Escolaridad e hipertensión: qué encontramos en 166 mil adultos en México

En 166,251 adultos evaluados en México, la hipertensión fue más frecuente entre quienes tenían menos años de estudio. Explicamos qué significa esta asociación, sus límites y su relevancia para la práctica clínica.

La presión arterial no depende solamente de lo que una persona come, cuánto ejercicio hace o si toma correctamente sus medicamentos. También se relaciona con las condiciones en las que vive, trabaja, aprende y recibe atención médica.

Una de esas condiciones es la escolaridad. Pero conviene aclararlo desde el principio: tener menos años de estudio no causa por sí mismo hipertensión, ni el nivel educativo determina inevitablemente la salud de alguien. La escolaridad puede funcionar como una señal de oportunidades y desventajas acumuladas a lo largo de la vida: ingresos, tipo de empleo, acceso a información comprensible, posibilidad de acudir a consulta, alimentación, estrés y continuidad del tratamiento, entre muchas otras.

Con esta perspectiva analizamos la relación entre escolaridad e hipertensión en 166,251 personas adultas que participaron en campañas mexicanas de medición de la presión arterial.

¿Qué estudiamos?

El trabajo reunió datos de las campañas May Measurement Month realizadas en México durante 2021, 2022 y 2023. Las personas acudieron voluntariamente a puntos de detección instalados en distintos estados del país.

Se consideró que una persona tenía hipertensión si había recibido previamente el diagnóstico, tomaba medicamentos para controlarla o presentaba una presión sistólica de al menos 140 mmHg o una presión diastólica de al menos 90 mmHg durante la evaluación.

Para el análisis se formaron tres grupos de escolaridad:

  • de 0 a 6 años de estudio;
  • de 7 a 12 años;
  • 13 años o más.

En el conjunto analizado, 60% eran mujeres, la edad promedio fue de 47 años y 37% cumplía criterios de hipertensión.

Una diferencia que no desapareció al ajustar los resultados

En las cifras sin ajustar, la hipertensión estuvo presente en:

  • 28% de quienes tenían 13 años o más de escolaridad;
  • 34% de quienes habían cursado entre 7 y 12 años;
  • 53% de quienes tenían entre 0 y 6 años.

Estas proporciones no pueden compararse de manera aislada, porque los grupos también diferían en edad, sexo y otras características. Por eso se realizó un análisis ajustado.

Después de considerar esas diferencias, las personas con 0 a 6 años de estudio tuvieron una prevalencia de hipertensión 22% mayor que quienes tenían 13 años o más. En el grupo de 7 a 12 años, la prevalencia fue 10% mayor.

La asociación fue más marcada en las mujeres. Además, la presión sistólica promedio fue más alta en los grupos con menor escolaridad: la diferencia alcanzó 7.7 mmHg en el conjunto de participantes, 9.2 mmHg entre las mujeres y 5.5 mmHg entre los hombres, al comparar los extremos de escolaridad.

¿Qué podría explicar la relación?

El estudio exploró algunos factores que podrían intervenir, como diabetes, consumo de alcohol, inactividad física y tabaquismo; en las mujeres también se consideró el antecedente de presión alta durante el embarazo.

En conjunto, estas variables explicaron estadísticamente alrededor de 14% a 19% de la asociación, según el sexo y el grupo educativo. Dicho de otra forma, la mayor parte de la diferencia no quedó explicada por los factores que se midieron.

Eso orienta la mirada hacia condiciones más amplias que no estaban disponibles en las encuestas: ingreso, ocupación, seguridad laboral, alimentación, estrés crónico, sueño, características del vecindario, acceso a medicamentos y servicios de salud, entre otras. No demuestra que alguna de ellas sea la causa; señala preguntas importantes para futuras investigaciones.

¿Por qué importa en la práctica clínica?

La escolaridad no debe utilizarse para etiquetar a las personas ni para anticipar que comprenderán menos o seguirán peor un tratamiento. Sí puede recordarnos que la prevención cardiovascular y la atención clínica necesitan ser accesibles para realidades muy distintas.

En la consulta, esto puede traducirse en acciones concretas:

  • medir la presión arterial de forma correcta y periódica, aun cuando no haya síntomas;
  • explicar el diagnóstico y el tratamiento con lenguaje claro, apoyos visuales y ejemplos cotidianos;
  • confirmar la comprensión pidiendo al paciente que explique con sus propias palabras el plan acordado;
  • preguntar por dificultades reales para conseguir medicamentos, asistir a consulta o cambiar hábitos;
  • integrar el control de diabetes y otros riesgos cardiovasculares;
  • reforzar el seguimiento, especialmente cuando existen barreras sociales o de acceso.

