Colesterol LDL y seguimiento digital: ¿qué cambió en 12 meses con la app REMEXDIS?

En 14,497 usuarios de la app REMEXDIS, el control del colesterol LDL mejoró durante 12 meses. Los resultados son prometedores, pero deben interpretarse como asociaciones y no como prueba de causalidad.

Una aplicación móvil no sustituye una consulta, no prescribe medicamentos y no elimina las barreras de acceso. Pero puede ayudar a que una indicación no se pierda entre una cita y la siguiente. Esa fue la idea detrás de la aplicación REMEXDIS: acompañar el seguimiento del colesterol LDL en personas con riesgo cardiovascular alto o muy alto.

En la entrada anterior explicamos que una proporción importante de los pacientes del registro REMEXDIS-IMSS no alcanzaba su meta de LDL al inicio. El nuevo análisis siguió a los participantes durante 12 meses y evaluó qué ocurrió entre quienes utilizaron la aplicación móvil del estudio.

¿Qué hacía la aplicación REMEXDIS?

La aplicación fue diseñada para complementar la atención clínica. Entre sus funciones se encontraban:

  • recordatorios de citas médicas;
  • un calendario configurable para medicamentos y otras actividades de cuidado;
  • mensajes personalizados cuando el paciente alcanzaba o no su meta de LDL;
  • y alertas al médico tratante cuando el resultado se encontraba fuera del objetivo recomendado.

Las notificaciones se enviaban cada 30 días o se actualizaban con nuevos resultados de laboratorio. La descarga era gratuita, pero las funciones estaban restringidas a participantes activos de REMEXDIS; no era una aplicación abierta al público general.

Un seguimiento amplio en condiciones reales

El estudio incluyó a 17,532 personas adultas atendidas en unidades del Instituto Mexicano del Seguro Social y clasificadas con riesgo cardiovascular alto o muy alto. El uso de la aplicación fue voluntario: 15,346 participantes la utilizaron y 2,186 no lo hicieron.

Los investigadores contaron con resultados al inicio y a los 12 meses de 14,497 usuarios. También compararon sus resultados finales con los de 1,291 participantes sin aplicación que tenían mediciones disponibles al año.

La cifra principal: más personas alcanzaron su meta

Entre los usuarios con información completa, la mediana del colesterol LDL disminuyó de 60 a 48 mg/dL. Al mismo tiempo, la proporción que alcanzaba la meta recomendada aumentó de 55.4% a 77.5%.

La mejoría apareció en los dos grupos de riesgo:

  • en las personas con riesgo alto, el cumplimiento de la meta aumentó de 61.3% a 85.8%;
  • en quienes tenían riesgo muy alto, pasó de 48.9% a 68.4%.

El avance fue considerable, aunque la brecha persistió entre los pacientes de muy alto riesgo. Este grupo tiene metas más estrictas y, con frecuencia, necesita tratamientos más intensivos y un seguimiento especialmente cuidadoso.

También cambió la intensidad del tratamiento

Durante el seguimiento disminuyó la proporción de pacientes que recibía un solo medicamento hipolipemiante: pasó de 84.2% a 54.0%. En contraste, la terapia dual aumentó de 13.4% a 43.8%.

Estos cambios coincidieron con la mejoría del LDL. Las alertas y los recordatorios pudieron favorecer una revisión más oportuna, pero el estudio no permite identificar cuánto aportó cada componente. Tampoco se registraron sistemáticamente el uso de la aplicación, la respuesta a las alertas o la adherencia real a los medicamentos.

¿Fue mejor el resultado entre quienes usaron la aplicación?

Después de ajustar el análisis por las principales diferencias clínicas y demográficas, el uso de la aplicación se asoció con un LDL 11.53 mg/dL menor a los 12 meses.

Además, los usuarios tuvieron 2.89 veces mayores posibilidades estadísticas de alcanzar su meta de LDL que los participantes sin aplicación. Un análisis adicional para tomar en cuenta las diferencias en la disponibilidad del seguimiento produjo resultados similares.

Son asociaciones relevantes, pero no equivalen a demostrar que la aplicación causó la mejoría.

La precaución necesaria: no fue un ensayo aleatorizado

Los participantes decidieron si utilizaban la aplicación. Quienes la descargaron podrían diferir de quienes no lo hicieron en motivación, acceso, familiaridad tecnológica u otros factores no medidos.

También hubo una diferencia importante en el seguimiento: se contó con resultados de LDL a los 12 meses en el 94.5% de los usuarios de la aplicación, frente al 59.1% de los no usuarios. Los análisis estadísticos de sensibilidad reducen esta preocupación, pero no eliminan la posibilidad de sesgo.

La formulación correcta es que el uso de la aplicación se asoció con mejores resultados; no que los produjo necesariamente por sí solo.

¿Qué aporta este estudio a la práctica clínica?

La enseñanza no es que un teléfono pueda resolver el control del colesterol. El seguimiento puede mejorar cuando la tecnología se integra a la atención y conecta acciones sencillas:

  • recordar al paciente sus citas y actividades de cuidado;
  • mostrar de manera comprensible si el LDL está dentro de la meta;
  • avisar al equipo de salud cuando se necesita revisar el plan;
  • y facilitar ajustes oportunos en lugar de esperar a que transcurran meses sin seguimiento.

