en todo el mundo- no tendrían que haber sido así. Por más de 60 años los médicos e investigadores han -hemos- sabido dos cosas que podrían haber mejorado e incluso salvado millones de vidas.

 

La primera es que las dietas no funcionan. Ninguna. Las investigaciones han demostrado desde 1959 que entre el 95 y el 98% de los intentos para bajar de peso fallan, y que dos tercios de quienes hacen dieta terminan ganando más peso del que perdieron. Las razones de esto son biológicas e irreversibles, desde 1969 los resultados de las investigaciones mostraron que perder tan poco como el 3% del peso corporal resulta en una disminución del 17% en el metabolismo, una respuesta a la inanición de todo el cuerpo que dispara las hormonas del hambre y disminuye la temperatura corporal hasta que se vuelve al máximo peso alcanzado. Mantener el peso bajo en las personas obesas significa luchar contra el sistema de regulación de energía del cuerpo y batallar con el hambre todo el día, por el resto de su vida.

 

La segunda -y que ha sido comprobada y rechazada una y otra vez por la medicina establecida- es que peso y salud no son sinónimos perfectos. Es cierto que casi todos los estudios de nivel poblacional encuentran que la gente obesa tiene peor salud cardiovascular que la gente delgada; pero los individuos no son promedios, hay estudios que han encontrado que entre uno y tres cuartos de las personas clasificadas como obesas se encuentran metabólicamente sanos, no muestran signos de presión arterial elevada, resistencia a la insulina o colesterol alto. Mientras tanto, más o menos una cuarta parte de las personas sin sobrepeso son lo que los epidemiólogos llaman ‘los delgados no saludables’.

 

Un estudio realizado en 2016, el cual siguió a los participantes en promedio 19 años halló que las personas delgadas que no estaban en forma tenían el doble de probabilidad de desarrollar diabetes que las personas obesas que sí estaban en forma.

 

Los hábitos, sin importar tu talla, son lo que realmente importa. Hay docenas de indicadores, el consumo de vegetales, el ejercicio regular, y hasta la fuerza de agarre de la mano son mejores indicadores de la salud de una persona que el cómo se ve al entrar al consultorio.

 

Aquí el asunto es que nuevamente estamos haciendo lo que hemos criticado al inicio, lo del escorbuto, cinturones de seguridad, asbestos o muerte perinatal. Nos resistimos al cambio haciendo las mismas cosas que no funcionan y pensando que esta vez sí tendremos un resultado distinto.

 

Así que es el momento de un cambio de paradigma. La propuesta de Hobbes es que, si no se puede transformar una población en más delgada, se tiene la oportunidad de hacerla una más saludable.

 

El artículo relata la historia de una mujer que se levanta, fuma un cigarro para alejar el hambre, llega a su trabajo y pasa todo el día en tacones de cuatro pulgadas, come una taza de yogurt sola en su coche durante su descanso para alimentos. Después del trabajo, un poco mareada, con los pies pulsándole, come tres galletas Ritz en la barra de su cocina y anota las calorías consumidas en su diario de dieta. Aunque algunos días llega a casa y se va directo a la cama, agotada y mareada de hambre, tiritando en el calor de Kansas, se levanta a la hora de la cena y bebe un poco de jugo de naranja o se come media barra de granola. En ocasiones simplemente continúa durmiendo toda la noche, despertando al día siguiente para iniciar todo nuevamente.

 

La última vez que vivió de esta forma, su madre la llevó al hospital, ‘mi hija está enferma’, le dijo al doctor, ‘no está comiendo’. Él la miró de arriba abajo, después de seis meses de inanición, aún vestía tallas extra-grandes, sin poder ir a una tienda normal a comprar ropa y recibiendo consejos no solicitados de sus colegas y clientes. Ella le dijo al doctor que solía ser aún más obesa, que ha perdido peso haciendo más o menos lo mismo que las otras tres o cuatro veces anteriores, viendo hasta dónde puede llegar durante el día sin comer, cambiando sólidos por líquidos, comida por sueño. Estaba hambrienta todo el tiempo, pero estaba aprendiendo a ‘agarrarle el gusto’. Cuando sí comía, sufría ataques de pánico.

 

‘Bueno, lo que sea que estás haciendo ahora’ le dijo el doctor, ‘está funcionando’, le indicó que siguiera haciéndolo y le aseguró que una vez que estuviera más delgada, su cuerpo comenzaría a procesar los alimentos de forma distinta, podría añadir cientos de calorías más a su dieta, su menstruación volvería, continuaría delgada, pero sin tanto esfuerzo.

