Seis olas de COVID-19 en Tapachula: cómo cambió la enfermedad entre 2020 y 2023

Analizamos 6,145 casos confirmados a lo largo de seis olas. La dificultad respiratoria, la necesidad de oxígeno y la mortalidad disminuyeron de manera marcada después de las primeras etapas.

Durante los primeros años de la pandemia no sólo cambió el número de contagios. También cambió la forma en que se presentaba la enfermedad, la gravedad de los pacientes y la presión ejercida sobre los servicios de salud.

Para entender esa transformación analizamos seis olas de COVID-19 atendidas en unidades de primer y segundo nivel del IMSS en Tapachula, Chiapas, entre marzo de 2020 y enero de 2023. Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León participamos en el diseño, análisis, manejo de los datos y redacción del estudio.

Primero, una precisión importante sobre los números

Durante el periodo se registraron 18,319 personas sospechosas de COVID-19. De ellas, 13,045 fueron sometidas a una prueba y 6,145 resultaron positivas. Por tanto, el 47.1% corresponde a las personas evaluadas, no al total de casos sospechosos.

Esta distinción parece pequeña, pero es esencial: en epidemiología, un porcentaje sólo puede interpretarse correctamente cuando conocemos con claridad su denominador.

La tercera ola concentró más de la mitad de los casos

Los 6,145 casos confirmados se distribuyeron de manera muy desigual. La tercera ola, que coincidió temporalmente con el predominio nacional de Delta, reunió 3,205 casos: 52.2% del total.

Sin embargo, tener más casos no fue la única historia. Al comparar las seis olas observamos una transición progresiva desde cuadros con mayor afectación respiratoria y necesidad de cuidados hospitalarios hacia presentaciones con más síntomas de vías respiratorias superiores y mayor manejo ambulatorio.

De la falta de aire al predominio de síntomas respiratorios altos

En la primera ola, 47.6% de las personas confirmadas presentó disnea o falta de aire. En la sexta ola la proporción fue de 4.9%. El dolor torácico disminuyó de 41.8% a 7.6%, y la taquipnea —respiración anormalmente rápida— pasó de 4.4% a ningún caso registrado en la sexta ola.

Al mismo tiempo, algunos síntomas de vías respiratorias altas se hicieron más frecuentes. La rinorrea o escurrimiento nasal aumentó de 32.3% en la primera ola a 85.4% en la sexta; el dolor al tragar pasó de 52.5% a 77.8%.

Estos cambios no permiten diagnosticar una variante por los síntomas. Sí muestran que el perfil clínico observado por los servicios de salud fue distinto a medida que avanzó la pandemia.

La gravedad y la mortalidad disminuyeron

En la primera ola, 57.2% de los casos sobrevivió sin haber requerido oxígeno; para la sexta ola esa proporción alcanzó 94.4%. La proporción de fallecimientos entre los casos confirmados pasó de 24.0% en la primera ola a 0.7% en la sexta.

En el conjunto del periodo, 1,079 pacientes necesitaron hospitalización, 647 recibieron oxígeno y 432 fueron intubados. De estos últimos, 400 fallecieron. Esa mortalidad extremadamente alta entre las personas intubadas se concentró sobre todo en las primeras etapas y merece una lectura cuidadosa: probablemente refleja una combinación de enfermedad grave, llegada tardía, saturación hospitalaria, criterios de intubación y limitaciones de capacidad crítica. El diseño del estudio no permite separar cuánto aportó cada factor.

¿Por qué cambió tanto la enfermedad?

La reducción de la gravedad coincidió con varios procesos que ocurrieron al mismo tiempo:

  • el avance de la vacunación;
  • la inmunidad acumulada por infecciones previas y vacunación;
  • el reemplazo de variantes, con predominio de Ómicron desde la cuarta ola;
  • la experiencia adquirida por los equipos de salud y la mejoría de los protocolos clínicos.

La palabra clave es coincidió. No secuenciamos el virus de cada paciente y tampoco contamos con su antecedente individual de vacunación. Por eso no podemos afirmar que una variante o la vacuna explique por sí sola la evolución de cada caso.

Lo que Tapachula puede enseñar a los servicios de salud

Las epidemias no ejercen siempre la misma presión. En una etapa pueden faltar camas, oxígeno y capacidad de cuidados críticos; en otra, el reto puede trasladarse a la consulta ambulatoria, el diagnóstico y la vigilancia.

La experiencia de Tapachula sugiere cuatro prioridades para futuras emergencias respiratorias:

  1. Capacidad flexible: poder ampliar camas, oxígeno y personal sin desatender los servicios esenciales.
  2. Vigilancia conectada con la clínica: relacionar oportunamente los cambios en casos, síntomas y gravedad.
  3. Primer nivel fortalecido: identificar deterioro, atender cuadros leves y referir a tiempo a quienes presentan signos de alarma.
  4. Preparación adaptada al territorio: las ciudades fronterizas requieren planes que consideren movilidad, desigualdad y disponibilidad real de recursos.