La hipertensión suele no producir síntomas. Por eso la Organización Mundial de la Salud subraya que medir la presión arterial es la única manera de detectarla con certeza.

Lo que este estudio no permite concluir

Los datos provienen de una detección voluntaria realizada en localidades seleccionadas, no de una muestra nacional representativa. Por lo tanto, el 37% observado no debe interpretarse como una nueva estimación de prevalencia para todo México.

Además, se trata de un análisis transversal: escolaridad, presión arterial y demás variables se observaron en el mismo periodo. Podemos hablar de una asociación, pero no afirmar que un nivel educativo determinado haya causado hipertensión. La escolaridad también es una medida parcial de la posición social y no sustituye información sobre ingreso, ocupación, entorno o acceso efectivo a la atención.

El artículo fue publicado en línea por BMC Public Health el 13 de agosto de 2026 como una versión aceptada, revisada por pares y citable, todavía sujeta a correcciones editoriales antes de la versión definitiva.

El mensaje central

La escolaridad no es un diagnóstico: es una pista sobre las condiciones sociales que pueden moldear el riesgo cardiovascular y la posibilidad de recibir atención oportuna.

Reducir las desigualdades en hipertensión requiere mucho más que recomendar buenos hábitos. También exige detección accesible, comunicación clínica comprensible, tratamientos disponibles y sistemas capaces de acompañar a cada persona según sus circunstancias.

Héctor Armando Rincón-León participó en el grupo de redacción y coordinación del estudio. Karla Reyna Navarro-Fuentes participó en la recolección de datos en Chiapas. Todas las personas autoras revisaron y aprobaron el manuscrito.

Fuentes

  • Collaborative Group on Arterial Hypertension. “Educational attainment and arterial hypertension in 160,000 Mexican adults: a pooled subanalysis of three surveys endorsed by the Collaborative Group on Arterial Hypertension”. BMC Public Health (publicación en línea, 2026). Consultar el artículo.
  • Organización Mundial de la Salud. “Hipertensión”.

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.

Sobre la vacunación contra COVID a mujeres embarazadas

Miércoles 12 de mayo de 2021

 

Ayer me preguntó uno de mis sobrinos consentidos sobre la vacunación a mujeres embarazadas para covid, así me enteré de que su esposa y él están a punto de ser papás -no es cierto, ya sabía 🙂– sin embargo, me pareció un tema muy interesante porque este lunes pasado inició la vacunación a mujeres embarazadas en México.

 

Primero, ¿por qué deben ser consideradas las mujeres -de cualquier edad- embarazadas como un grupo prioritario para vacunación contra covid? Bueno, porque ellas tienen un riesgo incrementado para enfermedad severa en comparación con las mujeres no embarazadas, con una tasa incrementada de admisión a la unidad de cuidados intensivos, requerimiento de oxígeno suplementario, ventilación mecánica y mortalidad. Adicionalmente, las mujeres embarazadas con covid pueden tener un riesgo incrementado de resultados adversos del embarazo, tales como parto pretérmino.

 

También existe evidencia de infección por SARS-CoV-2 en la placenta y transmisión vertical -de la madre al hijo- de la infección in utero, detectándose bebés recién nacidos positivos a la infección. Los recién nacidos de mujeres con covid tienen un riesgo incrementado de requerir ingresar a la terapia intensiva neonatal.

 

Segundo, ¿la vacunación contra covid es segura para las mujeres embarazadas? De eso no se sabe mucho hasta ahora, y eso es porque cuando se hacen los estudios de seguridad y eficacia de las vacunas, las mujeres embarazadas no son incluidas en ellos, esto es porque dichos estudios deben ser revisados y aprobados por los comités de ética en investigación que los autorizan y, por supuesto, las mujeres embarazadas son un grupo prioritario de alto riesgo para la investigación en salud -visto en términos simples y mundanos, si algo sale mal estás dañando a dos personas en vez de una, además de a una persona que no dio su autorización para ser sometido a un experimento-, por lo que no se incluyen en los estudios iniciales; sin embargo, durante los estudios muchas mujeres se embarazan, o bien ya estaban embarazadas y no lo sabían, por lo que dieron su anuencia para la participación en el estudio a pesar de que no hubieran sido incluidas si supieran su estado de gravidez.

