Sífilis y herpes genital: ¿qué reveló un estudio con 462 personas migrantes en Tapachula?

Un estudio en tres albergues de Tapachula evaluó sífilis y VHS-2 en 462 personas migrantes. Explicamos sus resultados, sus límites y por qué la respuesta debe centrarse en el acceso a la atención, no en el estigma.

La movilidad humana no causa infecciones. Sin embargo, dormir en la calle, enfrentar violencia o discriminación y no tener acceso continuo a servicios de salud puede aumentar la vulnerabilidad durante el trayecto.

Un estudio realizado en tres albergues de Tapachula encontró una frecuencia importante de anticuerpos contra sífilis y virus del herpes simple tipo 2 (VHS-2) entre las personas migrantes participantes. Los resultados no describen a toda la población migrante ni permiten saber dónde ocurrió cada infección. Sí muestran una necesidad concreta: ofrecer prevención, pruebas, tratamiento y continuidad del cuidado sin estigma y sin importar la situación migratoria.

¿Cómo se realizó el estudio?

Entre octubre de 2021 y septiembre de 2022 participaron 462 personas adultas alojadas en tres espacios de atención a población migrante en Tapachula, Chiapas. Todas comprendían español, aceptaron participar mediante consentimiento informado, respondieron un cuestionario y proporcionaron una muestra de sangre.

La edad promedio fue de 31.2 años y 56.9% eran mujeres. El grupo reunía personas de distintos países: 41.1% había nacido en Honduras, 20.6% en Venezuela y 11.9% en El Salvador; el resto provenía de Guatemala, Nicaragua, Haití y otros lugares.

El equipo buscó anticuerpos contra Treponema pallidum, la bacteria que causa la sífilis, y contra VHS-2, principal causa de herpes genital. Cuando la prueba para sífilis resultó positiva, se utilizó otra prueba para distinguir una infección activa de una infección previamente tratada o curada.

Dos cifras que necesitan contexto

El 29.9% de las personas participantes presentó anticuerpos contra VHS-2. Esto indica una infección adquirida en algún momento de la vida, aunque la persona nunca haya notado lesiones. No permite saber cuándo o en qué país ocurrió la transmisión ni significa que todas tuvieran síntomas durante el estudio.

En el caso de la sífilis, 4.5% presentó anticuerpos. La mayoría correspondía a infecciones curadas o tratadas: 3.9% de toda la muestra. Sólo 0.67% tuvo una prueba compatible con sífilis activa.

Esta distinción es esencial. Decir que 4.5% “tenía sífilis activa” sería incorrecto y produciría una alarma que los resultados no justifican.

También se observó coinfección serológica por sífilis y VHS-2 en 2.38% de las personas participantes.

¿Qué condiciones acompañaron a estas infecciones?

La mitad de las personas dijo haber dormido en la calle durante los 12 meses previos y 76% señaló que nunca o casi nunca utilizaba condón. Poco más de la mitad se había realizado alguna vez una prueba de VIH.

Después de considerar varias características a la vez, los anticuerpos contra sífilis fueron más frecuentes entre hombres, personas con antecedente de lesiones genitales, quienes informaron relaciones sexuales con personas del mismo sexo y quienes también tenían anticuerpos contra VHS-2.

La seropositividad a VHS-2 se asoció con ser mujer, mayor edad, escolaridad básica, haber dormido en la calle, antecedente de prueba de VIH, inicio de la vida sexual entre los 14 y 17 años, dos o más parejas sexuales durante el año previo y seropositividad a sífilis.

Estas son asociaciones poblacionales, no explicaciones individuales ni juicios sobre las personas. Por ejemplo, haberse realizado una prueba de VIH no causa herpes: puede indicar que alguien percibió un riesgo previo o tuvo mayor contacto con servicios de salud. Del mismo modo, el estudio transversal no permite establecer qué ocurrió primero.

El hallazgo durante el embarazo

Trece participantes dijeron estar embarazadas. Dos presentaron anticuerpos contra sífilis y una de ellas tuvo datos de infección activa.

El número es demasiado pequeño para calcular una frecuencia precisa o generalizarla a otras embarazadas migrantes. Aun así, señala una oportunidad que no debe perderse. La sífilis durante el embarazo puede transmitirse al bebé, pero la detección y el tratamiento oportunos reducen de forma importante ese riesgo.

Una ruta migratoria no debería interrumpir el control prenatal, la entrega de resultados o la aplicación del tratamiento indicado.

¿Qué significa para los servicios de salud?

La respuesta útil no consiste en señalar a una nacionalidad o grupo. La Organización Mundial de la Salud subraya que las personas refugiadas y migrantes no aumentan por sí mismas el riesgo de transmisión en las comunidades de acogida; son ellas quienes con frecuencia quedan expuestas a condiciones precarias y barreras de atención.