Lo que el estudio no puede responder

Se trató de un análisis descriptivo de registros clínicos y de vigilancia. Pudo existir subregistro, especialmente durante los picos. Los criterios de prueba y diagnóstico pudieron variar entre unidades y momentos. Además, las variantes se asignaron por su predominio nacional en cada periodo, no mediante secuenciación individual.

También es importante recordar que los datos terminan en enero de 2023. Describen cómo cambió la pandemia en ese periodo; no representan por sí solos la situación epidemiológica actual.

El mensaje principal

La disminución observada en la gravedad no significa que la COVID-19 haya desaparecido. Significa que una epidemia puede cambiar de forma profunda y que los sistemas de salud deben aprender y ajustarse con la misma rapidez.

Hoy la vacunación forma parte del manejo sostenido de la COVID-19. La Organización Mundial de la Salud mantiene recomendaciones de vacunación periódica para los grupos con mayor riesgo de enfermedad grave, que deben aplicarse de acuerdo con los programas y lineamientos nacionales vigentes.

Mirar las seis olas en conjunto permite transformar una experiencia dolorosa en preparación: mejores datos, atención primaria sólida, capacidad hospitalaria adaptable y decisiones que reconozcan las particularidades de cada comunidad.

Fuentes

La información de este sitio es educativa y no sustituye una valoración médica individual ni las recomendaciones de las autoridades sanitarias.

Sobre el COVID en junio/julio de 2021

Miércoles 30 de junio de 2021

Esta es una breve actualización sobre lo relevante en relación con COVID a la mitad del 2021. En México, tenemos 5 vacunas diferentes que están siendo aplicadas a la población, y aproximadamente el 33% de la población mayor de 18 años ha recibido alguna dosis, aunque con esquema completo -las dos dosis en las vacunas que tienen este esquema-, únicamente a 19 millones, lo que representa sólo el 21% de ese grupo. Aún no es suficiente, pero va avanzando. Otra buena noticia es que la semana pasada inició el registro para vacunación de las personas de 30 años en adelante, lo cual es muy importante porque en estos momentos son el grupo poblacional más afectado por la enfermedad.

El punto de mayor importancia en este momento es la variante Delta, que posee características especiales que la hacen un riesgo mayor para todos.

La variante Delta se identificó en diciembre del 2020 en la India, y desde entonces ha ido diseminándose por el mundo poco a poco, se ha verificado ya en 80 países; en el Reino Unido, de donde salió la primera variante de interés clínico, la Alfa, la variante Delta ha adquirido importancia relativa y está convirtiéndose en la variante dominante, ya ha sido detectada en los Estados Unidos, pero aún en menos del 3% de los casos, también en México ya se reportó -en Nuevo León-, pero hasta ahora han sido casos aislados.

La principal preocupación es que esta variante puede producir una nueva ola de enfermedad, a diferencia de las otras variantes, esta sí es más mortífera, causa una infección más severa; la variante Alfa es un poco más infecciosa que la infección original, pero no causa una enfermedad más grave, la Delta sí lo hace, ocasiona enfermedad más seria y mayor mortalidad, y es aproximadamente 60% más infecciosa que la variante Alfa.

La buena noticia es que la variante Delta es aún cubierta por las vacunas, las vacunas actuales cubren estas nuevas variantes, al menos hasta ahora. La mala es que mientras la pandemia continúe, seguirán apareciendo variantes y puede llegar una que no sea cubierta por las vacunas, lo que sería terrible, significaría comenzar de nuevo como el año pasado. Mientras más gente se infecte, existen más probabilidades de que aparezcan nuevas variantes. Es la evolución ocurriendo a cada momento.

Y aún en países con altas tasas de vacunación, la infección se está manteniendo debido al porcentaje de la población que no se ha vacunado, incluso en países con mucha más cobertura que México, como los Estados Unidos, aún están lejos de la inmunidad de rebaño, a México le falta mucho más.

En los países con alta vacunación, las personas que están siendo hospitalizadas con la variante Delta son personas no vacunadas. Las vacunas actuales -las más estudiadas son las de RNAm como Pfizer y Moderna- proveen más o menos 90% de protección contra ser hospitalizado por la variante Delta.

Así que en este momento la única opción para los tomadores de decisiones en salud es: ¡VACUNAR a toda la población! Es la única manera de realmente poder frenar la pandemia y evitar nuevas oleadas de enfermedad.