La tecnología resulta más útil cuando fortalece la relación entre el paciente y su equipo clínico. No reemplaza la valoración individual, la conversación sobre beneficios y riesgos ni la decisión compartida sobre el tratamiento.

En pocas palabras

Tras 12 meses, los usuarios de REMEXDIS mostraron menores niveles de LDL, mayor cumplimiento de las metas y un uso más frecuente de terapias combinadas. La magnitud del cambio es prometedora y demuestra que una estrategia digital puede incorporarse a la atención cotidiana en una red grande y diversa.

El siguiente paso será confirmar estos hallazgos con estudios más controlados y determinar si las mejoras se mantienen, son costo-efectivas y se traducen en menos eventos cardiovasculares.

Nuestra participación

Héctor Armando Rincón León forma parte del Research Group REMEXDIS y aparece entre los colaboradores de Chiapas. El artículo reconoce al grupo por su participación en la recolección de datos y por el apoyo técnico y administrativo para el desarrollo del estudio.

Transparencia

El estudio recibió una subvención no restringida de Amgen México para un proyecto iniciado por investigadores. Medicaweb participó como organización de investigación por contrato con apoyo operativo y metodológico limitado al monitoreo y al control de calidad. De acuerdo con el artículo, Amgen no tuvo acceso a los datos clínicos ni intervino en el diseño, el análisis, la interpretación de los resultados o la preparación del manuscrito. Los autores declararon no tener conflictos financieros personales relacionados con el trabajo.

Referencia

Hernández González MA, Fernández Hernández JP, Borrayo Sánchez G, Solorio Meza SE, Cruz Aceves I, Gil-Ríos MÁ, Bonifaz Alfonzo LC, Research Group REMEXDIS. Digital Intervention to Optimize LDL-C and Lipid Management in Patients at High and Very High Cardiovascular Risk: The Findings of the REMEXDIS Study in Real-World Clinical Practice. Data. 2026;11:250. https://doi.org/10.3390/data11100250

Colesterol LDL en México: ¿por qué casi la mitad de los pacientes de alto riesgo no alcanza su meta?

Un registro multicéntrico de 17,532 pacientes atendidos en el IMSS revela que el control del colesterol LDL sigue siendo insuficiente, especialmente entre quienes viven con riesgo cardiovascular muy alto.

El colesterol LDL suele resumirse en una cifra. Sin embargo, esa cifra no significa lo mismo para todas las personas: cuanto mayor es el riesgo cardiovascular, más baja debe ser la meta y más estrecho el seguimiento.

Un registro multicéntrico con 17,532 pacientes atendidos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) muestra que el control del colesterol LDL todavía es insuficiente, especialmente entre quienes ya viven con un riesgo cardiovascular muy alto.

¿Qué investigó REMEXDIS-IMSS?

El Registro Mexicano de Dislipidemias del IMSS, conocido como REMEXDIS-IMSS, reúne información clínica de personas adultas con riesgo cardiovascular alto o muy alto atendidas en unidades de medicina familiar y hospitales de segundo y tercer nivel de distintas regiones de México.

Este trabajo analizó la evaluación inicial de la cohorte. Los participantes fueron incorporados entre septiembre de 2022 y enero de 2024 durante consultas ambulatorias. Por ello, el estudio ofrece una fotografía amplia de la práctica clínica cotidiana, pero no representa una encuesta de toda la población mexicana.

¿Quiénes participaron?

  • La mediana de edad fue de 64 años.
  • El 54.3% fueron mujeres.
  • El 64.7% tenía diabetes mellitus.
  • El 67.4% tenía hipertensión.
  • El 33.2% reportó antecedente de tabaquismo.
  • El 51.3% fue clasificado con riesgo cardiovascular alto y el 48.7% con riesgo muy alto.

La diferencia entre riesgo alto y muy alto no es sólo una etiqueta. Resume antecedentes como diabetes de larga evolución, enfermedad renal, eventos cardiovasculares previos y otras condiciones que modifican la probabilidad de presentar un infarto, un evento cerebrovascular u otra complicación.

La cifra central: alcanzar la meta sigue siendo difícil

En el estudio, la meta de colesterol LDL fue menor de 70 mg/dL para las personas con riesgo alto y menor de 55 mg/dL para quienes tenían riesgo muy alto.

Al momento de la evaluación, alcanzaba su meta:

  • el 56.4% de los pacientes con riesgo alto;
  • y sólo el 43.1% de quienes tenían riesgo muy alto.

En otras palabras, una proporción considerable permanecía por encima de la meta precisamente en el grupo que más podría beneficiarse de una reducción adicional del LDL. El hallazgo también recuerda que observar únicamente el valor promedio puede ocultar a muchas personas con cifras todavía elevadas.

