¿La diabetes tipo 2 puede entrar en remisión?

Actualizado en septiembre de 2026.

Respuesta breve: sí, algunas personas con diabetes tipo 2 pueden alcanzar una remisión. Eso significa mantener la glucosa por debajo del umbral diagnóstico de diabetes sin utilizar medicamentos para reducirla durante un periodo determinado. No significa que la enfermedad haya desaparecido para siempre ni que todas las personas puedan conseguirlo.

Remisión no es lo mismo que curación

La palabra “cura” sugiere que el problema terminó y no volverá. En la diabetes tipo 2 eso sería engañoso, porque la glucosa puede elevarse nuevamente con el tiempo.

Un consenso internacional propuso hablar de remisión cuando la hemoglobina glucosilada —HbA1c— permanece por debajo de 6.5% durante al menos tres meses sin los medicamentos que normalmente se utilizan para bajar la glucosa. Si la HbA1c no es una medición confiable, el equipo de salud puede utilizar criterios alternativos.

Incluso durante la remisión deben continuar las revisiones. Se recomienda comprobar la glucosa al menos una vez al año y mantener la vigilancia de ojos, riñones, presión arterial, colesterol, pies y otros riesgos asociados con la diabetes. Haber alcanzado una cifra normal no borra de inmediato los efectos de los años anteriores.

¿Cómo puede alcanzarse?

La remisión se relaciona sobre todo con una reducción importante y sostenida del exceso de peso en las personas para quienes este factor participa en la enfermedad. Puede lograrse mediante programas estructurados de alimentación y actividad física, tratamiento farmacológico de la obesidad o cirugía metabólica, dependiendo de las características, necesidades y preferencias de cada persona.

Las recomendaciones de la American Diabetes Association de 2026 señalan que una pérdida sostenida superior al 10% del peso inicial suele producir beneficios mayores y puede favorecer la remisión. Esto no significa que exista una dieta única ni que perder peso deba intentarse sin supervisión. El tratamiento debe individualizarse y considerar nutrición, medicamentos, salud mental, condiciones sociales y riesgo cardiovascular.

El estudio DiRECT mostró tanto el potencial como la dificultad de mantener la remisión. Sus participantes tenían diabetes tipo 2 de menos de seis años de evolución, no utilizaban insulina y siguieron un programa intensivo de pérdida de peso. A los dos años, 36% estaba en remisión. A los cinco años, 13% de quienes continuaron en la extensión del programa permanecía en remisión; entre quienes habían alcanzado la remisión a los dos años, aproximadamente una cuarta parte la conservaba al quinto año.

La cirugía metabólica también puede producir remisiones más frecuentes y duraderas en personas seleccionadas, pero implica riesgos, seguimiento nutricional permanente y una valoración especializada. No es una solución adecuada para todas las personas.

¿Quién tiene más posibilidades?

En general, la remisión es más probable cuando la diabetes tipo 2 tiene menos tiempo de evolución, el páncreas conserva una mayor capacidad para producir insulina y se consigue mantener una reducción suficiente del exceso de peso. Aun así, no existe una garantía individual.

No alcanzar la remisión tampoco significa que el tratamiento haya fracasado. Mejorar la HbA1c, la presión arterial, el colesterol, la condición física, la alimentación o el bienestar puede reducir riesgos importantes aunque todavía se necesiten medicamentos.

No suspendas medicamentos por tu cuenta

Una persona no debe dejar metformina, insulina ni ningún otro tratamiento para comprobar si “ya se curó”. La reducción o suspensión de medicamentos requiere seguimiento clínico y mediciones programadas. Además, algunos fármacos pueden seguir siendo útiles por razones distintas del control de la glucosa, como la protección cardiovascular, renal o el manejo del peso.

Los programas intensivos de pérdida de peso también pueden requerir ajustes rápidos de medicamentos para evitar hipoglucemia, deshidratación u otras complicaciones. Deben realizarse con acompañamiento profesional.

¿Y la diabetes tipo 1?

La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune en la que el organismo destruye las células que producen insulina. Actualmente requiere tratamiento con insulina. Los trasplantes de islotes o de páncreas pueden ayudar a casos muy seleccionados, pero no se consideran una cura y obligan a utilizar medicamentos inmunosupresores.