 

‘Si observaras todo lo que hacía, sin ver mi peso’, comentó la mujer en la entrevista, ‘tenía un desorden alimenticio, ¡y mi doctor me estaba felicitando!’.

 

Casi cualquier persona obesa puede contar interacciones con el sistema de salud o proveedores médicos en las que ocurre lo mismo, miradas de condescendencia, preguntas con escepticismo, tratamientos postergados o negados. Se supone que los médicos deben ser autoridades en las cuales se pueda confiar, la puerta que conduzca a los pacientes hacia la salud, pero para la gente obesa son una fuente única y persistente de trauma. Sin importar cuánto esfuerzo estén haciendo o cuánto dolor estén pasando, la primera cosa que les dirán es que todo estaría mejor si dejaran de comer Cheetos.

 

Los médicos tienen consultas más cortas con las personas obesas y muestran menos rapport durante ese tiempo, colocando en los expedientes palabras con connotaciones negativas como ‘no cooperador’, ‘autoindulgente’, ‘de voluntad débil’.

 

Muchos médicos creen sinceramente que avergonzar a la gente obesa es la mejor forma de motivarlos para perder peso. Pero se ha demostrado que este enfoque en realidad podría tener el efecto opuesto, tanto en la obesidad como con el consumo de cigarros o drogas, las personas se vuelven menos afectas a compartir sus problemas o hábitos con sus médicos y sus familias.

 

Y muchas de las estructuras financieras y administrativas en las que trabajan los médicos refuerzan este mal comportamiento; con el problema comenzando desde la universidad. De acuerdo con una encuesta realizada en el 2015, los estudiantes de medicina recibieron en promedio 19 horas de educación sobre nutrición en sus más de cuatro años de formación -en mi caso creo que fue incluso menos-, con una tendencia a la disminución de horas con el paso de los años. Una vez que los médicos se gradúan, durante su ejercicio profesional el problema continúa, los médicos de primer nivel tienen únicamente 15 minutos para cada paciente -lo mismo ocurre en México-, apenas suficiente para preguntar a los pacientes qué comieron hoy, y ninguno para preguntarles sobre su alimentación durante todo el tiempo en el que desarrollaron la obesidad. De hecho, en los Estados Unidos los médicos familiares reciben una alerta en sus expedientes electrónicos cuando van a ver a un paciente que se encuentra arriba del límite de sobrepeso, esto es porque los médicos están obligados a dejar por escrito, como prueba para los administradores hospitalarios y aseguradoras, que han comentado el peso con los pacientes y formulado un plan para disminuirlo -sin importar si el paciente llegó a consulta por artritis, un brazo roto o una quemadura solar-, si no lo hacen puede resultar en calificaciones al desempeño bajas, menor calificación por las aseguradoras o que se les niegue el reembolso si refieren pacientes a consultas de especialidades.

 

El resultado de todo lo anterior es que las personas de mayor peso tienden a ser los que más eviten ir al médico. En tres estudios separados se ha observado que las mujeres obesas son más propensas a fallecer por cáncer de mama y cervicouterino que las mujeres no obesas, un resultado que se atribuye parcialmente a su renuencia a ir al médico y obtener las pruebas de detección oportuna. Una investigadora de la Universidad de Washington estudia a las mujeres con alto peso que sufren anorexia, quienes, de forma contraria al estereotipo de talla cero de las descripciones en los medios, son dos veces más propensas a reportar vómito, uso de laxantes y abuso de píldoras para adelgazar.

 

Las mujeres delgadas pasan alrededor de tres años antes de iniciar un tratamiento -para la anorexia- mientras que las mujeres obesas pasan en promedio ¡trece años y medio! antes de que sus desórdenes alimenticios sean atendidos.

 

Las personas obesas -especialmente las mujeres- suelen tener salarios más bajos y menos promociones laborales, sin que haya leyes que prohíban la discriminación en base al peso.

 

De forma paradójica, mientras el número de estadounidenses obesos crece, los sesgos en su contra también lo hacen. Más del 40% de las personas clasificadas como obesos dicen experimentar estigmatización diariamente. Un estudio de 2015 encontró que la gente obesa que se siente discriminada tiene una menor esperanza de vida que la gente obesa que no se siente de esa forma, ‘estos hallazgos sugieren’, concluye el estudio, ‘que el estigma asociado con tener sobrepeso es más dañino que el sobrepeso en sí mismo’.

 

Y de forma cruel, uno de los efectos de la estigmatización por el peso es hacer a las personas comer más. La hormona cortisol, liberada por el estrés, incrementa el apetito, reduce el interés en hacer ejercicio e incluso mejora el sabor de la comida.