Más intensidad terapéutica, mejor control… con una salvedad

Las personas que recibían tratamientos más intensivos —por ejemplo, combinaciones de estatina, ezetimiba y un inhibidor de PCSK9— alcanzaron la meta con mayor frecuencia que quienes recibían monoterapia. Con terapia triple, aproximadamente tres de cada cuatro pacientes alcanzaban el objetivo de LDL.

Esto no significa que el estudio haya demostrado que una combinación específica sea la mejor opción para cualquier persona. El análisis fue transversal y los tratamientos no se asignaron al azar. La elección depende del riesgo individual, los antecedentes, la tolerancia, las contraindicaciones, el acceso y la valoración médica.

¿Qué implicaciones tiene para la práctica clínica?

  • Medir no basta: es necesario interpretar el LDL dentro del riesgo cardiovascular de cada persona.
  • La meta debe quedar clara: pacientes con cifras similares pueden necesitar objetivos diferentes.
  • El seguimiento importa: una cifra fuera de meta requiere revisar adherencia, tratamiento, efectos adversos y barreras de acceso.
  • La coordinación es esencial: medicina familiar y atención especializada deben trabajar de manera continua, sobre todo en pacientes de muy alto riesgo.

Lo que el estudio no permite concluir

Los resultados no deben interpretarse como la prevalencia nacional de dislipidemia. Todos los participantes ya tenían riesgo cardiovascular alto o muy alto y recibían atención en el IMSS. Tampoco puede establecerse una relación causal entre la intensidad del tratamiento y el control del LDL.

Además, el registro no contó con información completa sobre duración y dosis del tratamiento, adherencia, alimentación, actividad física o condiciones socioeconómicas. Estas variables también pueden influir en el resultado.

En pocas palabras

Casi la mitad de las personas con riesgo cardiovascular alto o muy alto no alcanzaba la meta recomendada de colesterol LDL. La brecha fue mayor entre quienes tenían riesgo muy alto, el grupo que enfrenta las metas más estrictas y las consecuencias potencialmente más graves.

El mensaje no es perseguir una cifra aislada ni modificar medicamentos por cuenta propia. Es conocer el riesgo individual, acordar una meta con el equipo de salud y mantener un seguimiento capaz de detectar cuándo el tratamiento necesita ajustarse.

Nuestra participación

Héctor Armando Rincón León figura entre los colaboradores del REMEXDIS Research Group. El artículo reconoce al grupo por su participación en la recolección de datos, el apoyo técnico y administrativo, el análisis y la preparación del manuscrito. La autoría debe entenderse como una contribución colectiva dentro de esta red nacional de investigación.

Este artículo es la primera parte de una breve serie sobre REMEXDIS. En la siguiente entrada explicaremos qué ocurrió durante el seguimiento de 12 meses y qué se observó entre las personas que utilizaron la aplicación móvil del estudio.

Transparencia

El estudio recibió una subvención no restringida de Amgen México para un proyecto iniciado por investigadores. De acuerdo con la publicación, la empresa no tuvo acceso a los datos clínicos ni participó en el diseño, el análisis, la interpretación o la preparación del manuscrito. Los autores declararon no tener conflictos financieros relacionados con el trabajo.

Referencia

Hernández González MA, Fernández Hernández JP, Borrayo Sánchez G, Solorio Meza SE, Cruz Aceves I, Bonifaz Alfonzo LC, REMEXDIS Research Group. Mexican Registry of Dyslipidemias of the Mexican Institute of Social Security: Lipid Profiles in Patients at High and Very High Cardiovascular Risk. Archives of Medical Research. 2027;58:103520. https://doi.org/10.1016/j.arcmed.2026.103520

Sarampión en México: ¿cómo abren las brechas de vacunación la puerta a nuevos brotes?

En 2020 advertimos que una emergencia podía debilitar la vacunación. Seis años después, explicamos qué enseñan los brotes de sarampión en México, por qué cada esquema incompleto importa y cómo actuar sin alarmismo.

En 2020, cuando la atención del mundo estaba concentrada en la COVID-19, publicamos un editorial con una preocupación concreta: que la emergencia interrumpiera los programas de vacunación y dejara espacio para el regreso de enfermedades prevenibles.

No era una predicción sobre un brote específico. Era una advertencia sobre el funcionamiento de la salud pública. El sarampión no necesita que desaparezcan todas las vacunas para volver a circular; le basta encontrar suficientes personas susceptibles conectadas entre sí.

Seis años después, esa reflexión resulta especialmente pertinente. El informe de situación de la Organización Panamericana de la Salud publicado el 1 de septiembre de 2026 registró, con datos hasta el 22 de agosto, 12,607 casos confirmados y 18 defunciones en México. En toda la Región de las Américas se habían notificado 51,027 casos: 4.6 veces más que durante el mismo periodo de 2025.

Las cifras pueden cambiar conforme avanza la vigilancia. Por eso deben leerse con fecha de corte y consultarse en los informes oficiales. Su mensaje, sin embargo, es claro: mantener una cobertura alta y homogénea de vacunación sigue siendo una tarea esencial.

¿Por qué el sarampión se propaga con tanta facilidad?