En puntos de tránsito como Tapachula, los resultados respaldan una estrategia con varios componentes:

  1. Pruebas voluntarias, confidenciales e integradas. Siempre que sea apropiado, ofrecer evaluación para sífilis, VIH, hepatitis y otras infecciones de transmisión sexual.
  2. Resultados y tratamiento sin demora. Una prueba pierde utilidad si la persona continúa su viaje antes de recibir el resultado o no puede acceder al tratamiento.
  3. Prioridad durante el embarazo. Incorporar la detección temprana de sífilis al control prenatal y asegurar el tratamiento y seguimiento de la madre y el bebé.
  4. Prevención disponible y comprensible. Facilitar preservativos, información clara y consejería respetuosa, adaptada al idioma y contexto de cada persona.
  5. Continuidad entre ciudades y países. Entregar constancias clínicas seguras y crear mecanismos de referencia que funcionen aun cuando la persona cambie de localidad.
  6. Atención sin discriminación. La situación migratoria, la nacionalidad, la orientación sexual o la identidad de género no deben convertirse en barreras para recibir atención.

La sífilis es prevenible y curable con el tratamiento indicado. El herpes genital no tiene una cura que elimine el virus, pero existen antivirales que reducen la duración y la intensidad de los episodios y pueden disminuir el riesgo de transmisión. La valoración debe ser individual; una prueba serológica aislada no sustituye la historia clínica y el examen médico.

Lo que el estudio no puede afirmar

La muestra se obtuvo en tres albergues y sólo incluyó a personas adultas que comprendían español y aceptaron participar. No fue una selección representativa de todas las personas migrantes que transitan por Chiapas.

Además, el diseño fue transversal: exposición y resultado se midieron en el mismo periodo. Por ello, las asociaciones no prueban causalidad. Algunas conductas se informaron mediante cuestionario y pueden estar sujetas a memoria, deseabilidad social o temor a revelar información sensible. Los grupos pequeños —como las embarazadas o las personas de algunos países— produjeron estimaciones imprecisas.

Tampoco fue posible determinar si las infecciones se adquirieron antes o durante la migración. Usar los resultados para atribuir riesgo a un país de origen sería científicamente incorrecto y socialmente dañino.

El mensaje central

El principal hallazgo no es que migrar sea un riesgo biológico. Es que la prevención y la atención de las infecciones de transmisión sexual deben poder acompañar a las personas durante el tránsito.

Acercar pruebas confidenciales a los albergues, vincular rápidamente a tratamiento y sostener el cuidado prenatal puede beneficiar tanto a las personas migrantes como a la salud pública de las comunidades de tránsito y destino.

Miguel Ángel Sánchez Alemán, investigador del Instituto Nacional de Salud Pública, fue el primer autor y autor de correspondencia del estudio. Héctor Armando Rincón León participó como coautor.

Fuentes

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Flavonoides y cáncer de mama: ¿qué encontró un estudio en mujeres de Chiapas?

Un estudio de casos y controles comparó la alimentación de 123 mujeres en Tapachula. Explicamos sus asociaciones, sus límites y por qué no prueban que un alimento prevenga el cáncer de mama.

¿Puede la alimentación ayudar a reducir el riesgo de cáncer de mama? Es una pregunta relevante, pero también fácil de convertir en promesas que la ciencia todavía no puede sostener.

Un estudio realizado en Tapachula exploró si el consumo habitual de alimentos ricos en flavonoides y otros polifenoles era diferente entre mujeres con y sin diagnóstico de cáncer de mama. Encontró varias asociaciones que merecen seguir investigándose. Sin embargo, no demostró que un alimento, una bebida o estos compuestos por sí solos prevengan la enfermedad.

La diferencia entre encontrar una asociación y probar una causa es el punto central para interpretar los resultados.

¿Qué son los flavonoides y los polifenoles?

Los polifenoles son compuestos producidos por las plantas. Dentro de este grupo se encuentran los flavonoides. Están presentes en frutas, verduras, leguminosas, cereales, semillas, nueces, té, especias y otros alimentos de origen vegetal.

En estudios experimentales se han investigado por sus posibles efectos antioxidantes, antiinflamatorios y sobre distintos procesos celulares. Pero que una sustancia produzca un efecto en el laboratorio no significa automáticamente que un alimento evite el cáncer en personas. En la vida real influyen el patrón completo de alimentación, las cantidades, la preparación, otros hábitos, la genética y numerosos factores clínicos y sociales.

¿Cómo se realizó el estudio?

La investigación incluyó a 123 mujeres atendidas en la Unidad de Medicina Familiar No. 11 del IMSS, en Tapachula, entre 2019 y 2021:

  • 42 tenían antecedente de cáncer de mama confirmado mediante estudio histopatológico;
  • 81 formaron el grupo de comparación y contaban con una mastografía BI-RADS 1 o 2, es decir, sin hallazgos sospechosos de cáncer.

Mediante un cuestionario se preguntó con qué frecuencia consumían distintos alimentos ricos en compuestos fenólicos. También se recopilaron datos como edad, peso, actividad física, antecedentes familiares, consumo de alcohol y tabaco, historia reproductiva, uso de hormonas y tiempo desde el último estudio de detección.