En este punto creo que tenemos tres posibilidades, una -la menos probable desafortunadamente- es que realmente alcancemos la inmunidad de rebaño vacunando a marchas forzadas a toda la población, evitando así la aparición de nuevas variantes que representen un peligro para los ya vacunados; otra posibilidad, el peor escenario posible, es que a falta de vacuna la infección siga manteniéndose y aparezca una nueva variante que sea resistente a la inmunidad generada por la vacuna y por la infección previa, esencialmente REINICIANDO el escenario de pandemia del año pasado, ¡imaginen eso!

Yo creo que conforme van apareciendo nuevas variantes, y si tenemos la suerte de no llegar al peor escenario posible, podrá ocurrir la posibilidad intermedia: la enfermedad se mantendrá circulando y tendremos que recibir una nueva vacuna de refuerzo anualmente, la cual será actualizada para las variantes novedosas, tal como ocurre con influenza.

Recordemos que anualmente en México ocurren alrededor de 30 mil muertes por influenza con todo y la vacunación anual, es muy posible que en el escenario futuro tengamos el equivalente a los 30 mil muertos por influenza y otros 30 mil por COVID, actualizando y vacunando anualmente a la población.

Este último será, creo, el escenario más probable.

Y las personas que eligen no vacunarse -sumadas a las que no tienen acceso a la vacuna por la falta de ella a nivel mundial- serán las responsables de que la pandemia se mantenga y se convierta en una enfermedad endémica.

El otro tema importante es que ya se ha reconocido por la OMS y diferentes instancias de salud en todo el mundo que están ocurriendo casos de miocarditis con las vacunas de RNAm; hasta ahora estos casos han ocurrido en el orden de los 12.6 casos de miocarditis por 1 millón de dosis, se considera un evento raro y, claro, los beneficios de la vacuna son inmensamente mayores al riesgo. Los eventos de miocarditis asociados a vacunación han sido casos leves de los cuales muy pocos han requerido hospitalización. Han sido casos raros, leves y temporales, para la mayoría de ellos no habrá ninguna consecuencia a largo plazo, aunque claro, habrá casos graves que incluso puedan ocasionar muertes.

Desafortunadamente creo que esto -la miocarditis- será una nueva oportunidad para que los antivacunas sigan torpedeando los programas de vacunación.

Todo medicamento, todo, sin falta, posee efectos secundarios y si las personas tomaran tantos medicamentos como vacunas aplicadas, los veríamos con mucha más frecuencia. Cientos de personas mueren cada año en México y en cada uno de los países del mundo sólo por tomar paracetamol. En Inglaterra es la principal causa de falla hepática. Casi siempre es por tomar demasiado, aunque siempre pueden ocurrir casos de reacciones con las dosis correctas, la cosa es que todos los medicamentos poseen el potencial de ocasionar reacciones y eso se pierde de vista al satanizar a las vacunas siguiendo intereses políticos o anticientíficos.

Nunca será una mejor opción esperar que la pandemia infecte a la población mundial y se genere una inmunidad de rebaño natural, porque siempre aparecerán variantes y la enfermedad no se detendría nunca, ocasionando millones de muertes anuales.

Espero que podamos alcanzar el escenario ideal y cerrarle el paso a la enfermedad y sus variantes, o al menos un escenario intermedio en el cual podamos tener una vacunación anual y mantenerla a raya. Depende sobre todo de la capacidad del país para completar la vacunación de toda la población en el menor tiempo posible, esperando que la variante Delta y las que sigan no nos ganen la partida. ¡Esperemos!

Sobre la vacunación contra COVID a mujeres embarazadas

Miércoles 12 de mayo de 2021

 

Ayer me preguntó uno de mis sobrinos consentidos sobre la vacunación a mujeres embarazadas para covid, así me enteré de que su esposa y él están a punto de ser papás -no es cierto, ya sabía 🙂– sin embargo, me pareció un tema muy interesante porque este lunes pasado inició la vacunación a mujeres embarazadas en México.

 

Primero, ¿por qué deben ser consideradas las mujeres -de cualquier edad- embarazadas como un grupo prioritario para vacunación contra covid? Bueno, porque ellas tienen un riesgo incrementado para enfermedad severa en comparación con las mujeres no embarazadas, con una tasa incrementada de admisión a la unidad de cuidados intensivos, requerimiento de oxígeno suplementario, ventilación mecánica y mortalidad. Adicionalmente, las mujeres embarazadas con covid pueden tener un riesgo incrementado de resultados adversos del embarazo, tales como parto pretérmino.

 

También existe evidencia de infección por SARS-CoV-2 en la placenta y transmisión vertical -de la madre al hijo- de la infección in utero, detectándose bebés recién nacidos positivos a la infección. Los recién nacidos de mujeres con covid tienen un riesgo incrementado de requerir ingresar a la terapia intensiva neonatal.