El sarampión es una enfermedad viral transmitida por el aire. Una persona infectada puede expulsar el virus al respirar, toser o estornudar. La Organización Mundial de la Salud señala que el virus puede permanecer activo en el aire o sobre superficies hasta dos horas y que una persona enferma puede generar hasta 18 infecciones secundarias cuando quienes la rodean no son inmunes.

Los primeros síntomas suelen aparecer entre 7 y 14 días después de la exposición. Incluyen fiebre, tos, escurrimiento nasal, ojos rojos y llorosos y pequeñas manchas blancas dentro de la boca. El exantema —las manchas rojizas en la piel— suele aparecer varios días después, primero en la cara y el cuello y luego en el resto del cuerpo.

Aunque muchas personas se recuperan, el sarampión no es una enfermedad trivial. Puede provocar neumonía, diarrea grave, encefalitis, daño ocular y muerte. El riesgo de complicaciones es mayor en menores de cinco años, personas adultas mayores de 30, embarazadas, personas con desnutrición o con inmunidad debilitada.

El daño no siempre termina cuando desaparece el exantema

En nuestro editorial explicamos un efecto menos conocido: la llamada “amnesia inmunitaria”. La infección puede reducir parte de la memoria que el sistema inmunitario había desarrollado contra otros microorganismos. Después de superar el sarampión, una persona puede quedar temporalmente más vulnerable a otras infecciones.

Esta es otra razón para no presentar el sarampión como una simple enfermedad de la infancia ni como “unos días de ronchas”. La prevención evita el episodio agudo, sus complicaciones y parte del riesgo que puede persistir después.

Una vacuna individual produce protección colectiva

La vacuna contra el sarampión es segura y efectiva. Se requieren dos dosis porque no todas las personas desarrollan una respuesta suficiente después de la primera. Debido a la enorme facilidad de transmisión del virus, las autoridades sanitarias buscan coberturas superiores al 95% para interrumpir las cadenas de contagio.

Ese porcentaje debe alcanzarse de manera homogénea. Un promedio nacional aparentemente adecuado puede ocultar municipios, comunidades, escuelas o grupos de edad con muchas personas sin esquema completo. Esas concentraciones de susceptibilidad permiten que un caso importado o una cadena no detectada produzcan un brote.

Vacunarse protege a quien recibe la dosis, pero también reduce las oportunidades de que el virus llegue a bebés demasiado pequeños para completar su esquema, personas con contraindicaciones médicas y quienes tienen mayor riesgo de enfermedad grave.

¿La pandemia explica el brote actual?

La respuesta corta es: no por sí sola.

Durante la emergencia por COVID-19 se aplazaron campañas, disminuyeron algunas consultas preventivas y millones de niñas y niños en el mundo dejaron de recibir vacunas a tiempo. Nuestro editorial llamó la atención sobre ese riesgo cuando todavía se desconocía cuánto duraría la interrupción.

Pero atribuir toda la situación de 2026 exclusivamente a la pandemia sería una simplificación. Las brechas de vacunación pueden acumularse por dificultades de acceso, desabasto, movilidad de la población, horarios poco accesibles, oportunidades perdidas durante las consultas, información confusa, desconfianza y diferencias entre territorios. La circulación internacional del virus también puede iniciar cadenas de transmisión allí donde encuentra suficientes personas susceptibles.

La lección es más amplia: los servicios esenciales de prevención deben continuar durante cualquier emergencia y después deben identificar y recuperar con rapidez los esquemas atrasados.

¿Qué podemos hacer hoy?

  1. Revisar la Cartilla Nacional de Salud. Conviene comprobar el esquema de niñas, niños y adolescentes, y revisar los propios antecedentes de vacunación.
  2. Pedir orientación si faltan dosis o existe duda. La estrategia puede cambiar según la edad, el antecedente y la situación epidemiológica. El personal de salud debe indicar qué vacuna corresponde.
  3. Consultar los puntos oficiales. La Secretaría de Salud habilitó la plataforma ¿Dónde me vacuno? para localizar sitios de vacunación y conocer los grupos prioritarios.
  4. Actuar ante síntomas compatibles. Fiebre acompañada de exantema, tos, escurrimiento nasal o conjuntivitis requiere valoración. Es recomendable contactar primero a los servicios de salud y seguir sus indicaciones para evitar exponer a otras personas en salas de espera o transportes.
  5. No automedicarse ni difundir rumores. No existe un tratamiento antiviral específico que cure el sarampión. La atención médica busca aliviar síntomas, detectar complicaciones y aplicar las medidas de salud pública necesarias.

La vacunación no debe convertirse en motivo de confrontación. Las preguntas legítimas merecen respuestas claras, respetuosas y basadas en evidencia. Recuperar la confianza exige vacunas disponibles, servicios accesibles y personal dispuesto a escuchar.

Lo que conserva vigencia desde 2020

El editorial que Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León publicamos en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social no fue un estudio con pacientes. Fue un análisis y un llamado a proteger los programas de inmunización durante la emergencia por COVID-19.

Propusimos mejorar la información sobre coberturas, fortalecer la vigilancia, garantizar el acceso a las vacunas y estudiar cómo las emergencias sanitarias afectan los esquemas de inmunización. La situación de 2026 confirma la importancia práctica de esas tareas, aunque no permite afirmar que la pandemia sea la causa única del brote actual.