Se trató de un estudio de casos y controles: se comparó retrospectivamente la exposición alimentaria de ambos grupos. Este diseño es útil para detectar señales y proponer nuevas preguntas, pero no permite establecer por sí solo una relación de causa y efecto.

¿Qué encontraron?

Las mujeres con cáncer de mama tenían una edad promedio de 57.4 años, frente a 52.4 años en el grupo de comparación. El tipo histológico más frecuente entre los casos fue el carcinoma ductal.

En los análisis de cada alimento por separado aparecieron asociaciones entre una menor probabilidad de pertenecer al grupo con cáncer y el consumo de algunos frutos rojos, tomate, cebolla, jengibre, soya, ejote, trigo, nueces o semillas, chocolate, té, clavo, menta y aceite de oliva, entre otros.

No se observó una señal uniforme. La frecuencia de consumo modificó algunas asociaciones y ciertos resultados fueron discordantes; por ejemplo, las estimaciones para aguacate y chile cambiaron según la categoría analizada. Esto recuerda que no puede extraerse una lista de alimentos “protectores” a partir de estas tablas.

En el modelo que consideró conjuntamente variables clínicas y reproductivas, la menopausia después de los 55 años se asoció con mayores posibilidades de pertenecer al grupo con cáncer. También apareció una asociación con haber dejado pasar más de tres años desde el último estudio de detección, aunque la estimación fue imprecisa y no debe interpretarse como una causa de la enfermedad.

Por qué estos resultados requieren cautela

El estudio aporta información local valiosa y poco frecuente en Chiapas. A la vez, tiene límites importantes:

  1. Asociación no significa causalidad. El diseño retrospectivo no puede demostrar que el consumo de un alimento haya evitado o provocado cáncer.
  2. La muestra fue pequeña y localizada. Participaron 123 mujeres de una sola unidad; los resultados no representan automáticamente a todas las mujeres de Chiapas o de México.
  3. La dieta se reconstruyó mediante memoria. Recordar lo que se consumía antes del diagnóstico puede ser difícil, y algunas mujeres pudieron modificar su alimentación después de enfermar.
  4. Se hicieron muchas comparaciones. Al analizar numerosos alimentos y frecuencias por separado, aumenta la posibilidad de encontrar asociaciones por azar.
  5. Varias estimaciones fueron inestables. Algunos intervalos de confianza fueron muy amplios y hubo categorías con pocas participantes.
  6. Los hallazgos alimentarios fueron principalmente análisis separados. Por ello pueden estar influidos por edad, actividad física, peso, acceso a servicios u otras diferencias entre los grupos.

Estos límites no anulan el estudio. Definen su aporte real: generar hipótesis que necesitan comprobarse con muestras más grandes, seguimiento prospectivo y análisis del patrón alimentario completo.

¿Qué significa para la vida cotidiana?

La conclusión práctica no es añadir un alimento específico al menú ni tomar suplementos de flavonoides. La evidencia de salud pública respalda un patrón de alimentación variado, con frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales y nueces, además de actividad física y mantenimiento de un peso saludable.

Tampoco debe interpretarse una asociación aislada con el vino como una recomendación. El consumo de alcohol es un factor de riesgo reconocido para cáncer de mama; no es aconsejable comenzarlo o aumentarlo con fines preventivos.

Una alimentación saludable puede formar parte del cuidado general, pero no sustituye la valoración médica, la detección oportuna ni el tratamiento. Ante una masa en la mama, cambios en la piel o el pezón, secreción anormal o cualquier hallazgo nuevo, conviene solicitar evaluación profesional.

El siguiente paso de la investigación

El valor de este trabajo está en abrir una línea de investigación situada en la población de Chiapas. Los próximos estudios podrían evaluar cantidades y preparaciones, agrupar alimentos en patrones dietéticos, medir mejor otros factores de riesgo y seguir a las participantes a lo largo del tiempo.

Así será posible distinguir una señal verdadera de una coincidencia estadística y comprender si la alimentación contribuye al riesgo dentro de un contexto mucho más amplio.

Karla Reyna Navarro Fuentes fue primera autora y autora de correspondencia del estudio; Héctor Armando Rincón León participó como coautor.

Fuentes

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Hipertensión: medir es sólo el comienzo. Hallazgos en casi 42 mil personas en México

En un tamizaje de 41,953 adultos en México, 17.1% tenía hipertensión sin tratar o insuficientemente controlada. Explicamos por qué medir es sólo el comienzo y cómo cerrar la ruta hacia el control.

Una medición de presión arterial dura pocos minutos. Lo difícil viene después: confirmar el diagnóstico, iniciar o ajustar el tratamiento y mantener un seguimiento que permita alcanzar el control.

Esa es una de las lecciones más claras de May Measurement Month 2022 en México. La campaña evaluó a 41,953 personas adultas y encontró que 7,176 —el 17.1% de todas las participantes— tenían hipertensión sin tratar o con un control insuficiente.

La cifra no describe la prevalencia nacional. Sí muestra cuánto puede descubrir una estrategia de detección cuando la medición se conecta con la atención clínica.