La idea más importante

La diabetes tipo 2 puede entrar en remisión, especialmente cuando se interviene de manera temprana y se logra una pérdida de peso suficiente y sostenible. Pero remisión no significa curación, puede haber recaídas y el seguimiento médico debe continuar.

La mejor meta no siempre será dejar todos los medicamentos. La meta es reducir riesgos y vivir mejor mediante un tratamiento seguro, realista y adaptado a cada persona.

Aviso: este texto ofrece información general y no sustituye una valoración médica individual. No modifiques tu tratamiento sin hablar con tu equipo de salud.

Referencias principales

  1. Riddle MC, et al. Definition and Interpretation of Remission in Type 2 Diabetes. Diabetes Care. 2021;44:2438–2444. doi:10.2337/dci21-0034.
  2. American Diabetes Association Professional Practice Committee. Obesity and Weight Management for the Prevention and Treatment of Diabetes: Standards of Care in Diabetes—2026. Diabetes Care. 2026;49(Suppl 1):S166–S190. doi:10.2337/dc26-S008.
  3. Lean MEJ, et al. 5-year follow-up of the Diabetes Remission Clinical Trial (DiRECT). Lancet Diabetes Endocrinol. 2024;12:233–246. doi:10.1016/S2213-8587(23)00385-6.
  4. National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases. Type 1 Diabetes. Revisión de febrero de 2025.

Sobre el retorno a las actividades de forma segura

Viernes 30 de abril de 2021

El Covid llegó para quedarse, eso es un hecho, aunque aún no sabemos si se comportará como la influenza estacional y si será necesario vacunarnos anualmente, tendremos que aprender a vivir con el.

Y la vida tiene que seguir, el comercio y la economía mundial dependen de que las actividades humanas no se detengan, aunque sería una maravillosa utopía para el planeta que los humanos redujésemos nuestra incesante actividad -les recomiendo encarecidamente que vean el documental “The Year Earth Changed” en Apple TV+, narrado por David Attenborough, es fantástico-, la realidad es que nuestros empleos y estilo de vida dependen de que las actividades y labores por las que somos remunerados no se detengan. También las clases reiniciarán de forma presencial en cada vez más sitios.

Entonces, ¿cómo debemos protegernos y a nuestros hijos durante el reinicio de las actividades laborales y escolares?

Para responder esto primero debemos tener claro cómo es que el Covid se transmite. El virus que lo ocasiona se disemina de persona a persona cuando un individuo infectado está en contacto cercano con otro(s). Este virus puede expulsarse desde la boca o nariz de alguien infectado en forma de partículas líquidas cuando tose, estornuda, habla, canta o respira. Las partículas pueden tener distintos tamaños, desde las “gotas respiratorias” consideradas grandes, hasta los diminutos “aerosoles”. Las primeras son consideradas grandes porque su peso hace que caigan al suelo después de ser expulsadas, por lo que rara vez pueden llegar más allá de un metro o metro y medio de distancia. Los aerosoles, por el contrario, son tan pequeños que permanecen suspendidos en el aire ambiental y pueden ser arrastrados por la corriente de aire hasta varios metros más allá desde donde fueron exhalados, y en ambientes cerrados llegar a todos los rincones del área -piensen en un cuarto sin ventilación-.

Entonces las personas contraen la infección cuando el virus llega a su boca, nariz u ojos, lo cual puede ocurrir más fácilmente cuando las personas están en contacto estrecho -menos de un metro y medio de separación- con una persona infectada. La evidencia actual indica que la forma principal en la que el virus se disemina es por las gotas respiratorias entre personas que mantienen un contacto estrecho.

La transmisión por aerosoles también es importante, especialmente en algunas situaciones específicas, como cualquier espacio con muchas personas que esté inadecuadamente ventilado en donde alguien infectado puede pasar mucho tiempo con otras personas, como salones escolares, restaurantes, cines, gimnasios, clubes y discotecas, oficinas, templos, etc.

Y aunque se considera que el virus también podría esparcirse después de que una persona estornudó, tosió o habló cerca de una superficie, y posteriormente otra persona tocó dicha superficie contaminándose con partículas virales y luego tocando sus ojos, mucosa nasal o boca, la realidad es que hasta hoy no existe evidencia de que este modo de transmisión haya ocurrido con el Covid. 

