Una infección aguda no sólo produce fiebre, dolor o cansancio. Mientras el cuerpo enfrenta la enfermedad, algunas personas sienten que les cuesta concentrarse, recordar información o pensar con la misma rapidez de siempre. ¿Se trata únicamente del malestar general o ciertos virus pueden afectar de manera temporal el funcionamiento cognitivo?
Esta pregunta fue especialmente importante durante la epidemia de Zika. El virus se relacionó con complicaciones neurológicas graves —como el síndrome de Guillain-Barré, la neuropatía y la mielitis— y con alteraciones congénitas cuando la infección ocurre durante el embarazo. Sin embargo, se sabía mucho menos sobre posibles cambios sutiles en la memoria, la atención y otras funciones en adolescentes y adultos con una infección sintomática.
Para explorarlo, analizamos la evolución de personas atendidas en Tapachula, Chiapas, con Zika, dengue u otras enfermedades agudas cuya causa no pudo identificarse. El resultado principal fue tranquilizador, aunque no definitivo: observamos cambios cognitivos leves durante la etapa aguda, pero no encontramos evidencia clínica de un deterioro persistente atribuible específicamente al Zika.
Qué entendemos por funciones cognitivas
Las funciones cognitivas son las capacidades que utilizamos para aprender, recordar, mantener la atención, comprender el lenguaje, orientarnos y resolver problemas. No son una sola habilidad: una persona puede conservar bien algunas y mostrar dificultades transitorias en otras.
En el estudio utilizamos la Evaluación Cognitiva de Montreal, conocida como MoCA. Es una prueba breve de tamizaje que puede aplicarse en aproximadamente diez minutos y explora cinco áreas:
- Memoria.
- Habilidades visuoespaciales y funciones ejecutivas.
- Atención.
- Lenguaje.
- Orientación en el tiempo y el espacio.
La puntuación total va de 0 a 30. En la versión utilizada, un resultado menor de 26 puntos se consideró anormal para fines del análisis. Esto no significa que una puntuación aislada establezca un diagnóstico de demencia, lesión cerebral o discapacidad. El MoCA es una herramienta de detección; su interpretación depende de la edad, la escolaridad, el contexto clínico y, cuando es necesario, de una evaluación neuropsicológica más amplia.
Cómo se realizó el estudio
El trabajo formó parte de una cohorte prospectiva desarrollada entre 2016 y 2018 en cuatro instituciones de salud de Tapachula. Incluimos a personas de 12 años o más que habían iniciado recientemente con fiebre, exantema u otros síntomas compatibles con una posible infección por Zika.
Los participantes fueron evaluados al ingreso y durante el seguimiento, con visitas programadas a los 3, 7, 28 y 180 días. Además de la exploración clínica y el MoCA, se obtuvieron muestras de sangre y orina para realizar pruebas repetidas de RT-PCR.
El análisis incluyó a 406 personas:
- 37 con infección confirmada por Zika.
- 73 con dengue confirmado.
- 296 con una enfermedad aguda de origen no identificado.
Este último grupo reunió episodios en los que las pruebas no detectaron Zika, dengue ni chikunguña. No significa que las personas no tuvieran una enfermedad real, sino que el protocolo no determinó su causa específica.
Los cambios fueron leves y transitorios
Los tres grupos siguieron trayectorias generales parecidas. Las puntuaciones promedio del MoCA fueron menores durante los primeros días y mejoraron de manera significativa entre el día 7 y el día 28. Después, entre los días 28 y 180, el promedio se mantuvo estable.
En otras palabras, el patrón se relacionó principalmente con la fase aguda y la recuperación temprana. A los seis meses, el estudio no encontró evidencia de que Zika o dengue provocaran alteraciones cognitivas que persistieran más allá de ese periodo.
Esto no demuestra que todas las personas se recuperen de la misma manera ni descarta por completo efectos poco frecuentes o muy sutiles. Indica que, en esta cohorte y con la herramienta utilizada, no apareció una señal clínica clara de deterioro prolongado.
La memoria fue la diferencia más visible
Cuando analizamos por separado las distintas funciones, la memoria explicó buena parte de las diferencias entre los grupos. Durante la enfermedad aguda, las personas con Zika tuvieron, en promedio, puntuaciones de memoria ligeramente menores que quienes tenían dengue. El grupo con enfermedades de origen no identificado mostró un patrón parecido al de Zika.
La probabilidad de obtener una puntuación total del MoCA considerada anormal también fue mayor en Zika y en las enfermedades no identificadas que en dengue. Sin embargo, Zika no se diferenció significativamente del grupo de enfermedades de origen no identificado.