 

Segundo, ¿la vacunación contra covid es segura para las mujeres embarazadas? De eso no se sabe mucho hasta ahora, y eso es porque cuando se hacen los estudios de seguridad y eficacia de las vacunas, las mujeres embarazadas no son incluidas en ellos, esto es porque dichos estudios deben ser revisados y aprobados por los comités de ética en investigación que los autorizan y, por supuesto, las mujeres embarazadas son un grupo prioritario de alto riesgo para la investigación en salud -visto en términos simples y mundanos, si algo sale mal estás dañando a dos personas en vez de una, además de a una persona que no dio su autorización para ser sometido a un experimento-, por lo que no se incluyen en los estudios iniciales; sin embargo, durante los estudios muchas mujeres se embarazan, o bien ya estaban embarazadas y no lo sabían, por lo que dieron su anuencia para la participación en el estudio a pesar de que no hubieran sido incluidas si supieran su estado de gravidez.

 

En este grupo de mujeres -embarazadas durante el estudio o embarazadas previamente sin saberlo-, que en general es muy pequeño, no se ha encontrado ningún riesgo o complicación diferente al que tiene una mujer que no está embarazada durante el proceso de vacunación anti-covid.

 

Para las vacunas de mRNA, ya se realizaron estudios específicos con aproximadamente 30 mil mujeres y no parece que exista ninguna complicación con el embarazo o el bebé durante la vacunación -estas son Pfizer y Moderna, sólo la primera se aplica en México-.

 

¿Qué pasa con las otras vacunas? No sabemos mucho, sólo lo que ha ocurrido en los estudios en las situaciones ya señaladas previamente. Sin embargo, en esos grupos no ha habido ningún indicio de que haya riesgos adicionales. Por lo general, las vacunas son seguras durante el embarazo, algunas vacunas como SINOVAC tienen mecanismos similares a la de influenza que utilizamos anualmente sin complicaciones en mujeres embarazadas, por lo que no se anticipan efectos adversos adicionales.

 

En las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson lo más destacable es el riesgo de trombosis en mujeres jóvenes -aunque también ocurren en hombres-, con un riesgo de 1.1 casos por cada 100,000 personas inmunizadas entre los 20 y 29 años de edad, conforme aumenta la edad, el riesgo disminuye hasta llegar a 0.2 por 100,000 para el grupo de 60 a 69 -para comparar riesgos, sirva exponer que entre las mujeres que toman anticonceptivos hormonales orales, que son muchas en México y en todo el mundo, el riesgo de trombosis y eventos vasculares es de 60 por cada 100,000-. De esta forma, mi opinión es que los beneficios de la vacunación con AstraZeneca y con J&J son por mucho mayores a los riesgos de utilizarla.

 

Finalmente, un beneficio adicional de vacunar a las mujeres embarazadas contra covid es que sus hijos nacerán con una protección que les durará varios meses gracias a los anticuerpos -IgG- que sus madres les transmitirán a través de la placenta -entre 2 y 12 meses, favorecido ampliamente por la alimentación al seno materno-.

 

Así que mi opinión es: ¡Excelente noticia! Y mejor aún si lo hacen con Pfizer, aunque en realidad cualquiera es buena. Claro, es posible que, al aumentar exponencialmente el número de mujeres embarazadas vacunadas, veamos reportes de efectos adversos o algún riesgo específico, sin embargo, con la información actual, los beneficios son mucho mayores a los riesgos -que son los mismos que para el resto de la población-, por lo que yo diría, sí vacúnense.

Sobre el retorno a las actividades de forma segura

Viernes 30 de abril de 2021

El Covid llegó para quedarse, eso es un hecho, aunque aún no sabemos si se comportará como la influenza estacional y si será necesario vacunarnos anualmente, tendremos que aprender a vivir con el.

Y la vida tiene que seguir, el comercio y la economía mundial dependen de que las actividades humanas no se detengan, aunque sería una maravillosa utopía para el planeta que los humanos redujésemos nuestra incesante actividad -les recomiendo encarecidamente que vean el documental “The Year Earth Changed” en Apple TV+, narrado por David Attenborough, es fantástico-, la realidad es que nuestros empleos y estilo de vida dependen de que las actividades y labores por las que somos remunerados no se detengan. También las clases reiniciarán de forma presencial en cada vez más sitios.

Entonces, ¿cómo debemos protegernos y a nuestros hijos durante el reinicio de las actividades laborales y escolares?