 

Niños tan pequeños como los 3 años describen a sus compañeros con más peso con palabras como ‘malvado’, ‘estúpido’ y ‘flojo’. Y a pesar de ser la razón número uno por la cual los niños sufren bullying, las instituciones de salud pública en los Estados Unidos continúan siguiendo políticas diseñadas perfectamente para acrecentar la crueldad. En campañas por televisión y espectaculares se continúa el uso de slogans como ‘mucho tiempo de pantalla, mucho niño’ y ‘ser gordo le quita la diversión a ser niño’.

 

Los efectos del sesgo por peso son aún peores cuando se unen a otros tipos de discriminación. Un estudio de 2012 mostró que las mujeres Afroamericanas son más propensas a la depresión que las mujeres blancas al interiorizar el sesgo por el sobrepeso. Las adolescentes hispanas y de raza negra también tienen tasas significativamente mayores de bulimia.

 

Quizá el aspecto más único del estigma por sobrepeso es cómo aísla a sus víctimas entre si. Para la mayoría de los grupos minoritarios, la discriminación contribuye a un sentido de pertenencia, una comunidad en oposición a una mayoría. A las personas homosexuales les gustan otras personas homosexuales, lo mismo para los grupos religiosos minoritarios. En las encuestas a personas con sobrepeso se revela que ellos también poseen los mismos sesgos que las personas que los discriminan. En un estudio de 2005, las palabras que los participantes obesos utilizaron para clasificar a otras personas obesas incluyeron glotones, sucios y lentos.

 

Desde 1980, la tasa de obesidad se ha duplicado en 73 países y se ha incrementado en otros 113. Y en todo ese tiempo, ninguna nación ha reducido su tasa de obesidad. Ninguna.

 

El problema es que en los Estados Unidos -y en México- las instituciones de salud pública se han obsesionado tanto con el peso corporal que no han prestado atención a lo que realmente nos está matando, nuestra fuente de alimentos. La dieta es la principal causa de muerte en los Estados Unidos, responsable de más de cinco veces las muertes por armas de fuego y accidentes de auto combinadas. Pero no es qué tanto están comiendo los estadounidenses, de hecho en la actualidad están consumiendo menos calorías que en 2003. Es qué están comiendo.

 

Durante más de una década, los investigadores han encontrado que la calidad de los alimentos afecta a la presentación de la enfermedad de forma independiente a su efecto en el peso. Por ejemplo, la fructosa parece dañar la sensibilidad a la insulina y el funcionamiento del hígado más que otros endulzantes que poseen el mismo número de calorías. La gente que consume nueces cuatro veces a la semana tiene 12% menos incidencia de diabetes y 13% menos mortalidad sin importar cuál es su peso. Todos nuestros sistemas biológicos para regular la energía, el hambre y la saciedad son descarrilados al comer alimentos ricos en azúcar, bajos en fibra e inyectados con aditivos. Y que hoy día representan el 60% de las calorías que comemos.

 

Pero quitar estos venenos de los sistemas alimentarios no ocurrirá de forma fácil o rápida, cada paso del proceso, desde las granjas hasta los desayunos escolares están dominadas por una compañía como Mars, Monsanto o McDonald’s -o sus equivalentes-, cada uno de ellos trabajando incesantemente para bajar sus costos y elevar sus ganancias. Sin embargo, esto no significa que debemos darnos por vencidos. Hay mucho que se puede hacer para mejorar las vidas de las personas obesas, para cambiar el enfoque por primera vez del peso a la salud y de la vergüenza al apoyo.

 

Reconocer la complejidad infinita de la relación que tiene cada persona con la comida, el ejercicio y su imagen corporal debe estar en el centro de su tratamiento, no como una nota al pie de este. Los beneficios médicos de este enfoque -ser más amable con sus pacientes de lo que ellos mismos son consigo mismos-. Un panel de expertos de la Fuerza de Trabajo para los Servicios Preventivos de los Estados Unidos encontró que el factor decisivo en la atención a la obesidad no era la dieta de los pacientes, sino cuánta atención y apoyo recibían mientras la seguían. Los participantes que tuvieron 12 sesiones con un dietista vieron reducciones significativas en sus tasas de prediabetes y riesgo cardiovascular, aquellos que tuvieron una atención menos personalizada prácticamente no mostraron ninguna mejora.

 

La política alimentaria en muchos países ha creado un sistema que es excelente para la producción de harina, azúcar y aceites vegetales, pero que falla en entregar nutrientes en la misma medida. En los Estados Unidos sólo el 4% de los subsidios en agricultura se destinan a las frutas y vegetales, no es de extrañar que las comidas más saludables puedan costar hasta ocho veces más, caloría por caloría, que las menos saludables, o que esa brecha crezca año con año.