El mensaje central

El sarampión es tan contagioso que cada brecha importa. Los brotes no se controlan únicamente atendiendo a quienes enferman: se controlan encontrando esquemas incompletos, acercando la vacunación a la población, detectando casos con rapidez y comunicando sin alarmismo.

Revisar una cartilla parece una acción pequeña. Multiplicada en hogares, escuelas, consultorios y comunidades, puede cerrar la puerta que el virus necesita para seguir circulando.

Fuentes

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica ni las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Hipertensión: medir es sólo el comienzo. Hallazgos en casi 42 mil personas en México

En un tamizaje de 41,953 adultos en México, 17.1% tenía hipertensión sin tratar o insuficientemente controlada. Explicamos por qué medir es sólo el comienzo y cómo cerrar la ruta hacia el control.

Una medición de presión arterial dura pocos minutos. Lo difícil viene después: confirmar el diagnóstico, iniciar o ajustar el tratamiento y mantener un seguimiento que permita alcanzar el control.

Esa es una de las lecciones más claras de May Measurement Month 2022 en México. La campaña evaluó a 41,953 personas adultas y encontró que 7,176 —el 17.1% de todas las participantes— tenían hipertensión sin tratar o con un control insuficiente.

La cifra no describe la prevalencia nacional. Sí muestra cuánto puede descubrir una estrategia de detección cuando la medición se conecta con la atención clínica.

¿Cómo se realizó la campaña?

May Measurement Month es una iniciativa internacional para aumentar el conocimiento sobre la presión arterial. En México, la campaña de 2022 se llevó a cabo entre mayo y agosto, principalmente en unidades de primer contacto de Ciudad de México, Estado de México, Coahuila, Michoacán, Chiapas, Morelos y Campeche.

Participaron voluntariamente personas de 18 años o más. Personal médico y de enfermería capacitado realizó idealmente tres mediciones con la persona sentada y separadas por un minuto. Para el análisis se utilizó el promedio de la segunda y la tercera lectura.

El estudio consideró hipertensión una presión sistólica de 140 mmHg o más, una presión diastólica de 90 mmHg o más, o el uso de medicamentos antihipertensivos. Se consideró controlada cuando una persona que recibía tratamiento presentaba cifras menores de 140/90 mmHg.

La ruta desde la detección hasta el control

La edad promedio de las personas evaluadas fue de 48.5 años y 58.2% eran mujeres. Estos fueron los principales resultados:

  • 16,888 participantes, equivalentes al 40.3% de la muestra, cumplieron los criterios de hipertensión;
  • 85.7% de quienes tenían hipertensión ya conocían su diagnóstico;
  • 84.5% recibían medicamentos antihipertensivos;
  • 68.1% de las personas tratadas tenían la presión controlada;
  • si se considera a todas las personas con hipertensión, tratadas o no, el control alcanzó 57.5%;
  • 1,655 participantes, el 3.9% de la muestra, dijeron que nunca antes les habían medido la presión arterial.

También se identificaron 2,623 personas que no tomaban tratamiento y presentaron presión elevada durante el tamizaje. Al sumar a quienes recibían medicamentos pero continuaban fuera de control, 7,176 participantes tenían hipertensión sin tratar o insuficientemente controlada.

Conocer el diagnóstico no garantiza el control

Los porcentajes de conocimiento y tratamiento fueron altos dentro de esta muestra. Sin embargo, casi una de cada tres personas que tomaba medicamentos no alcanzó el nivel de control utilizado por el estudio.

Los autores plantearon que este resultado podría estar relacionado con inercia clínica, es decir, con la ausencia de ajustes oportunos cuando el tratamiento no consigue su objetivo. Pero el estudio no observó directamente las decisiones tomadas en cada consulta y, por ello, no permite atribuir la falta de control únicamente al personal de salud.

También pueden intervenir la toma irregular del medicamento, dosis o combinaciones insuficientes, efectos adversos, dificultades económicas o de acceso, poco tiempo de seguimiento, mediciones imprecisas y otros problemas clínicos. Distinguir entre estas posibilidades requiere una evaluación individual.

¿Qué aporta a la práctica clínica?

El tamizaje sirve cuando abre una ruta concreta de atención. En la consulta, esa ruta puede incluir:

  1. Medir correctamente. Usar un brazalete adecuado, permitir reposo, mantener una posición correcta y repetir la lectura reduce errores evitables.
  2. Confirmar. Una cifra elevada durante una campaña no equivale por sí sola a un diagnóstico definitivo. La Organización Mundial de la Salud señala que, en general, el diagnóstico requiere mediciones elevadas en dos días distintos.
  3. Evaluar el riesgo completo. La presión debe interpretarse junto con diabetes, enfermedad renal, tabaquismo, antecedentes cardiovasculares y otros factores.
  4. Revisar el tratamiento. Cuando la presión permanece elevada, conviene comprobar cómo se toman los medicamentos, explorar barreras y valorar si es necesario ajustar el esquema.
  5. Asegurar continuidad. Una referencia sin seguimiento puede convertirse en una oportunidad perdida. Los registros, recordatorios y citas de control ayudan a cerrar esa brecha.