Para responder esto primero debemos tener claro cómo es que el Covid se transmite. El virus que lo ocasiona se disemina de persona a persona cuando un individuo infectado está en contacto cercano con otro(s). Este virus puede expulsarse desde la boca o nariz de alguien infectado en forma de partículas líquidas cuando tose, estornuda, habla, canta o respira. Las partículas pueden tener distintos tamaños, desde las “gotas respiratorias” consideradas grandes, hasta los diminutos “aerosoles”. Las primeras son consideradas grandes porque su peso hace que caigan al suelo después de ser expulsadas, por lo que rara vez pueden llegar más allá de un metro o metro y medio de distancia. Los aerosoles, por el contrario, son tan pequeños que permanecen suspendidos en el aire ambiental y pueden ser arrastrados por la corriente de aire hasta varios metros más allá desde donde fueron exhalados, y en ambientes cerrados llegar a todos los rincones del área -piensen en un cuarto sin ventilación-.

Entonces las personas contraen la infección cuando el virus llega a su boca, nariz u ojos, lo cual puede ocurrir más fácilmente cuando las personas están en contacto estrecho -menos de un metro y medio de separación- con una persona infectada. La evidencia actual indica que la forma principal en la que el virus se disemina es por las gotas respiratorias entre personas que mantienen un contacto estrecho.

La transmisión por aerosoles también es importante, especialmente en algunas situaciones específicas, como cualquier espacio con muchas personas que esté inadecuadamente ventilado en donde alguien infectado puede pasar mucho tiempo con otras personas, como salones escolares, restaurantes, cines, gimnasios, clubes y discotecas, oficinas, templos, etc.

Y aunque se considera que el virus también podría esparcirse después de que una persona estornudó, tosió o habló cerca de una superficie, y posteriormente otra persona tocó dicha superficie contaminándose con partículas virales y luego tocando sus ojos, mucosa nasal o boca, la realidad es que hasta hoy no existe evidencia de que este modo de transmisión haya ocurrido con el Covid. 

Ok, ahora que sabemos cómo se transmite esta enfermedad, ¿qué tengo que hacer para evitarla? 

Bueno, esto es lo importante de todo este rollo.

Primero, es indispensable tomar en cuenta cuál es el nivel de transmisión comunitaria, si está ocurriendo un brote con incremento de casos en la comunidad, no deberíamos de retomar las actividades, punto. Si por el contrario, sigue habiendo casos pero la tendencia se mantiene o incluso va a la baja, podríamos pensar en prepararnos adecuadamente y reiniciar algunas de las actividades indispensables.

Los CDC de Estados Unidos proponen cinco estrategias para prevenir la transmisión en las escuelas, que son útiles para todos los contextos:

  1. Uso universal y correcto de mascarillas -eso quiere decir que TODOS, incluso los ya vacunados o a quienes ya les dio la enfermedad, deben utilizar de forma permanente y adecuada una mascarilla KN95 o cubrebocas quirúrgico tricapa, de preferencia doble cubrebocas, mientras se encuentren en espacios cerrados y/o en contacto estrecho con otras personas-.
  2. Distanciamiento físico -permanecer al menos a 1.5 metros de distancia de los demás es el mejor método para evitar la diseminación del Covid-.
  3. Lavado de manos y etiqueta respiratoria -aunque el lavado de manos en sí no va a prevenir que respires al virus, sí ayuda a mantener al virus y sus partículas fuera de tu cuerpo y muy especialmente mucosas, y tiene el beneficio adicional de protegerte de una cantidad inmensa de otros gérmenes patógenos como bacterias, hongos, parásitos y otros virus; la etiqueta respiratoria en fundamental, me ha tocado ver personas que para estornudar se quitan el cubrebocas, ¡esto cancela totalmente el efecto del mismo para evitar la dispersión de gotas y aerosoles!-.
  4. Mantener las instalaciones limpias y funcionales -estoy de acuerdo, aunque en realidad la limpieza en si no es una forma de evitar el contagio, sí ayuda a prevenir otras enfermedades, además el eliminar muebles y equipamiento no esencial permite a la escuela u oficina mantener un adecuado distanciamiento de al menos 1.5 metros entre los individuos-.
  5. Seguimiento de contactos en combinación con aislamiento y cuarentena -esto es indispensable, si un estudiante o compañero de trabajo es positivo, deberá hacerse una prueba de detección a todos aquellos que hayan estado en contacto con él, y evitar que acudan al centro todos los contactos además del enfermo hasta contar con una prueba negativa; también ayuda mucho trabajar en forma de cohortes, es decir, que las personas no se mezclen entre sí, por ejemplo, si se trata de un grupo escolar, que no convivan con los demás grupos, en caso de haber un enfermo, esto reducirá las posibilidades de contagio de los demás grupos.