¿Cómo se realizó la campaña?

May Measurement Month es una iniciativa internacional para aumentar el conocimiento sobre la presión arterial. En México, la campaña de 2022 se llevó a cabo entre mayo y agosto, principalmente en unidades de primer contacto de Ciudad de México, Estado de México, Coahuila, Michoacán, Chiapas, Morelos y Campeche.

Participaron voluntariamente personas de 18 años o más. Personal médico y de enfermería capacitado realizó idealmente tres mediciones con la persona sentada y separadas por un minuto. Para el análisis se utilizó el promedio de la segunda y la tercera lectura.

El estudio consideró hipertensión una presión sistólica de 140 mmHg o más, una presión diastólica de 90 mmHg o más, o el uso de medicamentos antihipertensivos. Se consideró controlada cuando una persona que recibía tratamiento presentaba cifras menores de 140/90 mmHg.

La ruta desde la detección hasta el control

La edad promedio de las personas evaluadas fue de 48.5 años y 58.2% eran mujeres. Estos fueron los principales resultados:

  • 16,888 participantes, equivalentes al 40.3% de la muestra, cumplieron los criterios de hipertensión;
  • 85.7% de quienes tenían hipertensión ya conocían su diagnóstico;
  • 84.5% recibían medicamentos antihipertensivos;
  • 68.1% de las personas tratadas tenían la presión controlada;
  • si se considera a todas las personas con hipertensión, tratadas o no, el control alcanzó 57.5%;
  • 1,655 participantes, el 3.9% de la muestra, dijeron que nunca antes les habían medido la presión arterial.

También se identificaron 2,623 personas que no tomaban tratamiento y presentaron presión elevada durante el tamizaje. Al sumar a quienes recibían medicamentos pero continuaban fuera de control, 7,176 participantes tenían hipertensión sin tratar o insuficientemente controlada.

Conocer el diagnóstico no garantiza el control

Los porcentajes de conocimiento y tratamiento fueron altos dentro de esta muestra. Sin embargo, casi una de cada tres personas que tomaba medicamentos no alcanzó el nivel de control utilizado por el estudio.

Los autores plantearon que este resultado podría estar relacionado con inercia clínica, es decir, con la ausencia de ajustes oportunos cuando el tratamiento no consigue su objetivo. Pero el estudio no observó directamente las decisiones tomadas en cada consulta y, por ello, no permite atribuir la falta de control únicamente al personal de salud.

También pueden intervenir la toma irregular del medicamento, dosis o combinaciones insuficientes, efectos adversos, dificultades económicas o de acceso, poco tiempo de seguimiento, mediciones imprecisas y otros problemas clínicos. Distinguir entre estas posibilidades requiere una evaluación individual.

¿Qué aporta a la práctica clínica?

El tamizaje sirve cuando abre una ruta concreta de atención. En la consulta, esa ruta puede incluir:

  1. Medir correctamente. Usar un brazalete adecuado, permitir reposo, mantener una posición correcta y repetir la lectura reduce errores evitables.
  2. Confirmar. Una cifra elevada durante una campaña no equivale por sí sola a un diagnóstico definitivo. La Organización Mundial de la Salud señala que, en general, el diagnóstico requiere mediciones elevadas en dos días distintos.
  3. Evaluar el riesgo completo. La presión debe interpretarse junto con diabetes, enfermedad renal, tabaquismo, antecedentes cardiovasculares y otros factores.
  4. Revisar el tratamiento. Cuando la presión permanece elevada, conviene comprobar cómo se toman los medicamentos, explorar barreras y valorar si es necesario ajustar el esquema.
  5. Asegurar continuidad. Una referencia sin seguimiento puede convertirse en una oportunidad perdida. Los registros, recordatorios y citas de control ayudan a cerrar esa brecha.

Estas acciones también deben adaptarse a las condiciones sociales de cada persona. Como explicamos en nuestra entrada sobre escolaridad e hipertensión, la capacidad de acudir a consulta, comprender el plan y conseguir los medicamentos no se distribuye de manera uniforme.

Lo que las cifras no representan

La campaña utilizó un muestreo oportunista: participaron personas que acudieron voluntariamente a centros seleccionados, muchos de ellos vinculados con la seguridad social. No fue una encuesta probabilística de todos los adultos del país.

Por esa razón, el 40.3% observado no debe presentarse como la prevalencia de hipertensión en México ni compararse directamente con encuestas nacionales como si las poblaciones fueran equivalentes. La elevada proporción de participantes que ya conocían su diagnóstico o recibían tratamiento probablemente refleja, al menos en parte, el lugar y la forma en que fueron reclutados.

El diseño fue transversal y la información sobre antecedentes y medicamentos se obtuvo mediante cuestionario. Además, se estimaron estadísticamente lecturas faltantes para 368 participantes, el 0.9% de la muestra. Estas características deben considerarse al interpretar los resultados.

El mensaje central

Detectar una presión elevada es importante, pero el beneficio aparece cuando la persona llega a confirmación diagnóstica, tratamiento adecuado y seguimiento hasta alcanzar el control.