Estas acciones también deben adaptarse a las condiciones sociales de cada persona. Como explicamos en nuestra entrada sobre escolaridad e hipertensión, la capacidad de acudir a consulta, comprender el plan y conseguir los medicamentos no se distribuye de manera uniforme.

Lo que las cifras no representan

La campaña utilizó un muestreo oportunista: participaron personas que acudieron voluntariamente a centros seleccionados, muchos de ellos vinculados con la seguridad social. No fue una encuesta probabilística de todos los adultos del país.

Por esa razón, el 40.3% observado no debe presentarse como la prevalencia de hipertensión en México ni compararse directamente con encuestas nacionales como si las poblaciones fueran equivalentes. La elevada proporción de participantes que ya conocían su diagnóstico o recibían tratamiento probablemente refleja, al menos en parte, el lugar y la forma en que fueron reclutados.

El diseño fue transversal y la información sobre antecedentes y medicamentos se obtuvo mediante cuestionario. Además, se estimaron estadísticamente lecturas faltantes para 368 participantes, el 0.9% de la muestra. Estas características deben considerarse al interpretar los resultados.

El mensaje central

Detectar una presión elevada es importante, pero el beneficio aparece cuando la persona llega a confirmación diagnóstica, tratamiento adecuado y seguimiento hasta alcanzar el control.

Las campañas amplias pueden encontrar a quienes nunca se habían medido, identificar tratamientos que necesitan revisión y recordar que la hipertensión suele avanzar sin síntomas. El reto para los servicios de salud es convertir cada medición en una oportunidad de atención continua.

Héctor Armando Rincón-León participó como coautor del estudio.

Fuentes

  • Alcocer L, Palomo S, Berumen Lechuga MG, et al. “May Measurement Month 2022: an analysis of blood pressure screening results from Mexico”. European Heart Journal Supplements. 2025;27(Suppl 7):vii54–vii56. Consultar el artículo.
  • Organización Mundial de la Salud. “Hipertensión”.

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.

Escolaridad e hipertensión: qué encontramos en 166 mil adultos en México

En 166,251 adultos evaluados en México, la hipertensión fue más frecuente entre quienes tenían menos años de estudio. Explicamos qué significa esta asociación, sus límites y su relevancia para la práctica clínica.

La presión arterial no depende solamente de lo que una persona come, cuánto ejercicio hace o si toma correctamente sus medicamentos. También se relaciona con las condiciones en las que vive, trabaja, aprende y recibe atención médica.

Una de esas condiciones es la escolaridad. Pero conviene aclararlo desde el principio: tener menos años de estudio no causa por sí mismo hipertensión, ni el nivel educativo determina inevitablemente la salud de alguien. La escolaridad puede funcionar como una señal de oportunidades y desventajas acumuladas a lo largo de la vida: ingresos, tipo de empleo, acceso a información comprensible, posibilidad de acudir a consulta, alimentación, estrés y continuidad del tratamiento, entre muchas otras.

Con esta perspectiva analizamos la relación entre escolaridad e hipertensión en 166,251 personas adultas que participaron en campañas mexicanas de medición de la presión arterial.

¿Qué estudiamos?

El trabajo reunió datos de las campañas May Measurement Month realizadas en México durante 2021, 2022 y 2023. Las personas acudieron voluntariamente a puntos de detección instalados en distintos estados del país.

Se consideró que una persona tenía hipertensión si había recibido previamente el diagnóstico, tomaba medicamentos para controlarla o presentaba una presión sistólica de al menos 140 mmHg o una presión diastólica de al menos 90 mmHg durante la evaluación.

Para el análisis se formaron tres grupos de escolaridad:

  • de 0 a 6 años de estudio;
  • de 7 a 12 años;
  • 13 años o más.

En el conjunto analizado, 60% eran mujeres, la edad promedio fue de 47 años y 37% cumplía criterios de hipertensión.

Una diferencia que no desapareció al ajustar los resultados

En las cifras sin ajustar, la hipertensión estuvo presente en:

  • 28% de quienes tenían 13 años o más de escolaridad;
  • 34% de quienes habían cursado entre 7 y 12 años;
  • 53% de quienes tenían entre 0 y 6 años de estudio.

Estas proporciones no pueden compararse de manera aislada, porque los grupos también diferían en edad, sexo y otras características. Por eso se realizó un análisis ajustado.

Después de considerar esas diferencias, las personas con 0 a 6 años de estudio tuvieron una prevalencia de hipertensión 22% mayor que quienes tenían 13 años o más. En el grupo de 7 a 12 años, la prevalencia fue 10% mayor.

La asociación fue más marcada en las mujeres. Además, la presión sistólica promedio fue más alta en los grupos con menor escolaridad: la diferencia alcanzó 7.7 mmHg en el conjunto de participantes, 9.2 mmHg entre las mujeres y 5.5 mmHg entre los hombres, al comparar los extremos de escolaridad.