Ok, ahora que sabemos cómo se transmite esta enfermedad, ¿qué tengo que hacer para evitarla? 

Bueno, esto es lo importante de todo este rollo.

Primero, es indispensable tomar en cuenta cuál es el nivel de transmisión comunitaria, si está ocurriendo un brote con incremento de casos en la comunidad, no deberíamos de retomar las actividades, punto. Si por el contrario, sigue habiendo casos pero la tendencia se mantiene o incluso va a la baja, podríamos pensar en prepararnos adecuadamente y reiniciar algunas de las actividades indispensables.

Los CDC de Estados Unidos proponen cinco estrategias para prevenir la transmisión en las escuelas, que son útiles para todos los contextos:

  1. Uso universal y correcto de mascarillas -eso quiere decir que TODOS, incluso los ya vacunados o a quienes ya les dio la enfermedad, deben utilizar de forma permanente y adecuada una mascarilla KN95 o cubrebocas quirúrgico tricapa, de preferencia doble cubrebocas, mientras se encuentren en espacios cerrados y/o en contacto estrecho con otras personas-.
  2. Distanciamiento físico -permanecer al menos a 1.5 metros de distancia de los demás es el mejor método para evitar la diseminación del Covid-.
  3. Lavado de manos y etiqueta respiratoria -aunque el lavado de manos en sí no va a prevenir que respires al virus, sí ayuda a mantener al virus y sus partículas fuera de tu cuerpo y muy especialmente mucosas, y tiene el beneficio adicional de protegerte de una cantidad inmensa de otros gérmenes patógenos como bacterias, hongos, parásitos y otros virus; la etiqueta respiratoria en fundamental, me ha tocado ver personas que para estornudar se quitan el cubrebocas, ¡esto cancela totalmente el efecto del mismo para evitar la dispersión de gotas y aerosoles!-.
  4. Mantener las instalaciones limpias y funcionales -estoy de acuerdo, aunque en realidad la limpieza en si no es una forma de evitar el contagio, sí ayuda a prevenir otras enfermedades, además el eliminar muebles y equipamiento no esencial permite a la escuela u oficina mantener un adecuado distanciamiento de al menos 1.5 metros entre los individuos-.
  5. Seguimiento de contactos en combinación con aislamiento y cuarentena -esto es indispensable, si un estudiante o compañero de trabajo es positivo, deberá hacerse una prueba de detección a todos aquellos que hayan estado en contacto con él, y evitar que acudan al centro todos los contactos además del enfermo hasta contar con una prueba negativa; también ayuda mucho trabajar en forma de cohortes, es decir, que las personas no se mezclen entre sí, por ejemplo, si se trata de un grupo escolar, que no convivan con los demás grupos, en caso de haber un enfermo, esto reducirá las posibilidades de contagio de los demás grupos.

Yo agregaría, y creo es igual de importante:

  • Asegurarse de que existe una correcta circulación del aire al exterior, esto quiere decir que no deben mantenerse salones u oficinas cerradas con aire acondicionado, aunque se trate de un lugar caluroso, debe instalarse un ventilador/extractor cercano a una ventana o conducto que succione constantemente el aire de la habitación al exterior, haciendo que el aire respirado por las personas se renueve constantemente. La mejor herramienta para medir correctamente esto son los medidores de CO2, son asequibles y garantizan que las personas no estén respirando el aire viciado -y potencialmente infeccioso- que ya respiraron los demás. Estos medidores simplemente calculan la cantidad de dióxido de carbono en el ambiente, como los humanos consumimos oxígeno y expulsamos bióxido de carbono, éste es un indicador de cuánto aire ya respirado hay en un espacio determinado, y eso nos indica indirectamente el riesgo de transmisión de agentes infecciosos que se diseminan por esta vía como el SARS-CoV-2, la tuberculosis, influenza, sarampión, virus sincicial respiratorio, y un largo etc.
  • Garantizar un filtro de acceso realmente funcional, los filtros que hemos visto en los cuales un guardia sin ninguna preparación específica o un miembro de la oficina o escuela es “castigado” con la participación en el filtro, no funcionan. Tiene que ser una persona específicamente destinada a ello, aún si hay que contratar a alguien únicamente para el filtro, que sea capaz de valorar la temperatura –tomada correctamente, no en el brazo, cuello, pecho o espalda-, los síntomas como tos, dolor de cabeza o garganta, signos como sudoración, enrojecimiento, conjuntivitis, rash, actitud y marcha, etc. Y con la capacidad de decidir si una persona -alumnos, maestros, trabajadores, director, jefe, o cualquier otro- puede ingresar al inmueble o no. Otra estrategia que puede agregarse a esto es la entrada escalonada para evitar aglomeraciones al ingreso, a una hora llegarán los profesores, luego los alumnos de mayor grado, luego los menores, y así, igual para las oficinas.
  • Tirar a la basura los tapetes y arcos “sanitizantes”. No tienen absolutamente ninguna utilidad para la prevención de esta enfermedad y por el contrario, podrían generar una sensación falsa de “seguridad o sanidad” en las personas que los utilicen, haciendo que relajen las medidas realmente importantes, además de que pueden hacer que las personas se tropiecen con ellos.
  • Otro punto importante es saber que, para que una persona se infecte se requiere de una cantidad determinada de partículas virales, es decir, si respiro entre 10 y 100 virus, lo más probable es que no me vaya a infectar, porque esa cantidad de agentes no será capaz de montar una infestación adecuada que pueda sobrepasar mis defensas naturales. La carga viral es elevada en personas muy sintomáticas -no tanto en los asintomáticos- y en promedio durante los primeros 10 a 12 días de iniciada la infección; se ha visto que incluso las personas que se infectan pueden tener un mejor curso de la enfermedad si ocurrió con una carga pequeña y no con una carga elevada.

