Jueves 20 de mayo de 2021
¡Qué pregunta tan difícil! Creo que para mi es imposible responderla. Me encanta leer, de hecho, para mi es casi imposible dormir sin haber leído algo antes, sin importar que sean las dos de la mañana y esté súper desvelado, tengo que leer, aunque sean cinco minutitos, que pueden volverse 30 o 40 si el capítulo está interesante; esperar mientras puedo utilizar mi oficina en el hospital -la cual es compartida con el turno previo-, o mientras lavan el coche o en casi cualquier momento en que tenga un tiempo libre, es ideal para ponerse a leer un ratito.
El hecho de que ahora podamos leer en el teléfono, iPad o en la computadora para mi ha sido algo fantástico y ha incrementado mi tiempo de lectura en más del doble o triple. Ya sé que no es lo mismo, claro, nada supera el olor a libro nuevo y tenerlo físicamente en tus manos, pero en la actualidad si algo tenemos con nosotros absolutamente todo el tiempo, o casi, es el teléfono, así que poder ponerte a leer en donde sea es maravilloso, además tiene muchas ventajas tecnológicas, no requieres de una lámpara, puedes hacerlo en la oscuridad total y -casi- sin molestar a tu pareja, puedes comprar un libro prácticamente en cualquier lugar en que te encuentres y a cualquier hora, y para quienes vivimos en lugares como Tapachula, eso es una ventaja insuperable, no tenemos una Gandhi ni un Sanborns, Sótano, Porrúa ni nada por el estilo, pero sí tenemos Kindle y AppleBooks, todo el tiempo -además del Pirate Bay-.
Bueno, al punto, si me hubieran preguntado hace 20 años, les habría respondido que mi libro preferido era Memoria del mundo y otras cosmicómicas, del inmenso Italo Calvino. Ese libro lo compré con Karla en San Cristóbal de las Casas durante el servicio social allá por 1996 o 97, en una librería muy bonita que creo que ya no existe, y me pareció simplemente estupendo. Y antes de eso habría dicho que El Hobbit + El Señor de los Anillos, de Tolkien, me siguen pareciendo perfectos e imprescindibles, pero después de las películas -que también me encantaron a pesar de su distancia con los libros, no las del Hobbit, esas podrían no haber existido-, me parece que es como un lugar común referirlos como mis favoritos, se perdió un poco el encanto de su “exclusividad” al volverse tan universales, lo cual, por cierto, creo que está perfecto.
Leer es algo que nos convierte en más que animalitos que comen, duermen y se reproducen, nos lleva a épocas y lugares, reales e imaginarios, que no podríamos conocer o imaginar en un millón de vidas. Es la esencia de poder “escuchar” las palabras de gente de hace 50, 100, 200 o mil años como si estuvieran contándonos algo directamente a nosotros, rompe las barreras del tiempo y del espacio y nos permite alimentarnos de y alimentar a la cultura, algo que en estos tiempos nos está haciendo mucha falta como gremio humano.
Y no sólo es que el libro nos lleve al lugar y al tiempo de la historia que relata, también nos lleva al tiempo, el lugar y el ánimo que teníamos cuando lo leímos, uno de mis recuerdos más agradables es cuando descubrí precisamente a Italo Calvino, del que no sabía absolutamente nada. Me encontraba estudiando medicina en la UAM, cada que tenía oportunidad viajaba a Pachuca para estar con mi primo Carlos, mis tíos Marle y Hermilo y mis primas Gaby y Norma el fin de semana, adoraba su casa y los adoro a ellos, son una familia fantástica, cariñosa y siempre me sentí literalmente como en casa al estar con ellos. En uno de esos viajes, mi tío Milo nos llevó a todos a unas aguas termales creo que por el rumbo de Actopan, no estoy seguro, y durante el camino en su súper Wagoneer -en esa época él siempre tenía una Wagoneer que me encantaba-; Gaby, que estaba terminando su carrera y es la artista de esa familia, estaba emocionadísima contándole -a mi tío especialmente, pero todos veníamos escuchándola con mucho interés- sobre el libro que estaba leyendo, El Caballero Inexistente de un tal Italo Calvino, me encantó lo que oí y en cuanto tuve oportunidad lo compré y lo leí, desde entonces Calvino se convirtió en uno de mis indispensables.
Lo mismo me pasó cuando mi papá leía El Perfume, nos lo contaba a la hora de la comida y me parecía fantástico que un escritor pudiera idear y relatar algo así, lo leí unos dos o tres años después de eso y hasta la fecha me encanta.
Y así tengo creo que decenas de momentos e historias relacionadas con los libros que simplemente están conmigo al igual que la trama del libro mismo, les debo a Ian y a Carlos -otros primos, pero por el lado paterno- haber conocido a Tolkien. A mi mamá haber conocido a Ildefonso Falcones -me encanta su novela histórica- y a muchísimos otros como a Conan Doyle y Agatha Christie -para estas alturas, siento que Poirot y Sherlock son mis amigos personales-; en casa siempre hubo libros, muchos y muy diversos y creo que eso también hizo que los aceptara como parte de la vida cotidiana. A mi suegro también le debo varios, como el Azteca de Gary Jennings que también me encantó.