 

En este grupo de mujeres -embarazadas durante el estudio o embarazadas previamente sin saberlo-, que en general es muy pequeño, no se ha encontrado ningún riesgo o complicación diferente al que tiene una mujer que no está embarazada durante el proceso de vacunación anti-covid.

 

Para las vacunas de mRNA, ya se realizaron estudios específicos con aproximadamente 30 mil mujeres y no parece que exista ninguna complicación con el embarazo o el bebé durante la vacunación -estas son Pfizer y Moderna, sólo la primera se aplica en México-.

 

¿Qué pasa con las otras vacunas? No sabemos mucho, sólo lo que ha ocurrido en los estudios en las situaciones ya señaladas previamente. Sin embargo, en esos grupos no ha habido ningún indicio de que haya riesgos adicionales. Por lo general, las vacunas son seguras durante el embarazo, algunas vacunas como SINOVAC tienen mecanismos similares a la de influenza que utilizamos anualmente sin complicaciones en mujeres embarazadas, por lo que no se anticipan efectos adversos adicionales.

 

En las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson lo más destacable es el riesgo de trombosis en mujeres jóvenes -aunque también ocurren en hombres-, con un riesgo de 1.1 casos por cada 100,000 personas inmunizadas entre los 20 y 29 años de edad, conforme aumenta la edad, el riesgo disminuye hasta llegar a 0.2 por 100,000 para el grupo de 60 a 69 -para comparar riesgos, sirva exponer que entre las mujeres que toman anticonceptivos hormonales orales, que son muchas en México y en todo el mundo, el riesgo de trombosis y eventos vasculares es de 60 por cada 100,000-. De esta forma, mi opinión es que los beneficios de la vacunación con AstraZeneca y con J&J son por mucho mayores a los riesgos de utilizarla.

 

Finalmente, un beneficio adicional de vacunar a las mujeres embarazadas contra covid es que sus hijos nacerán con una protección que les durará varios meses gracias a los anticuerpos -IgG- que sus madres les transmitirán a través de la placenta -entre 2 y 12 meses, favorecido ampliamente por la alimentación al seno materno-.

 

Así que mi opinión es: ¡Excelente noticia! Y mejor aún si lo hacen con Pfizer, aunque en realidad cualquiera es buena. Claro, es posible que, al aumentar exponencialmente el número de mujeres embarazadas vacunadas, veamos reportes de efectos adversos o algún riesgo específico, sin embargo, con la información actual, los beneficios son mucho mayores a los riesgos -que son los mismos que para el resto de la población-, por lo que yo diría, sí vacúnense.

¿Qué porcentaje de la población nativa americana falleció tras la llegada de los conquistadores españoles?

De acuerdo a Acuña y cols., durante el siglo 16 México sufrió una catástrofe demográfica; en 1519, cuando llegaron los españoles, la población de México se calcula entre los 15 y 30 millones de habitantes; 81 años más tarde, en 1600, sólo quedaban 2 millones.


En general se acepta que las epidemias (viruela, sarampión, parotiditis), junto con la guerra y hambruna, fueron las principales causas de está terrible pérdida poblacional, sin embargo, una re-evaluación de los datos históricos llevaron a Acuña a sugerir que aproximadamente entre el 60 y 70% de las muertes fueron ocasionadas por una serie de fiebres hemorrágicas de origen desconocido (llamadas Cocoliztli por la población indígena), Acuña y colaboradores sugieren que podría haberse tratado de Salmonella enterica, subespecie Paratyphi C.

Indígenas enfermos de viruela, Códice Florentino

Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:FlorentineCodex_BK12_F54_smallpox.jpg



No puedo aportar datos sobre lo que sucedió en el resto de América, sin embargo no creo que haya mucha diferencia a lo ocurrido en México.

(Acuña Soto, Rodolfo; Stahle, David W.; Therrell, Matthew D.; Griffin, Richard D.; Cleaveland, Malcolm K. (2004). «When half of the population died: the epidemic of hemorrhagic fevers of 1576 in Mexico». FEMS Microbiology Letters (en inglés) 240 (1): 1-5. PMID 15500972. doi:10.1016/j.femsle.2004.09.011)