Yo agregaría, y creo es igual de importante:

  • Asegurarse de que existe una correcta circulación del aire al exterior, esto quiere decir que no deben mantenerse salones u oficinas cerradas con aire acondicionado, aunque se trate de un lugar caluroso, debe instalarse un ventilador/extractor cercano a una ventana o conducto que succione constantemente el aire de la habitación al exterior, haciendo que el aire respirado por las personas se renueve constantemente. La mejor herramienta para medir correctamente esto son los medidores de CO2, son asequibles y garantizan que las personas no estén respirando el aire viciado -y potencialmente infeccioso- que ya respiraron los demás. Estos medidores simplemente calculan la cantidad de dióxido de carbono en el ambiente, como los humanos consumimos oxígeno y expulsamos bióxido de carbono, éste es un indicador de cuánto aire ya respirado hay en un espacio determinado, y eso nos indica indirectamente el riesgo de transmisión de agentes infecciosos que se diseminan por esta vía como el SARS-CoV-2, la tuberculosis, influenza, sarampión, virus sincicial respiratorio, y un largo etc.
  • Garantizar un filtro de acceso realmente funcional, los filtros que hemos visto en los cuales un guardia sin ninguna preparación específica o un miembro de la oficina o escuela es “castigado” con la participación en el filtro, no funcionan. Tiene que ser una persona específicamente destinada a ello, aún si hay que contratar a alguien únicamente para el filtro, que sea capaz de valorar la temperatura –tomada correctamente, no en el brazo, cuello, pecho o espalda-, los síntomas como tos, dolor de cabeza o garganta, signos como sudoración, enrojecimiento, conjuntivitis, rash, actitud y marcha, etc. Y con la capacidad de decidir si una persona -alumnos, maestros, trabajadores, director, jefe, o cualquier otro- puede ingresar al inmueble o no. Otra estrategia que puede agregarse a esto es la entrada escalonada para evitar aglomeraciones al ingreso, a una hora llegarán los profesores, luego los alumnos de mayor grado, luego los menores, y así, igual para las oficinas.
  • Tirar a la basura los tapetes y arcos “sanitizantes”. No tienen absolutamente ninguna utilidad para la prevención de esta enfermedad y por el contrario, podrían generar una sensación falsa de “seguridad o sanidad” en las personas que los utilicen, haciendo que relajen las medidas realmente importantes, además de que pueden hacer que las personas se tropiecen con ellos.
  • Otro punto importante es saber que, para que una persona se infecte se requiere de una cantidad determinada de partículas virales, es decir, si respiro entre 10 y 100 virus, lo más probable es que no me vaya a infectar, porque esa cantidad de agentes no será capaz de montar una infestación adecuada que pueda sobrepasar mis defensas naturales. La carga viral es elevada en personas muy sintomáticas -no tanto en los asintomáticos- y en promedio durante los primeros 10 a 12 días de iniciada la infección; se ha visto que incluso las personas que se infectan pueden tener un mejor curso de la enfermedad si ocurrió con una carga pequeña y no con una carga elevada.

Esto quiere decir que uno puede adquirir una carga elevada de una persona muy enferma aunque sea por poco tiempo, o bien por estar mucho tiempo en un ambiente contaminado, por lo cual también hay que limitar el tiempo en los espacios cerrados, saliendo constantemente de la habitación a espacios abiertos y garantizando así que, aunque existan virus en la habitación, la exposición a ellos es la menor posible.

Resumiendo todo lo anterior, lo que tenemos que garantizar para nuestros hijos y nuestros entornos laborales, sin importar el estado vacunal es:

  1. Uso de cubrebocas y mascarillas permanente y correcto.
  2. Distanciamiento entre las personas de al menos 1.5 metros, lo cual se puede lograr cuando hay menos personas en una habitación.
  3. Etiqueta respiratoria estricta.
  4. Ventilación adecuada de las habitaciones.
  5. Minimizar el tiempo en aulas u oficinas cerradas.
  6. Evitar el acceso de personas enfermas o con sospecha de estarlo.
  7. Si ocurre un caso, aislar y dar seguimiento a todos los contactos hasta cumplir 12 días de la exposición.

Creo que, si logramos cumplir con esto, podremos continuar con nuestras actividades sin mayores problemas ni riesgos. ¿Ustedes qué opinan?

Covid. Sobre los adultos vacunados y los niños sin vacuna

Miércoles 28 de abril de 2021

Esta semana leí dos artículos del New York Times, el primero de David Leonhardt y el segundo de Melinda Wenner Moyer, ambos me parecieron fascinantes porque tocan un tema que no hemos discutido de forma adecuada aquí en México: Ahora que los padres y los maestros estén vacunados, ¿qué pasará con los niños?, ¿qué deberíamos hacer con ellos?, ¿enviarlos a clases o no, permitirles ir a fiestas, convivir con gente fuera del hogar, salir de vacaciones? La respuesta no es tan simple como podría parecer.