Este detalle cambia la interpretación. Los resultados no permiten afirmar que el Zika produzca una alteración cognitiva exclusiva. Más bien sugieren que distintas enfermedades agudas pueden acompañarse de dificultades temporales de memoria, atención o desempeño visuoespacial mientras el organismo se recupera.
Una puntuación baja no equivale a daño cerebral permanente
El rendimiento en una prueba cognitiva puede modificarse por muchos factores: fiebre, dolor, cansancio, deshidratación, alteraciones del sueño, ansiedad, medicamentos, escolaridad y condiciones del entorno durante la evaluación. Una persona enferma puede responder peor un día sin que exista una lesión neurológica permanente.
Por eso, el estudio no debe interpretarse como si hubiera demostrado que el virus destruye la memoria. Tampoco evaluó demencia ni produjo una prueba diagnóstica para atribuir dificultades cognitivas al Zika.
El valor del seguimiento fue precisamente observar la trayectoria. Una medición aislada podía mostrar un desempeño menor, pero la mejoría posterior ayudó a distinguir un cambio transitorio de una alteración persistente.
Lo que el estudio no permite concluir
Los resultados deben leerse junto con varias limitaciones:
- El grupo con Zika fue pequeño: sólo 37 participantes.
- Las 296 enfermedades de origen no identificado probablemente reunieron causas muy diversas.
- El MoCA se diseñó originalmente para detectar deterioro cognitivo leve en personas mayores y puede no identificar cambios muy sutiles en una población más joven.
- No se realizaron estudios de imagen cerebral ni análisis de líquido cefalorraquídeo para investigar mecanismos neurológicos.
- Hubo pérdidas durante el seguimiento, aunque el equipo analizó si los datos faltantes podían modificar las conclusiones.
- La cohorte incluyó a personas sintomáticas que buscaron atención y cumplían criterios específicos; no representa a toda la población de Tapachula ni describe la circulación actual de los virus.
Por estas razones, el estudio genera evidencia y nuevas preguntas, pero no permite convertir una puntuación del MoCA en un diagnóstico individual ni establecer causalidad definitiva.
Qué significa para la práctica clínica
Las dificultades para concentrarse o recordar durante una infección aguda pueden formar parte de un proceso transitorio. Aun así, conviene valorar su intensidad, evolución y relación con otros síntomas.
La confusión súbita, la desorientación marcada, las convulsiones, la debilidad progresiva, las alteraciones del estado de conciencia, la dificultad para hablar o caminar y cualquier empeoramiento neurológico requieren atención médica urgente. Estas manifestaciones no deben atribuirse simplemente al cansancio o a una infección leve.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que el Zika puede asociarse con complicaciones neurológicas como el síndrome de Guillain-Barré, la neuropatía y la mielitis. Sin embargo, esas complicaciones no deben confundirse con los cambios leves y transitorios explorados en esta cohorte.
Si una dificultad de memoria, atención o desempeño cotidiano persiste después de la recuperación, la evaluación debe buscar otras explicaciones y considerar una valoración clínica o neuropsicológica más completa.
El mensaje central
El estudio encontró una disminución leve del rendimiento cognitivo durante la enfermedad aguda en personas con Zika, dengue y otros cuadros no identificados. La memoria fue el área que más contribuyó a las diferencias observadas, pero no apareció una alteración exclusiva del Zika ni evidencia clínica de deterioro persistente a los seis meses.
La pregunta no queda cerrada. Estudios más grandes, con pruebas neuropsicológicas más sensibles y herramientas como neuroimagen, podrían detectar efectos poco frecuentes o sutiles que esta investigación no estaba en condiciones de identificar.
Héctor Armando Rincón León participó como coautor, formó parte del equipo de diseño del estudio y colaboró en la recolección de datos. Karla R. Navarro-Fuentes aparece reconocida entre los integrantes de la Red Mexicana de Investigación en Enfermedades Infecciosas Emergentes que apoyaron el trabajo.
Fuentes
- Belaunzarán-Zamudio PF, Ortega-Villa AM, Mimenza-Alvarado AJ, Guerra-De-Blas PDC, Aguilar-Navarro SG, Sepúlveda-Delgado J, et al. Comparison of the Impact of Zika and Dengue Virus Infection, and Other Acute Illnesses of Unidentified Origin on Cognitive Functions in a Prospective Cohort in Chiapas Mexico. Frontiers in Neurology. 2021;12:631801.
- Organización Mundial de la Salud. Zika virus. Actualización del 6 de noviembre de 2025.
- Organización Mundial de la Salud. Dengue. Actualización del 21 de agosto de 2025.
Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual. Ante síntomas neurológicos súbitos o progresivos, busque atención inmediata.