 

Lo mismo ocurre con el ejercicio. Los riesgos cardiovasculares del sedentarismo, crecimiento hacia los suburbios y largos desplazamientos diarios están bien documentados. Pero en lugar de mitigar estos riesgos -y su impacto desproporcionado en los pobres- las instituciones los han exacerbado. Únicamente el 13% de los niños en Estados Unidos caminan o van en bicicleta a la escuela; una vez ahí, menos de un tercio de ellos participarán en una clase de deportes diaria. Entre los adultos, el número de trabajadores cuyo recorrido al trabajo es mayor de 90 minutos de ida y otro tanto de vuelta ha crecido en más del 15% desde 2005 hasta 2016, un resultado predecible a partir de la baja inversión en ese país en el sistema de transporte público y la sobre inversión en autopistas, estacionamientos y centros comerciales. Por más de 40 años, mientras los políticos han dicho que se coman más vegetales y se tomen las escaleras en lugar del elevador, han presidido un país en el cual el ejercicio diario se ha convertido en un lujo y comer adecuadamente una extorsión.

 

Las buenas noticias son que muchas ideas para revertir estás tendencias ya han sido probadas. Muchas intervenciones ‘fallidas’ contra la obesidad son, de hecho, exitosas intervenciones para comer más sano y hacer más ejercicio. Una revisión de 44 estudios internacionales encontró que los programas de actividades escolares no afectaron el peso de los niños, pero mejoraron su habilidad atlética, triplicaron el tiempo que dedicaban a ejercitarse y redujeron su tiempo diario frente a la televisión en hasta una hora. Otro estudio mostró que dos años de hacer que los niños se ejerciten y coman mejor no afectó de forma notable su peso, pero sí mejoró sus calificaciones en matemáticas, y el efecto fue mayor en los niños de raza negra que en los blancos.

 

Las intervenciones más efectivas no son realmente intervenciones sanitarias, son políticas que reducen las dificultades de la pobreza y liberan tiempo para el movimiento, juego y convivencia familiar. Un programa piloto que daba 30 centavos extra por cada dólar que se gastara en alimentos saludables a las personas que recibían estampillas de alimentos, incrementó el consumo de frutas y vegetales en 26%. Este tipo de políticas seguramente no afectarán el peso de las personas. Sin embargo, seguramente mejorarán significativamente la salud.

 

‘Es necesario también que las personas con sobrepeso y obesidad se empoderen, en un mundo que se rehúsa a cambiar, depende de que cada persona, por si misma, decida cómo salir adelante. No existe una cura mágica, no hay una máquina del tiempo, hay únicamente el acto revolucionario de ser gordo y feliz en un mundo que te dice que eso es imposible’.

 

‘Tenemos que hacer lo mejor que podamos con el cuerpo que tenemos’, ‘y no meterse con nadie más’.

 

Creo que es un artículo bastante largo, pero extremadamente preciso, profundo y con una visión completamente distinta a las creencias que hemos interiorizado y nos han enseñado sobre la obesidad, su atención y cómo resolver el problema de salud derivado de ella. Definitivamente me ha cambiado la forma de entender la obesidad y a los pacientes con sobrepeso y modificará la atención médica que yo brinde a los pacientes con sobrepeso y obesidad en el futuro.

Sobre la obesidad

4 de noviembre de 2019

 

La obesidad es un estado ocasionado por un exceso en la ingesta de nutrientes, definitivamente multifactorial, sin embargo eso es simplificar el asunto.

Aunque la obesidad ha sido parte de la historia de la humanidad -basta con ver los registros históricos más antiguos, sean chinos, egipcios, griegos o romanos- y en muchas ocasiones era asociada con \»buena salud\», como el caso de las abuelas de muchos de nosotros sobrealimentando a los bebés para que estuvieran \»sanos y gorditos\», creo que esto se asociaba a entornos de escasez, cuando había hambrunas, guerras o pocos recursos, el estar gordo era un indicador de bienestar económico y poder y por lo tanto mejor salud; en fin, aunque ha estado con nosotros desde que el inicio de los tiempos, es en los últimos 50 años que está haciendo realmente estragos en el mundo, tanto el los países desarrollados como en los pobres; proporcionalmente -y también de forma directa- nunca había habido tanta obesidad en el mundo, la obesidad mundial se ha triplicado desde 1975 según la OMS: Obesity and overweight.