En primera instancia estarían las personas como Karla y como yo, que de entrada pensamos que no, hasta que ellos no estén vacunados no deberían salir ni exponerse a personas ajenas al entorno que ha sido su cápsula por más de 13 meses, es un riesgo innecesario y listo. Luego tendríamos a quienes piensan de forma opuesta, reconociendo que los chicos se ven afectados por el aislamiento tan prolongado, que su salud mental también es muy importante y finalmente, que su riesgo es muy bajo, si se contagian será casi siempre de forma asintomática y no presentan la enfermedad (Covid) en forma grave.


En los Estados Unidos a estas alturas la vacunación ya está abierta para todo aquel mayor de 16 años que lo desee, e incluso se puede ir a algunas farmacias para comprar la vacuna, mientras tanto en México aún tenemos un panorama de escasez -hasta ayer se habían aplicado un poco más de 16 millones de vacunas para una población de más de 120 millones de habitantes-. Esto ocurre porque no somos un país productor y dependemos de los envíos de las compañías que las fabrican, aún así hay que reconocer que nos ha ido mucho mejor que a casi todo el resto de Latinoamérica y el mundo.


La vacunación inició en nuestro país con el personal de salud de primera línea -aquellos que atienden de forma directa a los pacientes graves que requieren de asistencia respiratoria-, luego se pasó al resto del personal de salud en instituciones públicas y a los adultos de 60 años y más, dejando fuera al personal de instituciones privadas y a quienes trabajan en consultorios particulares -como si estos no atendieran en primera instancia a miles de personas con enfermedad respiratoria, teniendo un riesgo mucho más elevado que el resto de la población para contagiarse con el virus-; y el día de ayer se anunció el inicio de la vacunación de las personas de 50 a 59 años, esperándose que esto avance conforme se vayan completando estos grupos de edad y sigan llegando más vacunas.


La cosa es que los niños, todos aquellos menores de 18 años, serán los últimos en ser vacunados porque se asume que su riesgo es mucho menor; al mismo tiempo el gobierno está planeando reiniciar las clases de forma presencial lo más pronto posible.


Hasta hoy, nadie sabe a ciencia cierta cuándo habrá vacunas disponibles para los niños, las de mRNA (Pfizer/NBiotech y Moderna) han sido aprobadas para su uso en niños de 16 años y más en los Estados Unidos, y un estudio la semana pasada halló que la primera de ellas es segura y muy efectiva en niños de 12 y más, pero aún no sabemos nada sobre los ensayos clínicos y procesos de aprobación en estos grupos de edad en México.


En el caso particular de mi hogar, mi esposa y yo al ser personal de salud ya fuimos vacunados con las dos dosis de la vacuna Pfizer/NBiotech y tenemos la cobertura completa, mientras que nuestros hijos de 16 y 14 años no, esta situación será cada vez más común en México y nos lleva a preguntarnos:


¿Y ahora qué? ¿qué sí y qué no deberíamos hacer?


¿Qué deberían de hacer las familias en esa situación durante el verano y otoño en relación con las clases presenciales?, ¿deberían poder visitar familiares que no han visto en un año y medio, tener reuniones con amigos y celebraciones de cumpleaños, comer en restaurantes o viajar en avión o camión?


No hay respuestas sencillas, a partir de esta situación hay más de un enfoque que parece razonable.


El primero es el que teníamos nosotros hasta antes de leer estos artículos, muchos padres elegirán mantener a sus hijos alejados de situaciones sociales en espacios cerrados hasta que ellos también se encuentren vacunados. Se puede señalar que algunos niños han fallecido por Covid, y varios miles otros han sufrido por una rara condición inflamatoria –síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico-, y es claro que aún hay muchas cosas que desconocemos sobre el Covid, como el efecto de las variantes actuales y futuras en relación con los jóvenes, especialmente aquellos con condiciones subyacentes de salud.


El segundo grupo es el que elegirá ir retomando partes de su vida normal pre-pandemia antes de que sus hijos hayan sido vacunados y curiosamente, estos padres estarán tomando una decisión que al igual que en el caso de la postura “conservadora”, puede argumentarse desde un punto de vista científico.


No hay que perder de vista que la salud de los niños no es únicamente estar libres de Covid, el mantenerlos aislados tiene claros inconvenientes para su desarrollo social y salud mental, especialmente en familias con menores recursos que no permiten a los padres tener trabajo desde el hogar o pagar la atención por cuidadores si tienen que salir a trabajar.


Al final, cualquiera que sea la decisión tendrá que ser la elección -desde el particular punto de vista de cada familia- entre el mal menor y el que se considere como peor en este contexto.