Las campañas amplias pueden encontrar a quienes nunca se habían medido, identificar tratamientos que necesitan revisión y recordar que la hipertensión suele avanzar sin síntomas. El reto para los servicios de salud es convertir cada medición en una oportunidad de atención continua.

Héctor Armando Rincón-León participó como coautor del estudio.

Fuentes

  • Alcocer L, Palomo S, Berumen Lechuga MG, et al. “May Measurement Month 2022: an analysis of blood pressure screening results from Mexico”. European Heart Journal Supplements. 2025;27(Suppl 7):vii54–vii56. Consultar el artículo.
  • Organización Mundial de la Salud. “Hipertensión”.

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.

Escolaridad e hipertensión: qué encontramos en 166 mil adultos en México

En 166,251 adultos evaluados en México, la hipertensión fue más frecuente entre quienes tenían menos años de estudio. Explicamos qué significa esta asociación, sus límites y su relevancia para la práctica clínica.

La presión arterial no depende solamente de lo que una persona come, cuánto ejercicio hace o si toma correctamente sus medicamentos. También se relaciona con las condiciones en las que vive, trabaja, aprende y recibe atención médica.

Una de esas condiciones es la escolaridad. Pero conviene aclararlo desde el principio: tener menos años de estudio no causa por sí mismo hipertensión, ni el nivel educativo determina inevitablemente la salud de alguien. La escolaridad puede funcionar como una señal de oportunidades y desventajas acumuladas a lo largo de la vida: ingresos, tipo de empleo, acceso a información comprensible, posibilidad de acudir a consulta, alimentación, estrés y continuidad del tratamiento, entre muchas otras.

Con esta perspectiva analizamos la relación entre escolaridad e hipertensión en 166,251 personas adultas que participaron en campañas mexicanas de medición de la presión arterial.

¿Qué estudiamos?

El trabajo reunió datos de las campañas May Measurement Month realizadas en México durante 2021, 2022 y 2023. Las personas acudieron voluntariamente a puntos de detección instalados en distintos estados del país.

Se consideró que una persona tenía hipertensión si había recibido previamente el diagnóstico, tomaba medicamentos para controlarla o presentaba una presión sistólica de al menos 140 mmHg o una presión diastólica de al menos 90 mmHg durante la evaluación.

Para el análisis se formaron tres grupos de escolaridad:

  • de 0 a 6 años de estudio;
  • de 7 a 12 años;
  • 13 años o más.

En el conjunto analizado, 60% eran mujeres, la edad promedio fue de 47 años y 37% cumplía criterios de hipertensión.

Una diferencia que no desapareció al ajustar los resultados

En las cifras sin ajustar, la hipertensión estuvo presente en:

  • 28% de quienes tenían 13 años o más de escolaridad;
  • 34% de quienes habían cursado entre 7 y 12 años;
  • 53% de quienes tenían entre 0 y 6 años de estudio.

Estas proporciones no pueden compararse de manera aislada, porque los grupos también diferían en edad, sexo y otras características. Por eso se realizó un análisis ajustado.

Después de considerar esas diferencias, las personas con 0 a 6 años de estudio tuvieron una prevalencia de hipertensión 22% mayor que quienes tenían 13 años o más. En el grupo de 7 a 12 años, la prevalencia fue 10% mayor.

La asociación fue más marcada en las mujeres. Además, la presión sistólica promedio fue más alta en los grupos con menor escolaridad: la diferencia alcanzó 7.7 mmHg en el conjunto de participantes, 9.2 mmHg entre las mujeres y 5.5 mmHg entre los hombres, al comparar los extremos de escolaridad.

¿Qué podría explicar la relación?

El estudio exploró algunos factores que podrían intervenir, como diabetes, consumo de alcohol, inactividad física y tabaquismo; en las mujeres también se consideró el antecedente de presión alta durante el embarazo.

En conjunto, estas variables explicaron estadísticamente alrededor de 14% a 19% de la asociación, según el sexo y el grupo educativo. Dicho de otra forma, la mayor parte de la diferencia no quedó explicada por los factores que se midieron.

Eso orienta la mirada hacia condiciones más amplias que no estaban disponibles en las encuestas: ingreso, ocupación, seguridad laboral, alimentación, estrés crónico, sueño, características del vecindario, acceso a medicamentos y servicios de salud, entre otras. No demuestra que alguna de ellas sea la causa; señala preguntas importantes para futuras investigaciones.

¿Por qué importa en la práctica clínica?

La escolaridad no debe utilizarse para etiquetar a las personas ni para anticipar que comprenderán menos o seguirán peor un tratamiento. Sí puede recordarnos que la prevención cardiovascular y la atención clínica necesitan ser accesibles para realidades muy distintas.

En la consulta, esto puede traducirse en acciones concretas:

  • medir la presión arterial de forma correcta y periódica, aun cuando no haya síntomas;
  • explicar el diagnóstico y el tratamiento con lenguaje claro, apoyos visuales y ejemplos cotidianos;
  • confirmar la comprensión pidiendo al paciente que explique con sus propias palabras el plan acordado;
  • preguntar por dificultades reales para conseguir medicamentos, asistir a consulta o cambiar hábitos;
  • integrar el control de diabetes y otros riesgos cardiovasculares;
  • reforzar el seguimiento, especialmente cuando existen barreras sociales o de acceso.