¿Qué podría explicar la relación?

El estudio exploró algunos factores que podrían intervenir, como diabetes, consumo de alcohol, inactividad física y tabaquismo; en las mujeres también se consideró el antecedente de presión alta durante el embarazo.

En conjunto, estas variables explicaron estadísticamente alrededor de 14% a 19% de la asociación, según el sexo y el grupo educativo. Dicho de otra forma, la mayor parte de la diferencia no quedó explicada por los factores que se midieron.

Eso orienta la mirada hacia condiciones más amplias que no estaban disponibles en las encuestas: ingreso, ocupación, seguridad laboral, alimentación, estrés crónico, sueño, características del vecindario, acceso a medicamentos y servicios de salud, entre otras. No demuestra que alguna de ellas sea la causa; señala preguntas importantes para futuras investigaciones.

¿Por qué importa en la práctica clínica?

La escolaridad no debe utilizarse para etiquetar a las personas ni para anticipar que comprenderán menos o seguirán peor un tratamiento. Sí puede recordarnos que la prevención cardiovascular y la atención clínica necesitan ser accesibles para realidades muy distintas.

En la consulta, esto puede traducirse en acciones concretas:

  • medir la presión arterial de forma correcta y periódica, aun cuando no haya síntomas;
  • explicar el diagnóstico y el tratamiento con lenguaje claro, apoyos visuales y ejemplos cotidianos;
  • confirmar la comprensión pidiendo al paciente que explique con sus propias palabras el plan acordado;
  • preguntar por dificultades reales para conseguir medicamentos, asistir a consulta o cambiar hábitos;
  • integrar el control de diabetes y otros riesgos cardiovasculares;
  • reforzar el seguimiento, especialmente cuando existen barreras sociales o de acceso.

La hipertensión suele no producir síntomas. Por eso la Organización Mundial de la Salud subraya que medir la presión arterial es la única manera de detectarla con certeza.

Lo que este estudio no permite concluir

Los datos provienen de una detección voluntaria realizada en localidades seleccionadas, no de una muestra nacional representativa. Por lo tanto, el 37% observado no debe interpretarse como una nueva estimación de prevalencia para todo México.

Además, se trata de un análisis transversal: escolaridad, presión arterial y demás variables se observaron en el mismo periodo. Podemos hablar de una asociación, pero no afirmar que un nivel educativo determinado haya causado hipertensión. La escolaridad también es una medida parcial de la posición social y no sustituye información sobre ingreso, ocupación, entorno o acceso efectivo a la atención.

El artículo fue publicado en línea por BMC Public Health el 13 de agosto de 2026 como una versión aceptada, revisada por pares y citable, todavía sujeta a correcciones editoriales antes de la versión definitiva.

El mensaje central

La escolaridad no es un diagnóstico: es una pista sobre las condiciones sociales que pueden moldear el riesgo cardiovascular y la posibilidad de recibir atención oportuna.

Reducir las desigualdades en hipertensión requiere mucho más que recomendar buenos hábitos. También exige detección accesible, comunicación clínica comprensible, tratamientos disponibles y sistemas capaces de acompañar a cada persona según sus circunstancias.

Héctor Armando Rincón-León participó en el grupo de redacción y coordinación del estudio. Karla Reyna Navarro-Fuentes participó en la recolección de datos en Chiapas. Todas las personas autoras revisaron y aprobaron el manuscrito.

Fuentes

  • Collaborative Group on Arterial Hypertension. “Educational attainment and arterial hypertension in 160,000 Mexican adults: a pooled subanalysis of three surveys endorsed by the Collaborative Group on Arterial Hypertension”. BMC Public Health (publicación en línea, 2026). Consultar el artículo.
  • Organización Mundial de la Salud. “Hipertensión”.

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.

Sobre la vacunación contra COVID a mujeres embarazadas

Miércoles 12 de mayo de 2021

 

Ayer me preguntó uno de mis sobrinos consentidos sobre la vacunación a mujeres embarazadas para covid, así me enteré de que su esposa y él están a punto de ser papás -no es cierto, ya sabía 🙂– sin embargo, me pareció un tema muy interesante porque este lunes pasado inició la vacunación a mujeres embarazadas en México.

 

Primero, ¿por qué deben ser consideradas las mujeres -de cualquier edad- embarazadas como un grupo prioritario para vacunación contra covid? Bueno, porque ellas tienen un riesgo incrementado para enfermedad severa en comparación con las mujeres no embarazadas, con una tasa incrementada de admisión a la unidad de cuidados intensivos, requerimiento de oxígeno suplementario, ventilación mecánica y mortalidad. Adicionalmente, las mujeres embarazadas con covid pueden tener un riesgo incrementado de resultados adversos del embarazo, tales como parto pretérmino.

 

También existe evidencia de infección por SARS-CoV-2 en la placenta y transmisión vertical -de la madre al hijo- de la infección in utero, detectándose bebés recién nacidos positivos a la infección. Los recién nacidos de mujeres con covid tienen un riesgo incrementado de requerir ingresar a la terapia intensiva neonatal.