Es importante revisar cuál es el efecto del Covid en los niños, para empezar sabemos que en los adultos ha sido devastador, teniendo una elevada mortalidad en las personas infectadas, en los Estados Unidos ha ocasionado la muerte de 16 veces más personas que la influenza en un año típico, muy especialmente en el grupo de mayores de 65 años, siendo en ellos durante el año pasado la tercera causa de defunción después de la enfermedad cardiaca y el cáncer, incluso en personas en sus 30’s fue la quinta causa de muerte después de los accidentes, suicidio, cáncer y enfermedad cardiaca. En niños menores de 18 años fue la décima causa de muerte después de las lesiones, suicidio, cáncer, homicidio, anomalías congénitas, enfermedad cardiaca, INFLUENZA, enfermedad respiratoria baja crónica y causas cerebrovasculares.


Esto significa que el efecto del Covid en los niños es muy diferente al de los adultos, y David Leonhardt apunta que el riesgo que ocasiona en estos es muy parecido al tipo de riesgo que la sociedad ha tolerado por mucho tiempo sin alterar sus rutinas diarias; en otras palabras en un año sin pandemia no dejamos de llevar a nuestros hijos a clases y demás actividades durante la temporada de influenza, sin embargo el año pasado esta mató a más niños que el mismo Covid, y eso que anualmente los vacunamos -espero que ustedes los vacunen contra influenza, si no lo han hecho, háganlo, no hay mejor forma de demostrar su amor por sus hijos que ayudándolos a no morir por enfermedades prevenibles-, aún así la influenza fue peor que el Covid el año pasado en este grupo de edad, y hemos decidido como sociedad no detener las actividades y la escuela por ella –con excepción del 2009, pero esa también fue una pandemia con un nuevo tipo de virus-. Y a pesar de que las nuevas variantes del coronavirus podrían ser más severas y aún no sabemos mucho de ellas, el riesgo parece ser mínimo para los menores de edad.


Y no es sólo que los niños hayan estado más protegidos que los adultos porque fueron aislados de forma más temprana y duradera que sus padres, incluso entre aquellos que sí enfermaron por Covid, la letalidad fue similar a la de los que enfermaron por influenza -0.005 por 100,000 en menores de 5 años y 0.002 entre los 5 y los 17 años-, para ponerlo en contexto, entre las personas de 65 y mas años la letalidad por Covid fue mayor al 2%, esto sería como 2,000 defunciones por cada 100,000 personas que tuvieron la infección.


Esto, además de recordarnos que la influenza es una enfermedad muy seria y tenemos suficientes vacunas anuales para ella; nos indica que en los jóvenes el Covid no es la misma enfermedad que en los adultos y adultos mayores. Si logramos que los adultos estén vacunados, las medidas de distanciamiento y cuidados como las mascarillas KN95 o el uso de doble cubrebocas deberían de ser suficientes para reanudar la vida escolar en aulas de nuestros hijos.


Para tomar una decisión final también tendremos que considerar que, aunque el efecto en los niños y jóvenes es mucho menor, sí pueden adquirir la infección y contagiar a los adultos y adultos mayores no vacunados, por ello también deberá considerarse si en el hogar de los chicos que acudirán a la escuela todos los adultos ya fueron vacunados, si hay personas que decidieron no hacerlo habría que insistir y convencerlos, además de reforzar mucho la idea de las precauciones de distanciamiento y cuidados respiratorios con mascarillas o cubrebocas. Y aunque se tome la decisión de que sí acudan a clases presenciales, creo que debería estar claro que las medidas generales deben mantenerse, y que ir a la escuela no significa volver a la “normalidad” anterior y poder estar en lugares mal ventilados, muy concurridos o estar mucho tiempo en un único salón o área. Es decir, no es lo mismo ir a una escuela que tomó las precauciones adecuadas como el tener a todos sus maestros vacunados, circulación del aire en las aulas, medidores de CO2 -son excelentes para estimar el aire ya respirado en una habitación, olvídense de los tapetes sanitizantes-, clases al aire libre cuando sea posible y un muy buen filtro de acceso a las instalaciones; que poder estar en salones cerrados, ir a fiestas muy concurridas o ir al cine y convivir sin mayores cuidados con personas de las que no sabemos su estatus vacunal y riesgo general de infección. Eso tendremos que seguir cuidándolo hasta que todos -bueno, al menos el 80% de la población- se encuentren vacunados.


Entonces, ¿qué van a hacer ustedes? Nosotros aún tenemos que tomar una decisión, no sé cuál será, pero es importante considerar que, por ejemplo, anualmente mueren muchos más niños en accidentes de auto o ahogados o por la misma influenza que por Covid, y ninguna de esas cosas ha hecho que tomemos la decisión de que no se suban a un coche, dejen de ir a nadar o no vayan a la escuela de octubre a mayo, que es la temporada de influenza en México.