La hipertensión suele no producir síntomas. Por eso la Organización Mundial de la Salud subraya que medir la presión arterial es la única manera de detectarla con certeza.

Lo que este estudio no permite concluir

Los datos provienen de una detección voluntaria realizada en localidades seleccionadas, no de una muestra nacional representativa. Por lo tanto, el 37% observado no debe interpretarse como una nueva estimación de prevalencia para todo México.

Además, se trata de un análisis transversal: escolaridad, presión arterial y demás variables se observaron en el mismo periodo. Podemos hablar de una asociación, pero no afirmar que un nivel educativo determinado haya causado hipertensión. La escolaridad también es una medida parcial de la posición social y no sustituye información sobre ingreso, ocupación, entorno o acceso efectivo a la atención.

El artículo fue publicado en línea por BMC Public Health el 13 de agosto de 2026 como una versión aceptada, revisada por pares y citable, todavía sujeta a correcciones editoriales antes de la versión definitiva.

El mensaje central

La escolaridad no es un diagnóstico: es una pista sobre las condiciones sociales que pueden moldear el riesgo cardiovascular y la posibilidad de recibir atención oportuna.

Reducir las desigualdades en hipertensión requiere mucho más que recomendar buenos hábitos. También exige detección accesible, comunicación clínica comprensible, tratamientos disponibles y sistemas capaces de acompañar a cada persona según sus circunstancias.

Héctor Armando Rincón-León participó en el grupo de redacción y coordinación del estudio. Karla Reyna Navarro-Fuentes participó en la recolección de datos en Chiapas. Todas las personas autoras revisaron y aprobaron el manuscrito.

Fuentes

  • Collaborative Group on Arterial Hypertension. “Educational attainment and arterial hypertension in 160,000 Mexican adults: a pooled subanalysis of three surveys endorsed by the Collaborative Group on Arterial Hypertension”. BMC Public Health (publicación en línea, 2026). Consultar el artículo.
  • Organización Mundial de la Salud. “Hipertensión”.

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.

Seis olas de COVID-19 en Tapachula: cómo cambió la enfermedad entre 2020 y 2023

Analizamos 6,145 casos confirmados a lo largo de seis olas. La dificultad respiratoria, la necesidad de oxígeno y la mortalidad disminuyeron de manera marcada después de las primeras etapas.

Durante los primeros años de la pandemia no sólo cambió el número de contagios. También cambió la forma en que se presentaba la enfermedad, la gravedad de los pacientes y la presión ejercida sobre los servicios de salud.

Para entender esa transformación analizamos seis olas de COVID-19 atendidas en unidades de primer y segundo nivel del IMSS en Tapachula, Chiapas, entre marzo de 2020 y enero de 2023. Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León participamos en el diseño, análisis, manejo de los datos y redacción del estudio.

Primero, una precisión importante sobre los números

Durante el periodo se registraron 18,319 personas sospechosas de COVID-19. De ellas, 13,045 fueron sometidas a una prueba y 6,145 resultaron positivas. Por tanto, el 47.1% corresponde a las personas evaluadas, no al total de casos sospechosos.

Esta distinción parece pequeña, pero es esencial: en epidemiología, un porcentaje sólo puede interpretarse correctamente cuando conocemos con claridad su denominador.

La tercera ola concentró más de la mitad de los casos

Los 6,145 casos confirmados se distribuyeron de manera muy desigual. La tercera ola, que coincidió temporalmente con el predominio nacional de Delta, reunió 3,205 casos: 52.2% del total.

Sin embargo, tener más casos no fue la única historia. Al comparar las seis olas observamos una transición progresiva desde cuadros con mayor afectación respiratoria y necesidad de cuidados hospitalarios hacia presentaciones con más síntomas de vías respiratorias superiores y mayor manejo ambulatorio.

De la falta de aire al predominio de síntomas respiratorios altos

En la primera ola, 47.6% de las personas confirmadas presentó disnea o falta de aire. En la sexta ola la proporción fue de 4.9%. El dolor torácico disminuyó de 41.8% a 7.6%, y la taquipnea —respiración anormalmente rápida— pasó de 4.4% a ningún caso registrado en la sexta ola.

Al mismo tiempo, algunos síntomas de vías respiratorias altas se hicieron más frecuentes. La rinorrea o escurrimiento nasal aumentó de 32.3% en la primera ola a 85.4% en la sexta; el dolor al tragar pasó de 52.5% a 77.8%.

Estos cambios no permiten diagnosticar una variante por los síntomas. Sí muestran que el perfil clínico observado por los servicios de salud fue distinto a medida que avanzó la pandemia.