Aún recuerdo el asombro que tuve al leer los 100 Años de Soledad, creo que cuando tenía más o menos 14 o 15 años, realmente no podría creer que alguien fuera capaz de hacer un relato tan fantástico y detallado, descubrir a García Márquez, y gracias a él a un montón de latinoamericanos como Cortázar, Borges, Juan Rulfo y Sábato y de forma derivativa a uno de mis favoritos de todos los tiempos, Saramago, y gracias a él a Pessoa, etc.; fue para mi como dicen de las drogas, la puerta de entrada al realismo mágico y a la literatura latinoamericana -adoro a Pedro Páramo y el Llano en Llamas- y luego a la europea contemporánea. Me encanta la trilogía Millennium de Larsson, es una lástima que no haya tenido tiempo de escribir más. También me impactó mucho La Metamorfosis; y disfruté muchísimo El Nombre de la Rosa, y se abrió otra puerta a Umberto Eco, y así se va uno.
Un libro casi siempre te lleva a otros, puede ser porque el autor te encantó -hay cientos de ejemplos, el Gabo y Saramago son los mejores para mi-, o porque el tema te enganchó, pero siempre queda uno queriendo más y aumentando el espectro poco a poco. Hay otros que son líneas terminales, eso me pasó cuando me dediqué a la obra de Bukowski, creo que leí todas sus novelas y algunos de sus cuentos, pero terminé con Música de Cañerías, me encantaron porque es tan crudo que te hace sentir transgresor junto con él, pero llega un momento en el que tienes ganas de algo menos áspero. A Murakami tampoco he podido agarrarle el gusto por completo.
También la televisión ayuda, hace no muchos años descubrí en Amazon Prime una serie llamada Justified, que me gustó bastante y buscando un poco encontré que estaba basada en los libros de Elmore Leonard, y pum, otro montón de libros para devorar, excelentes. De ahí descubrí, también en Prime una serie increíblemente buena que se llama Bosch, y de nuevo pum, descubrir a Michael Connelly fue extraordinario, me encanta cómo escribe y me encantan sus personajes, el mismo Bosch y también Haller son muy buenos representantes del género policiaco, detectivesco y de abogados, creo que con él sólo tuve para un año de lectura, me eché una tras otra las veintitantas novelas de Bosh y luego las del Lincoln Lawyer, largas y excelentes. Connelly es un autor muy interesante, y mientras hace más novelas, también lo escucho en su podcast, luego les cuento sobre eso. Buscando títulos similares me encontré con la serie de Lucas Davenport, de John Sanford, otros más de veinte libros para consumir, muy buenos todos.
Hace unos dos años o algo así, también me dio por leer ciencia ficción, ya había conocido a Asimov gracias a mi súper tía Eren, cuando tenía 18-19 años; pero ahora decidí echarme completa la serie de las Fundaciones, incluida la serie de Robots, de la cual sólo había leído dos o tres novelas, simplemente maravillosas y creo que imprescindibles, especialmente para los jóvenes; y luego pasé a Ursula K. Le Guin, Dan Simmons y a Frank Herbert y todo el universo de Dune; como intermedio, leí los Leatherstocking Tales de J.F. Cooper, los cuales tienen un estilo muy peculiar y me encantaron, aunque confieso que no pude terminar el cuarto volumen, The Pioneers, se alargaba demasiado y me urgía pasar a lo siguiente. Mi más reciente descubrimiento -sí, lo sé, es lamentable que lo descubriera a mis 46 años-, Stephen King, qué increíble autor, con una cantidad de producción que supera mi imaginación, posee una calidad incuestionable y es, creo yo, la piedra angular del género del horror; comencé con The Shinning y el Dr. Sleep porque acabábamos de ver las películas con los niños, luego me seguí con el Pet Sematary, It, y la colección de cuentos cortos Skeleton crew -que incluye The Mist, grandioso-, luego un intermedio porque quería cambiar de estilo, con Richard Matheson y su I am Legend -fantástico libro y muy en el género, de hecho es una de las inspiraciones de King y con mucha razón, escrito en 1954, con un lenguaje muy económico y puntual, te deja con una sensación de desolación y te pone a reflexionar sobre la condición humana, la película no le hace justicia para nada, se puede leer en dos o tres días, lo recomiendo ampliamente-, y ahora estoy con Salem’s Lot, una obra maestra, creo que es el que más me ha gustado hasta ahora de King, y eso es decir mucho, larga vida al maestro, si pueden síganlo en Twitter, es genial. King también me ha llevado a revisar el género y tengo en lista Drácula -como un pendiente que no sé por qué no había leído- y quiero volver a leer Frankenstein, el Dr. Jekyll y Mr. Hyde y al increíble Lovecraft, a quien conocí gracias a mi prima Alina.
Bueno, como esto podría alargarse por muchas páginas más, sólo quiero recalcar que he dejado fuera, a unos por olvido momentáneo y a otros por falta de espacio, a muchos, pero muchos autores que me han regalado parte de su imaginación y de su tiempo y que me han ido formando año con año.
Leer es lo que nos hace más humanos, y por eso mismo, creo que simplemente no podría el día de hoy decidir cuál es mi libro favorito, cada uno ha sido especial y muy importante.
¿Cuál es el favorito de ustedes? Agradeceré mucho sus recomendaciones.