Llega una persona con malestar, dolor de cuerpo y manchas en la piel. El recuento de plaquetas está disponible. ¿Bastaría combinar esos datos en una serie de preguntas para saber si tiene dengue, Zika u otra enfermedad?
La idea es atractiva: una ruta clara para tomar decisiones rápidas. Un equipo de investigación la puso a prueba con datos de pacientes atendidos en Tapachula. El resultado dejó una lección útil para la clínica: reconocer patrones no equivale a confirmar un diagnóstico.
La pregunta detrás del estudio
En una entrada anterior sobre la misma cohorte contamos por qué los síntomas de Zika, dengue y otras enfermedades agudas se parecen. Este análisis, publicado en International Journal of Infectious Diseases, hizo una pregunta más concreta: ¿qué ocurriría si combináramos signos, síntomas y resultados de laboratorio en un árbol de decisión?
Un árbol de decisión es una secuencia de bifurcaciones: si aparece cierta característica, el caso sigue por una rama; si no, por otra. Puede revelar asociaciones interesantes. Pero antes de usarlo en consulta hay que comprobar si clasifica bien a personas distintas de aquellas con las que fue construido.
El equipo analizó a 366 personas de 12 años o más que buscaron atención en cuatro instituciones de Tapachula entre 2016 y 2018 con una enfermedad aguda compatible con los criterios de ingreso del estudio. Mediante RT-PCR en muestras obtenidas durante el seguimiento, 33 se clasificaron con Zika y 59 con dengue. En las otras 274 no se identificó alguno de esos virus mediante las pruebas empleadas y quedaron en el grupo de enfermedad aguda de origen no definido. Eso no significa que todas compartieran una misma causa ni que se hubieran descartado todas las infecciones posibles.
Había pistas; faltaba certeza
Al mirar cada característica por separado, ciertos tipos de exantema se asociaron más con Zika y otros, como el exantema generalizado y las petequias, con dengue. Las plaquetas también fueron considerablemente más bajas en el grupo con dengue. Estas diferencias ayudan a orientar la sospecha clínica, pero sus distribuciones se traslapan: una señal frecuente en un grupo no se convierte automáticamente en una prueba exclusiva de ese virus.
El equipo combinó las variables en un árbol y estimó su desempeño dejando fuera, una por una, a las personas evaluadas mientras volvía a construir el modelo. Es una comprobación interna más exigente que juzgarlo sólo con los mismos datos que aprendió, aunque no equivale a validarlo en otra población.
El contraste fue revelador:
- De 59 personas con dengue confirmado, el árbol identificó correctamente a 51: alrededor del 86 %.
- De 33 personas con Zika confirmado, identificó correctamente a 15: cerca del 45 %.
- El árbol señaló 116 casos como dengue, pero sólo 51 lo eran. Es decir, menos de la mitad de esas etiquetas correspondieron a dengue confirmado en esta muestra.
Acertar con una proporción alta de casos verdaderos de dengue y, al mismo tiempo, etiquetar erróneamente a muchas otras personas no es una contradicción. Son dos preguntas distintas: «¿a cuántos casos de dengue detectó?» y «cuando dijo dengue, ¿cuántas veces tuvo razón?». Para una herramienta diagnóstica se necesitan ambas respuestas.
Por qué el árbol no se convirtió en una prueba clínica
Sólo había 33 casos confirmados de Zika y 59 de dengue frente a 274 enfermedades de origen no definido. Con grupos virales pequeños, múltiples características que se superponen y personas que acudieron en diferentes momentos de la enfermedad, es difícil obtener una regla estable. Además, la cohorte incluía a quienes cumplían criterios de ingreso orientados a sospecha de Zika, no a cualquier paciente con enfermedad febril en cualquier lugar.
Los autores concluyeron que el modelo no tenía capacidad diagnóstica suficiente para usarse como herramienta clínica individual. Su valor está en mostrar qué pistas merecen atención y, sobre todo, dónde una aparente regla sencilla puede fallar.
Qué cambia en la práctica
Una cifra baja de plaquetas puede reforzar la sospecha de dengue y ayudar a decidir seguimiento y pruebas. No confirma por sí sola dengue, no identifica Zika por descarte y tampoco reemplaza la valoración de signos de alarma. El contexto epidemiológico, los días desde el inicio de síntomas y la evolución de cada persona siguen importando.
Las guías de los CDC para dengue recomiendan elegir pruebas según el momento de la enfermedad y atender un dengue sospechado sin esperar el resultado de laboratorio. Para una posible infección por Zika, también hay que considerar dengue y sus pruebas apropiadas, según las guías de diagnóstico de Zika. La disponibilidad y los lineamientos locales deben orientar las decisiones en México.
El mensaje no es que la clínica «no sirva». Sirve para reconocer riesgos, formular hipótesis y actuar a tiempo. Lo que este estudio desaconseja es convertir una combinación prometedora de síntomas y análisis en un veredicto automático. Una pista puede ser útil incluso cuando todavía no es una respuesta.
Héctor A. Rincón León participó como coautor del artículo científico desde el Instituto Mexicano del Seguro Social en Tapachula.
Fuentes
- Hunsberger S, Ortega-Villa AM, Powers JH III, Rincón León HA, et al. Patterns of signs, symptoms, and laboratory values associated with Zika, dengue, and undefined acute illnesses in a dengue endemic region: Secondary analysis of a prospective cohort study in southern Mexico. International Journal of Infectious Diseases. 2020;98:241–249.
- Centers for Disease Control and Prevention. Clinical Testing Guidance for Dengue. Actualización del 26 de agosto de 2025.
- Centers for Disease Control and Prevention. Clinical Testing and Diagnosis for Zika Virus Disease. Actualización del 19 de noviembre de 2025.
Esta entrada es divulgativa y no sustituye una valoración médica individual ni las normas de diagnóstico y vigilancia aplicables en México.