Esto quiere decir que uno puede adquirir una carga elevada de una persona muy enferma aunque sea por poco tiempo, o bien por estar mucho tiempo en un ambiente contaminado, por lo cual también hay que limitar el tiempo en los espacios cerrados, saliendo constantemente de la habitación a espacios abiertos y garantizando así que, aunque existan virus en la habitación, la exposición a ellos es la menor posible.

Resumiendo todo lo anterior, lo que tenemos que garantizar para nuestros hijos y nuestros entornos laborales, sin importar el estado vacunal es:

  1. Uso de cubrebocas y mascarillas permanente y correcto.
  2. Distanciamiento entre las personas de al menos 1.5 metros, lo cual se puede lograr cuando hay menos personas en una habitación.
  3. Etiqueta respiratoria estricta.
  4. Ventilación adecuada de las habitaciones.
  5. Minimizar el tiempo en aulas u oficinas cerradas.
  6. Evitar el acceso de personas enfermas o con sospecha de estarlo.
  7. Si ocurre un caso, aislar y dar seguimiento a todos los contactos hasta cumplir 12 días de la exposición.

Creo que, si logramos cumplir con esto, podremos continuar con nuestras actividades sin mayores problemas ni riesgos. ¿Ustedes qué opinan?

Covid. Sobre los adultos vacunados y los niños sin vacuna

Miércoles 28 de abril de 2021

Esta semana leí dos artículos del New York Times, el primero de David Leonhardt y el segundo de Melinda Wenner Moyer, ambos me parecieron fascinantes porque tocan un tema que no hemos discutido de forma adecuada aquí en México: Ahora que los padres y los maestros estén vacunados, ¿qué pasará con los niños?, ¿qué deberíamos hacer con ellos?, ¿enviarlos a clases o no, permitirles ir a fiestas, convivir con gente fuera del hogar, salir de vacaciones? La respuesta no es tan simple como podría parecer.


En primera instancia estarían las personas como Karla y como yo, que de entrada pensamos que no, hasta que ellos no estén vacunados no deberían salir ni exponerse a personas ajenas al entorno que ha sido su cápsula por más de 13 meses, es un riesgo innecesario y listo. Luego tendríamos a quienes piensan de forma opuesta, reconociendo que los chicos se ven afectados por el aislamiento tan prolongado, que su salud mental también es muy importante y finalmente, que su riesgo es muy bajo, si se contagian será casi siempre de forma asintomática y no presentan la enfermedad (Covid) en forma grave.


En los Estados Unidos a estas alturas la vacunación ya está abierta para todo aquel mayor de 16 años que lo desee, e incluso se puede ir a algunas farmacias para comprar la vacuna, mientras tanto en México aún tenemos un panorama de escasez -hasta ayer se habían aplicado un poco más de 16 millones de vacunas para una población de más de 120 millones de habitantes-. Esto ocurre porque no somos un país productor y dependemos de los envíos de las compañías que las fabrican, aún así hay que reconocer que nos ha ido mucho mejor que a casi todo el resto de Latinoamérica y el mundo.