 

Segundo, ¿la vacunación contra covid es segura para las mujeres embarazadas? De eso no se sabe mucho hasta ahora, y eso es porque cuando se hacen los estudios de seguridad y eficacia de las vacunas, las mujeres embarazadas no son incluidas en ellos, esto es porque dichos estudios deben ser revisados y aprobados por los comités de ética en investigación que los autorizan y, por supuesto, las mujeres embarazadas son un grupo prioritario de alto riesgo para la investigación en salud -visto en términos simples y mundanos, si algo sale mal estás dañando a dos personas en vez de una, además de a una persona que no dio su autorización para ser sometido a un experimento-, por lo que no se incluyen en los estudios iniciales; sin embargo, durante los estudios muchas mujeres se embarazan, o bien ya estaban embarazadas y no lo sabían, por lo que dieron su anuencia para la participación en el estudio a pesar de que no hubieran sido incluidas si supieran su estado de gravidez.

 

En este grupo de mujeres -embarazadas durante el estudio o embarazadas previamente sin saberlo-, que en general es muy pequeño, no se ha encontrado ningún riesgo o complicación diferente al que tiene una mujer que no está embarazada durante el proceso de vacunación anti-covid.

 

Para las vacunas de mRNA, ya se realizaron estudios específicos con aproximadamente 30 mil mujeres y no parece que exista ninguna complicación con el embarazo o el bebé durante la vacunación -estas son Pfizer y Moderna, sólo la primera se aplica en México-.

 

¿Qué pasa con las otras vacunas? No sabemos mucho, sólo lo que ha ocurrido en los estudios en las situaciones ya señaladas previamente. Sin embargo, en esos grupos no ha habido ningún indicio de que haya riesgos adicionales. Por lo general, las vacunas son seguras durante el embarazo, algunas vacunas como SINOVAC tienen mecanismos similares a la de influenza que utilizamos anualmente sin complicaciones en mujeres embarazadas, por lo que no se anticipan efectos adversos adicionales.

 

En las vacunas de AstraZeneca y Johnson & Johnson lo más destacable es el riesgo de trombosis en mujeres jóvenes -aunque también ocurren en hombres-, con un riesgo de 1.1 casos por cada 100,000 personas inmunizadas entre los 20 y 29 años de edad, conforme aumenta la edad, el riesgo disminuye hasta llegar a 0.2 por 100,000 para el grupo de 60 a 69 -para comparar riesgos, sirva exponer que entre las mujeres que toman anticonceptivos hormonales orales, que son muchas en México y en todo el mundo, el riesgo de trombosis y eventos vasculares es de 60 por cada 100,000-. De esta forma, mi opinión es que los beneficios de la vacunación con AstraZeneca y con J&J son por mucho mayores a los riesgos de utilizarla.

 

Finalmente, un beneficio adicional de vacunar a las mujeres embarazadas contra covid es que sus hijos nacerán con una protección que les durará varios meses gracias a los anticuerpos -IgG- que sus madres les transmitirán a través de la placenta -entre 2 y 12 meses, favorecido ampliamente por la alimentación al seno materno-.

 

Así que mi opinión es: ¡Excelente noticia! Y mejor aún si lo hacen con Pfizer, aunque en realidad cualquiera es buena. Claro, es posible que, al aumentar exponencialmente el número de mujeres embarazadas vacunadas, veamos reportes de efectos adversos o algún riesgo específico, sin embargo, con la información actual, los beneficios son mucho mayores a los riesgos -que son los mismos que para el resto de la población-, por lo que yo diría, sí vacúnense.

¿Qué porcentaje de la población nativa americana falleció tras la llegada de los conquistadores españoles?

De acuerdo a Acuña y cols., durante el siglo 16 México sufrió una catástrofe demográfica; en 1519, cuando llegaron los españoles, la población de México se calcula entre los 15 y 30 millones de habitantes; 81 años más tarde, en 1600, sólo quedaban 2 millones.


En general se acepta que las epidemias (viruela, sarampión, parotiditis), junto con la guerra y hambruna, fueron las principales causas de está terrible pérdida poblacional, sin embargo, una re-evaluación de los datos históricos llevaron a Acuña a sugerir que aproximadamente entre el 60 y 70% de las muertes fueron ocasionadas por una serie de fiebres hemorrágicas de origen desconocido (llamadas Cocoliztli por la población indígena), Acuña y colaboradores sugieren que podría haberse tratado de Salmonella enterica, subespecie Paratyphi C.

Indígenas enfermos de viruela, Códice Florentino

Fuente: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:FlorentineCodex_BK12_F54_smallpox.jpg



No puedo aportar datos sobre lo que sucedió en el resto de América, sin embargo no creo que haya mucha diferencia a lo ocurrido en México.

(Acuña Soto, Rodolfo; Stahle, David W.; Therrell, Matthew D.; Griffin, Richard D.; Cleaveland, Malcolm K. (2004). «When half of the population died: the epidemic of hemorrhagic fevers of 1576 in Mexico». FEMS Microbiology Letters (en inglés) 240 (1): 1-5. PMID 15500972. doi:10.1016/j.femsle.2004.09.011)