La gravedad y la mortalidad disminuyeron

En la primera ola, 57.2% de los casos sobrevivió sin haber requerido oxígeno; para la sexta ola esa proporción alcanzó 94.4%. La proporción de fallecimientos entre los casos confirmados pasó de 24.0% en la primera ola a 0.7% en la sexta.

En el conjunto del periodo, 1,079 pacientes necesitaron hospitalización, 647 recibieron oxígeno y 432 fueron intubados. De estos últimos, 400 fallecieron. Esa mortalidad extremadamente alta entre las personas intubadas se concentró sobre todo en las primeras etapas y merece una lectura cuidadosa: probablemente refleja una combinación de enfermedad grave, llegada tardía, saturación hospitalaria, criterios de intubación y limitaciones de capacidad crítica. El diseño del estudio no permite separar cuánto aportó cada factor.

¿Por qué cambió tanto la enfermedad?

La reducción de la gravedad coincidió con varios procesos que ocurrieron al mismo tiempo:

  • el avance de la vacunación;
  • la inmunidad acumulada por infecciones previas y vacunación;
  • el reemplazo de variantes, con predominio de Ómicron desde la cuarta ola;
  • la experiencia adquirida por los equipos de salud y la mejoría de los protocolos clínicos.

La palabra clave es coincidió. No secuenciamos el virus de cada paciente y tampoco contamos con su antecedente individual de vacunación. Por eso no podemos afirmar que una variante o la vacuna explique por sí sola la evolución de cada caso.

Lo que Tapachula puede enseñar a los servicios de salud

Las epidemias no ejercen siempre la misma presión. En una etapa pueden faltar camas, oxígeno y capacidad de cuidados críticos; en otra, el reto puede trasladarse a la consulta ambulatoria, el diagnóstico y la vigilancia.

La experiencia de Tapachula sugiere cuatro prioridades para futuras emergencias respiratorias:

  1. Capacidad flexible: poder ampliar camas, oxígeno y personal sin desatender los servicios esenciales.
  2. Vigilancia conectada con la clínica: relacionar oportunamente los cambios en casos, síntomas y gravedad.
  3. Primer nivel fortalecido: identificar deterioro, atender cuadros leves y referir a tiempo a quienes presentan signos de alarma.
  4. Preparación adaptada al territorio: las ciudades fronterizas requieren planes que consideren movilidad, desigualdad y disponibilidad real de recursos.

Lo que el estudio no puede responder

Se trató de un análisis descriptivo de registros clínicos y de vigilancia. Pudo existir subregistro, especialmente durante los picos. Los criterios de prueba y diagnóstico pudieron variar entre unidades y momentos. Además, las variantes se asignaron por su predominio nacional en cada periodo, no mediante secuenciación individual.

También es importante recordar que los datos terminan en enero de 2023. Describen cómo cambió la pandemia en ese periodo; no representan por sí solos la situación epidemiológica actual.

El mensaje principal

La disminución observada en la gravedad no significa que la COVID-19 haya desaparecido. Significa que una epidemia puede cambiar de forma profunda y que los sistemas de salud deben aprender y ajustarse con la misma rapidez.

Hoy la vacunación forma parte del manejo sostenido de la COVID-19. La Organización Mundial de la Salud mantiene recomendaciones de vacunación periódica para los grupos con mayor riesgo de enfermedad grave, que deben aplicarse de acuerdo con los programas y lineamientos nacionales vigentes.

Mirar las seis olas en conjunto permite transformar una experiencia dolorosa en preparación: mejores datos, atención primaria sólida, capacidad hospitalaria adaptable y decisiones que reconozcan las particularidades de cada comunidad.

Fuentes

La información de este sitio es educativa y no sustituye una valoración médica individual ni las recomendaciones de las autoridades sanitarias.

Gusano barrenador: ¿Qué revelan 204 casos humanos en México?

Analizamos los primeros 204 casos humanos confirmados en México. Chiapas concentró casi seis de cada diez y las piernas fueron el sitio más afectado.

Durante décadas, el gusano barrenador del Nuevo Mundo parecía un problema superado en México. Eso cambió cuando reaparecieron casos en animales en 2024 y, posteriormente, casos humanos en 2025.

En un estudio publicado anticipadamente en la revista Emerging Infectious Diseases, analizamos los casos humanos confirmados por el sistema nacional de vigilancia entre el 13 de abril de 2025 y el 14 de marzo de 2026. Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León participamos como coautores.

¿Qué es el gusano barrenador?

El nombre científico de la mosca es Cochliomyia hominivorax. La mosca adulta no “barrena” el cuerpo: el problema comienza cuando la hembra deposita sus huevos en una herida, una zona inflamada, una mucosa o un orificio natural.

Los huevos pueden abrirse en 12 a 24 horas. Las larvas penetran la lesión y se alimentan de tejido vivo, por lo que la miasis puede avanzar con rapidez y causar destrucción del tejido, infección bacteriana y pérdida de función si no se atiende oportunamente.

¿Qué encontramos?

Los informes oficiales registraron 204 casos humanos confirmados durante el periodo estudiado. En 202 existía información suficiente para analizar sus características clínicas y epidemiológicas.