Y esto obedece a que en general nos han engañado, a todos. Allá por los 1950\’s un nutriólogo/fisiólogo, Ancel Keys, concretó -basado en la información disponible en el momento- la teoría de que la ingesta de grasas era la causa de la enfermedad coronaria y muertes prematuras por enfermedades prevenibles, y para demostrarlo lideró el estudio de los siete países Ancel Keys – Seven Countries Study | The first study to relate diet with cardiovascular disease., el cual concluyó que el mayor villano en la historia humana era el consumo de grasas saturadas; el estudio ha sido ampliamente desacreditado -aún hoy continúa el debate sobre si estuvo sesgado de forma premeditada o no The sugar conspiracy | Ian Leslie-, lo que sí se sabe de cierto, es que la industria del azúcar ha estado detrás de muchos estudios en contra de las grasas que minimizan el efecto que tiene el consumo de azúcar refinada en el cuerpo humano How the Sugar Industry Shifted Blame to Fat.

El resultado de todo esto, impulsado ampliamente por Keys de forma directa e indirecta -incluso haciendo bullying franco a todo aquel que tratase de discutir sus hallazgos-, siendo el mejor ejemplo lo que hizo con Yudkin Pure, White and Deadly – Wikipedia, fue la creación e imposición mundial de la Pirámide alimenticia:

En la cual nos enseñan que la base de la dieta -la base de la pirámide- son los cereales, pan, arroz y pastas…, vaya, toda la publicidad nos hace comprar cajas y cajas de cereales -zucaritas y demás variantes- para que los niños desayunen y cenen \»sanamente\», el problema es que todo esto cae dentro del rubro carbohidratos; en general, TODO lo que comemos se va a transformar en tres cosas básicas: carbohidratos, grasas y proteínas, y claro algunos otros micronutrientes esenciales y no esenciales, pero ese es otro tema, la pirámide dice que del total de alimentos que consumimos diariamente, entre el 55 y el 75% debe estar compuesto por carbohidratos ¡¡!!

Entonces, contrario a lo que hizo el ser humano durante la inmensa mayoría de su evolución –el ser humano existe desde hace poco más de 600 a 300 mil años, aunque el género Homo data de hace unos 2.5 millones de años-, es decir, si consideramos a la prehistoria como todo lo que ocurrió hasta más o menos 4,000 años a.C., tenemos como \»actual\» al período de más o menos 6,000 años que llevamos como \»civilizaciones\» organizadas y con registros históricos, tenemos que ese período -actual- comprende sólo el 2% de la historia humana, y eso es considerando el menor estimado -300,000 años-; y de forma súper incrementada en los últimos 50–100 años, cambiamos de un patrón de alimentación basado en proteínas animales, incluidas sus grasas saturadas, bayas y frutos de temporada a la alimentación basada en cereales y granos derivados de la agricultura establecida -principalmente trigo, maíz y arroz- y eso nos ha estado generando muchos problemas, porque estamos diseñados -quiero decir, evolucionados- para trabajar con energía derivada de la grasa y mínimamente de los carbohidratos y ahora estamos haciéndolo justo al revés; ¡hasta ese momento la ingesta de carbohidratos era más o menos del 5%!

Y de aquí parte el enorme debate de las dietas keto, paleo, etc. al que no quiero entrar -aunque personalmente estoy de acuerdo, yo sigo una dieta cetogénica-, debido a que tienen consideraciones importantes por el uso del suelo y la crueldad animal; recomiendo encarecidamente ver: The Magic Pill (2017) – IMDb, está disponible en Netflix.

Pero en general, el punto al que quiero llegar es que, es por esta desinformación generada por la industria del azúcar, por el trabajo de Ancel Keys y sus sucesores y por el enorme gasto en publicidad y financiamiento de estudios \»a modo\» de Coca-cola, Nestlé, y demás; hemos sido ignorantes y creemos que estamos comiendo bien y cumpliendo con las metas y normas ideales de alimentación mientras los índices de obesidad, sobrepeso, síndrome metabólico, diabetes, enfermedades cardiovasculares y cáncer no hacen más que aumentar.

Creo que no tiene que ver exactamente con la pobreza, sino con la ignorancia, pero no la ignorancia clásica de no ir a la escuela o preferir las telenovelas a un buen libro, sino a la ignorancia causada de forma sistemática y alevosa por las grandes corporaciones que prefieren mantener sus beneficios económicos aún a costa de la salud y vida de sus consumidores.

¿Ser un médico ateo contradice el juramento hipocrático?

6 de noviembre de 2019

Si nos basamos en el texto original del juramento hipocrático:


Juro por Apolo médico, por Asclepio, Higía y Panacea, por todos los dioses y todas las diosas, tomándolos como testigos, cumplir fielmente, según mi leal saber y entender, este juramento y compromiso:

Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos y a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos y que han prestado juramento, según costumbre, pero a nadie más.