La vacunación inició en nuestro país con el personal de salud de primera línea -aquellos que atienden de forma directa a los pacientes graves que requieren de asistencia respiratoria-, luego se pasó al resto del personal de salud en instituciones públicas y a los adultos de 60 años y más, dejando fuera al personal de instituciones privadas y a quienes trabajan en consultorios particulares -como si estos no atendieran en primera instancia a miles de personas con enfermedad respiratoria, teniendo un riesgo mucho más elevado que el resto de la población para contagiarse con el virus-; y el día de ayer se anunció el inicio de la vacunación de las personas de 50 a 59 años, esperándose que esto avance conforme se vayan completando estos grupos de edad y sigan llegando más vacunas.


La cosa es que los niños, todos aquellos menores de 18 años, serán los últimos en ser vacunados porque se asume que su riesgo es mucho menor; al mismo tiempo el gobierno está planeando reiniciar las clases de forma presencial lo más pronto posible.


Hasta hoy, nadie sabe a ciencia cierta cuándo habrá vacunas disponibles para los niños, las de mRNA (Pfizer/NBiotech y Moderna) han sido aprobadas para su uso en niños de 16 años y más en los Estados Unidos, y un estudio la semana pasada halló que la primera de ellas es segura y muy efectiva en niños de 12 y más, pero aún no sabemos nada sobre los ensayos clínicos y procesos de aprobación en estos grupos de edad en México.


En el caso particular de mi hogar, mi esposa y yo al ser personal de salud ya fuimos vacunados con las dos dosis de la vacuna Pfizer/NBiotech y tenemos la cobertura completa, mientras que nuestros hijos de 16 y 14 años no, esta situación será cada vez más común en México y nos lleva a preguntarnos:


¿Y ahora qué? ¿qué sí y qué no deberíamos hacer?


¿Qué deberían de hacer las familias en esa situación durante el verano y otoño en relación con las clases presenciales?, ¿deberían poder visitar familiares que no han visto en un año y medio, tener reuniones con amigos y celebraciones de cumpleaños, comer en restaurantes o viajar en avión o camión?


No hay respuestas sencillas, a partir de esta situación hay más de un enfoque que parece razonable.


El primero es el que teníamos nosotros hasta antes de leer estos artículos, muchos padres elegirán mantener a sus hijos alejados de situaciones sociales en espacios cerrados hasta que ellos también se encuentren vacunados. Se puede señalar que algunos niños han fallecido por Covid, y varios miles otros han sufrido por una rara condición inflamatoria –síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico-, y es claro que aún hay muchas cosas que desconocemos sobre el Covid, como el efecto de las variantes actuales y futuras en relación con los jóvenes, especialmente aquellos con condiciones subyacentes de salud.


El segundo grupo es el que elegirá ir retomando partes de su vida normal pre-pandemia antes de que sus hijos hayan sido vacunados y curiosamente, estos padres estarán tomando una decisión que al igual que en el caso de la postura “conservadora”, puede argumentarse desde un punto de vista científico.


No hay que perder de vista que la salud de los niños no es únicamente estar libres de Covid, el mantenerlos aislados tiene claros inconvenientes para su desarrollo social y salud mental, especialmente en familias con menores recursos que no permiten a los padres tener trabajo desde el hogar o pagar la atención por cuidadores si tienen que salir a trabajar.


Al final, cualquiera que sea la decisión tendrá que ser la elección -desde el particular punto de vista de cada familia- entre el mal menor y el que se considere como peor en este contexto.


Es importante revisar cuál es el efecto del Covid en los niños, para empezar sabemos que en los adultos ha sido devastador, teniendo una elevada mortalidad en las personas infectadas, en los Estados Unidos ha ocasionado la muerte de 16 veces más personas que la influenza en un año típico, muy especialmente en el grupo de mayores de 65 años, siendo en ellos durante el año pasado la tercera causa de defunción después de la enfermedad cardiaca y el cáncer, incluso en personas en sus 30’s fue la quinta causa de muerte después de los accidentes, suicidio, cáncer y enfermedad cardiaca. En niños menores de 18 años fue la décima causa de muerte después de las lesiones, suicidio, cáncer, homicidio, anomalías congénitas, enfermedad cardiaca, INFLUENZA, enfermedad respiratoria baja crónica y causas cerebrovasculares.