  • Para marzo de 2026 ya se habían notificado casos en 12 entidades federativas.
  • Chiapas concentró 119 casos, equivalentes al 58.3% del total. Tapachula fue el municipio con más casos analizados: 35.
  • El 71.8% ocurrió en hombres y la edad promedio fue de 61 años.
  • Las piernas y los pies fueron la localización reportada con mayor frecuencia: 55% de los casos.
  • El 76.7% tenía al menos una condición clínica o social concurrente. Entre las más frecuentes estuvieron diabetes, consumo problemático de alcohol, hipertensión, neoplasias y padecimientos asociados con úlceras de la piel.
  • Se registraron seis fallecimientos entre las personas con miasis; al momento del reporte, sólo uno fue atribuido directamente a la infestación. La información disponible no permitió determinar cuánto pudo contribuir la miasis en los otros cinco.

Estos datos describen a las personas que fueron detectadas y notificadas. No significan que ser hombre, tener diabetes o vivir en Chiapas cause por sí mismo la enfermedad.

Las heridas crónicas merecen especial atención

La frecuencia de lesiones en las extremidades inferiores y de enfermedades concurrentes señala un punto práctico: las heridas crónicas, las úlceras, la disminución de la sensibilidad, la inmovilidad o las dificultades para el autocuidado pueden retrasar la detección del problema.

Por eso es importante revisar diariamente cualquier herida, en particular en pies y piernas; lavarla y mantenerla cubierta según las indicaciones del personal de salud; y buscar atención si empeora, presenta secreción, dolor creciente, mal olor o larvas visibles.

La sospecha de miasis requiere valoración médica. El tratamiento puede incluir retiro cuidadoso de las larvas, limpieza y manejo de la lesión, control del dolor y tratamiento de infecciones bacterianas. Los antiparasitarios sólo se utilizan en casos seleccionados y bajo supervisión profesional. No es recomendable intentar retirar profundamente las larvas ni automedicarse.

Un problema humano, animal y ambiental

La misma mosca puede afectar al ganado, animales de compañía, fauna silvestre y personas. Por eso su control exige un enfoque de Una Salud: vigilancia coordinada, diagnóstico y notificación oportunos, atención de animales afectados, control de su movilización y medidas para disminuir la población de la mosca.

La aparición de casos en animales puede advertir que el insecto ya circula en una zona antes de que se detecten casos humanos. La coordinación entre los servicios de salud, veterinarios, productores y comunidades es parte esencial de la prevención.

Lo que todavía no sabemos

Nuestro trabajo fue un estudio descriptivo basado en informes de vigilancia. No contó con una población de comparación ni con denominadores que permitieran calcular la incidencia o el riesgo individual. Además, es posible que existan casos no reconocidos o no notificados.

El periodo analizado terminó el 14 de marzo de 2026. Por lo tanto, sus 204 casos no deben presentarse como el total actual del país. La vigilancia oficial continúa y sus informes posteriores deben consultarse para conocer la situación más reciente.

El mensaje principal

No se trata de generar alarma, sino de reconocer un problema que volvió y que puede causar daño grave si pasa inadvertido. Cuidar las heridas, examinar de forma intencional las lesiones —especialmente en personas con dificultades para el autocuidado— y solicitar atención temprana son medidas sencillas que pueden cambiar el desenlace.

La reemergencia del gusano barrenador también nos recuerda algo más amplio: la salud humana no puede separarse de la salud animal ni del ambiente.

Fuentes

La información de este sitio es educativa y no sustituye una valoración médica individual.

Volvemos: una nueva etapa para nuestro blog

Somos Karla Navarro y Héctor Rincón. Nos dedicamos a la epidemiología, las enfermedades infecciosas, la atención clínica y la investigación en salud.

Abrimos este blog hace algunos años con la intención de compartir ideas y explicar temas que nos parecían importantes. Después vino una pausa larga. Durante ese tiempo continuamos atendiendo pacientes, investigando, enseñando y publicando resultados científicos. Ahora queremos volver con un propósito mucho más claro.

En esta nueva etapa hablaremos de salud y medicina en español comprensible, sin sacrificar el rigor. Explicaremos qué dicen los estudios, qué dudas siguen abiertas y qué significado puede tener la evidencia en la práctica cotidiana. También presentaremos nuestras propias investigaciones en un lenguaje accesible para pacientes, familias, estudiantes, profesionales sanitarios y cualquier persona interesada en comprender mejor la ciencia.

No queremos convertir cada entrada en una clase ni ofrecer recetas universales. Queremos construir un espacio para hacer preguntas, revisar datos y conversar con honestidad sobre lo que sabemos y lo que todavía no sabemos.

Los textos antiguos permanecerán como parte de la historia del blog, aunque algunos serán revisados y actualizados. Cada entrada clínica indicará su fecha de revisión y enlazará las fuentes principales utilizadas.

Gracias por acompañarnos en este relanzamiento. Si algún tema les interesa especialmente, pueden proponerlo en los comentarios o mediante la página de contacto.

Karla Navarro y Héctor Rincón