En cuanto pueda y sepa, usaré las reglas dietéticas en provecho de los enfermos y apartaré de ellos todo daño e injusticia.

Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo; tampoco administraré abortivo a mujer alguna. Por el contrario, viviré y practicaré mi arte de forma santa y pura.

No tallaré cálculos sino que dejaré esto a los cirujanos especialistas.

En cualquier casa que entre, lo haré para bien de los enfermos, apartándome de toda injusticia voluntaria y de toda corrupción, principalmente de toda relación vergonzosa con mujeres y muchachos, ya sean libres o esclavos.

Todo lo que vea y oiga en el ejercicio de mi profesión, y todo lo que supiere acerca de la vida de alguien, si es cosa que no debe ser divulgada, lo callaré y lo guardaré con secreto inviolable.

Si el juramento cumpliere íntegro, viva yo feliz y recoja los frutos de mi arte y sea honrado por todos los hombres y por la más remota posterioridad. Pero si soy transgresor y perjuro, avéngame lo contrario.\»

Y si eres ateo, pues sí, lo contradices, dado que si realmente quieres expresar lo que dices al repetirlo en esta versión original, pues estarías asumiendo que profesas la religión Helenística, la cual era politeista y estaba basada en la mitología griega.

Ahora, si eres practicante de alguna otra religión, como el catolicismo, cristianismo, islamismo, judaísmo, hinduismo, sijismo u otra; pues estarías aún más traicionando a tu religión al jurar por Apolo, Asclepio, Higía y Panacea, ¿no crees? Al menos un ateo no tendría luego que ir a explicar a su(s) dios(es) por qué anda jurando a nombre de otros dioses.

Ahora ya en serio, para evitar cualquier tipo de tergiversación por una mala comprensión religiosa y para ceñir, como creo que debería ser, la práctica médica al bien de la humanidad sin distinción de credos, géneros, edades, etnia, política, etc. se realizó en 1948 la Declaración de Ginebra, adoptada por la Asociación Médica Mundial y revisada en numerosas ocasiones (1968, 1983, 1994, 2005, 2006 y 2017) la cual viene a sustituir al clásico juramento…, ésta es la versión de 2017:

\»COMO MIEMBRO DE LA PROFESIÓN MÉDICA:

PROMETO SOLEMNEMENTE dedicar mi vida al servicio de la humanidad;

VELAR ante todo por la salud y el bienestar de mis pacientes;

RESPETAR la autonomía y la dignidad de mis pacientes;

VELAR con el máximo respeto por la vida humana;

NO PERMITIR que consideraciones de edad, enfermedad o incapacidad, credo, origen étnico, sexo, nacionalidad, afiliación política, raza, orientación sexual, clase social o cualquier otro factor se interpongan entre mis deberes y mis pacientes;

GUARDAR Y RESPETAR los secretos que se me hayan confiado, incluso después del fallecimiento de mis pacientes;

EJERCER mi profesión con conciencia y dignidad, conforme a la buena práctica médica;

PROMOVER el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica;

OTORGAR a mis maestros, colegas y estudiantes el respeto y la gratitud que merecen;

COMPARTIR mis conocimientos médicos en beneficio del paciente y del avance de la salud;

CUIDAR mi propia salud, bienestar y capacidades para prestar una atención médica del más alto nivel;

NO EMPLEAR mis conocimientos médicos para violar los derechos humanos y las libertades ciudadanas, ni siquiera bajo amenaza;

HAGO ESTA PROMESA solemne y libremente, empeñando mi palabra de honor.\»


Realmente me parece una mejora y un texto muy adecuado y certero para quienes nos dedicamos a la práctica médica, ¿no?

¿Es la medicina homeopática mejor que la medicina científica -basada en evidencia- contemporánea?

15 de noviembre de 2019

 

No.

No solo no es mejor que la medicina contemporánea basada en evidencia, no sirve, para nada. Simplemente no puede servir, su planteamiento básico es un sinsentido; en palabras del gran James Randi:

La homeopatía es el equivalente a tomar algo potencialmente benéfico, como una aspirina de 300 mg, y arrojarla en el lago Tikal, agitarlo con una gran vara y después dejarlo por dos años hasta que esté homogeneizado y después beber el agua del lago como remedio para el dolor de cabeza\».

Suena loco, ¿no? ese es exactamente el principio de la homeopatía.

Para empezar, mucha gente confunde los tratamientos herbolarios e indígenas ancestrales (que también tienen muchísimos problemas, no por su efectividad pues al final las medicinas farmacéuticas están -casi todas- basadas en principios botánicos, fúngicos y químicos que utilizan algunos de los remedios tradicionales; el problema son las dosis, la pureza y concentración y la contaminación de los remedios herbolarios, pero ese es otro tema) con la homeopatía, y son absoluta y totalmente diferentes.