Esto significa que el efecto del Covid en los niños es muy diferente al de los adultos, y David Leonhardt apunta que el riesgo que ocasiona en estos es muy parecido al tipo de riesgo que la sociedad ha tolerado por mucho tiempo sin alterar sus rutinas diarias; en otras palabras en un año sin pandemia no dejamos de llevar a nuestros hijos a clases y demás actividades durante la temporada de influenza, sin embargo el año pasado esta mató a más niños que el mismo Covid, y eso que anualmente los vacunamos -espero que ustedes los vacunen contra influenza, si no lo han hecho, háganlo, no hay mejor forma de demostrar su amor por sus hijos que ayudándolos a no morir por enfermedades prevenibles-, aún así la influenza fue peor que el Covid el año pasado en este grupo de edad, y hemos decidido como sociedad no detener las actividades y la escuela por ella –con excepción del 2009, pero esa también fue una pandemia con un nuevo tipo de virus-. Y a pesar de que las nuevas variantes del coronavirus podrían ser más severas y aún no sabemos mucho de ellas, el riesgo parece ser mínimo para los menores de edad.


Y no es sólo que los niños hayan estado más protegidos que los adultos porque fueron aislados de forma más temprana y duradera que sus padres, incluso entre aquellos que sí enfermaron por Covid, la letalidad fue similar a la de los que enfermaron por influenza -0.005 por 100,000 en menores de 5 años y 0.002 entre los 5 y los 17 años-, para ponerlo en contexto, entre las personas de 65 y mas años la letalidad por Covid fue mayor al 2%, esto sería como 2,000 defunciones por cada 100,000 personas que tuvieron la infección.


Esto, además de recordarnos que la influenza es una enfermedad muy seria y tenemos suficientes vacunas anuales para ella; nos indica que en los jóvenes el Covid no es la misma enfermedad que en los adultos y adultos mayores. Si logramos que los adultos estén vacunados, las medidas de distanciamiento y cuidados como las mascarillas KN95 o el uso de doble cubrebocas deberían de ser suficientes para reanudar la vida escolar en aulas de nuestros hijos.


Para tomar una decisión final también tendremos que considerar que, aunque el efecto en los niños y jóvenes es mucho menor, sí pueden adquirir la infección y contagiar a los adultos y adultos mayores no vacunados, por ello también deberá considerarse si en el hogar de los chicos que acudirán a la escuela todos los adultos ya fueron vacunados, si hay personas que decidieron no hacerlo habría que insistir y convencerlos, además de reforzar mucho la idea de las precauciones de distanciamiento y cuidados respiratorios con mascarillas o cubrebocas. Y aunque se tome la decisión de que sí acudan a clases presenciales, creo que debería estar claro que las medidas generales deben mantenerse, y que ir a la escuela no significa volver a la “normalidad” anterior y poder estar en lugares mal ventilados, muy concurridos o estar mucho tiempo en un único salón o área. Es decir, no es lo mismo ir a una escuela que tomó las precauciones adecuadas como el tener a todos sus maestros vacunados, circulación del aire en las aulas, medidores de CO2 -son excelentes para estimar el aire ya respirado en una habitación, olvídense de los tapetes sanitizantes-, clases al aire libre cuando sea posible y un muy buen filtro de acceso a las instalaciones; que poder estar en salones cerrados, ir a fiestas muy concurridas o ir al cine y convivir sin mayores cuidados con personas de las que no sabemos su estatus vacunal y riesgo general de infección. Eso tendremos que seguir cuidándolo hasta que todos -bueno, al menos el 80% de la población- se encuentren vacunados.


Entonces, ¿qué van a hacer ustedes? Nosotros aún tenemos que tomar una decisión, no sé cuál será, pero es importante considerar que, por ejemplo, anualmente mueren muchos más niños en accidentes de auto o ahogados o por la misma influenza que por Covid, y ninguna de esas cosas ha hecho que tomemos la decisión de que no se suban a un coche, dejen de ir a nadar o no vayan a la escuela de octubre a mayo, que es la temporada de influenza en México.