La homeopatía no tiene absolutamente nada que ver con la herbolaria y la medicina tradicional, es un un sistema de medicina alternativa pseudocientífica creada en 1796 por Samuel Hahnemann quien afirmó que \»like cures like\», algo así como \»lo similar se cura con lo similar\», su principio básico era que \»la dilución incrementa la potencia\» y que \»la enfermedad es causada por miasmas\» –Homeopathy – Wikipedia.

Hahnemann creo el \»centesimal\» o \»la escala C\», diluir una sustancia por un factor de 100 en cada etapa; una dilución 2C requiere que una sustancia sea diluida a 1 en 100, y luego que una porción de esa dilución sea diluida nuevamente a 1 en 100; un tratamiento homeopático popular para la influenza es una dilución 200C de hígado de pato, que se vende bajo el nombre Oscillococcinum. Como existen 10E80 átomos en la totalidad del universo observable, una dilución de una molécula en el universo observable sería de 40C. ¡Oscillococcinum requeriría entonces 10E320 universos adicionales para que tuviera simplemente una molécula en la sustancia final!

Traduzco de la página Homeopathy Is Not An Effective Treatment For Any Health Condition, Australian Government Declares:

Los remedios que los practicantes de la homeopatía mezclan de plantas y tejidos animales no funcionan para tratar ninguna condición médica, dice la principal agencia de salud en Australia. Tales tratamientos no han probado efectividad para ninguno de los 61 problemas de salud que la agencia evaluó en a large review publicada recientemente.

El Consejo Australiano de Salud Nacional e Investigación Médica examinó 176 estudios –examined 176 studies de tratamientos homeopáticos para 61 condiciones médicas incluyendo asma, ansiedad, dolores de cabeza, artritis, úlceras y verrugas. La agencia halló que aproximadamente la mitad de los tratamientos no eran más efectivos que los placebos –sustancia o procedimiento que carece de una actividad específica objetiva contra la enfermedad o contra la condición en la que se emplea-, y determinó que los estudios de la otra mitad no eran lo suficientemente robustos para determinar si los tratamientos funcionaban. La agencia concluyó que la homeopatía no debe ser considerada como un tratamiento efectivo para ninguna condición.

A pesar de que es difícil obtener estimados precisos del mercado para la homeopatía, datos de la Organización Mundial de la Salud indican que es probablemente una industria que vale más de un billón de dólares anuales. Francia y Alemania lideraron el mundo en gasto en tratamientos homeopáticos en 2007 entregando más de $408 millones y $346 millones –de dólares-, respectivamente.

Aunque la agencia de salud Australiana no evaluó el peligro potencial de los tratamientos, los oficiales sí advierten a los pacientes sobre depender únicamente en estos métodos. \’La gente que escoge a la homeopatía puede estar poniendo en riesgo su salud si rechazan o retrasan tratamientos para los que existe buena evidencia de seguridad y efectividad\’, afirmó el reporte.

Así como este extracto existen muchísimos otros datos que demuestran que la homeopatía no es más que un elaborado engaño que ha costado muchas vidas y miles de millones de dólares a la gente enferma que busca una esperanza para curarse, sin importar la evidencia o la razón; te recomiendo hacer una búsqueda en google sobre el movimiento de escepticismo científico y sus mayores exponentes –List of scientific skeptics – Wikipedia para darte una primera impresión de por qué los médicos practicamos la \»medicina basada en evidencia\» y la importancia de ello para la salud de los enfermos a los que atendemos. 

¿La diabetes tipo 2 puede entrar en remisión?

Actualizado en septiembre de 2026.

Respuesta breve: sí, algunas personas con diabetes tipo 2 pueden alcanzar una remisión. Eso significa mantener la glucosa por debajo del umbral diagnóstico de diabetes sin utilizar medicamentos para reducirla durante un periodo determinado. No significa que la enfermedad haya desaparecido para siempre ni que todas las personas puedan conseguirlo.

Remisión no es lo mismo que curación

La palabra “cura” sugiere que el problema terminó y no volverá. En la diabetes tipo 2 eso sería engañoso, porque la glucosa puede elevarse nuevamente con el tiempo.

Un consenso internacional propuso hablar de remisión cuando la hemoglobina glucosilada —HbA1c— permanece por debajo de 6.5% durante al menos tres meses sin los medicamentos que normalmente se utilizan para bajar la glucosa. Si la HbA1c no es una medición confiable, el equipo de salud puede utilizar criterios alternativos.

Incluso durante la remisión deben continuar las revisiones. Se recomienda comprobar la glucosa al menos una vez al año y mantener la vigilancia de ojos, riñones, presión arterial, colesterol, pies y otros riesgos asociados con la diabetes. Haber alcanzado una cifra normal no borra de inmediato los efectos de los años anteriores.

¿Cómo puede alcanzarse?

La remisión se relaciona sobre todo con una reducción importante y sostenida del exceso de peso en las personas para quienes este factor participa en la enfermedad. Puede lograrse mediante programas estructurados de alimentación y actividad física, tratamiento farmacológico de la obesidad o cirugía metabólica, dependiendo de las características, necesidades y preferencias de cada persona.

Las recomendaciones de la American Diabetes Association de 2026 señalan que una pérdida sostenida superior al 10% del peso inicial suele producir beneficios mayores y puede favorecer la remisión. Esto no significa que exista una dieta única ni que perder peso deba intentarse sin supervisión. El tratamiento debe individualizarse y considerar nutrición, medicamentos, salud mental, condiciones sociales y riesgo cardiovascular.

El estudio DiRECT mostró tanto el potencial como la dificultad de mantener la remisión. Sus participantes tenían diabetes tipo 2 de menos de seis años de evolución, no utilizaban insulina y siguieron un programa intensivo de pérdida de peso. A los dos años, 36% estaba en remisión. A los cinco años, 13% de quienes continuaron en la extensión del programa permanecía en remisión; entre quienes habían alcanzado la remisión a los dos años, aproximadamente una cuarta parte la conservaba al quinto año.

La cirugía metabólica también puede producir remisiones más frecuentes y duraderas en personas seleccionadas, pero implica riesgos, seguimiento nutricional permanente y una valoración especializada. No es una solución adecuada para todas las personas.

¿Quién tiene más posibilidades?

En general, la remisión es más probable cuando la diabetes tipo 2 tiene menos tiempo de evolución, el páncreas conserva una mayor capacidad para producir insulina y se consigue mantener una reducción suficiente del exceso de peso. Aun así, no existe una garantía individual.

No alcanzar la remisión tampoco significa que el tratamiento haya fracasado. Mejorar la HbA1c, la presión arterial, el colesterol, la condición física, la alimentación o el bienestar puede reducir riesgos importantes aunque todavía se necesiten medicamentos.

No suspendas medicamentos por tu cuenta

Una persona no debe dejar metformina, insulina ni ningún otro tratamiento para comprobar si “ya se curó”. La reducción o suspensión de medicamentos requiere seguimiento clínico y mediciones programadas. Además, algunos fármacos pueden seguir siendo útiles por razones distintas del control de la glucosa, como la protección cardiovascular, renal o el manejo del peso.

Los programas intensivos de pérdida de peso también pueden requerir ajustes rápidos de medicamentos para evitar hipoglucemia, deshidratación u otras complicaciones. Deben realizarse con acompañamiento profesional.

¿Y la diabetes tipo 1?

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune en la que el organismo destruye las células que producen insulina. Actualmente requiere tratamiento con insulina. Los trasplantes de islotes o de páncreas pueden ayudar a casos muy seleccionados, pero no se consideran una cura y obligan a utilizar medicamentos inmunosupresores.

La idea más importante

La diabetes tipo 2 puede entrar en remisión, especialmente cuando se interviene de manera temprana y se logra una pérdida de peso suficiente y sostenible. Pero remisión no significa curación, puede haber recaídas y el seguimiento médico debe continuar.

La mejor meta no siempre será dejar todos los medicamentos. La meta es reducir riesgos y vivir mejor mediante un tratamiento seguro, realista y adaptado a cada persona.

Aviso: este texto ofrece información general y no sustituye una valoración médica individual. No modifiques tu tratamiento sin hablar con tu equipo de salud.

Referencias principales

  1. Riddle MC, et al. Definition and Interpretation of Remission in Type 2 Diabetes. Diabetes Care. 2021;44:2438–2444. doi:10.2337/dci21-0034.
  2. American Diabetes Association Professional Practice Committee. Obesity and Weight Management for the Prevention and Treatment of Diabetes: Standards of Care in Diabetes—2026. Diabetes Care. 2026;49(Suppl 1):S166–S190. doi:10.2337/dc26-S008.
  3. Lean MEJ, et al. 5-year follow-up of the Diabetes Remission Clinical Trial (DiRECT). Lancet Diabetes Endocrinol. 2024;12:233–246. doi:10.1016/S2213-8587(23)00385-6.
  4. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. Type 1 Diabetes. Revisión de febrero de 2025.