Colesterol LDL y seguimiento digital: ¿qué cambió en 12 meses con la app REMEXDIS?

En 14,497 usuarios de la app REMEXDIS, el control del colesterol LDL mejoró durante 12 meses. Los resultados son prometedores, pero deben interpretarse como asociaciones y no como prueba de causalidad.

Una aplicación móvil no sustituye una consulta, no prescribe medicamentos y no elimina las barreras de acceso. Pero puede ayudar a que una indicación no se pierda entre una cita y la siguiente. Esa fue la idea detrás de la aplicación REMEXDIS: acompañar el seguimiento del colesterol LDL en personas con riesgo cardiovascular alto o muy alto.

En la entrada anterior explicamos que una proporción importante de los pacientes del registro REMEXDIS-IMSS no alcanzaba su meta de LDL al inicio. El nuevo análisis siguió a los participantes durante 12 meses y evaluó qué ocurrió entre quienes utilizaron la aplicación móvil del estudio.

¿Qué hacía la aplicación REMEXDIS?

La aplicación fue diseñada para complementar la atención clínica. Entre sus funciones se encontraban:

  • recordatorios de citas médicas;
  • un calendario configurable para medicamentos y otras actividades de cuidado;
  • mensajes personalizados cuando el paciente alcanzaba o no su meta de LDL;
  • y alertas al médico tratante cuando el resultado se encontraba fuera del objetivo recomendado.

Las notificaciones se enviaban cada 30 días o se actualizaban con nuevos resultados de laboratorio. La descarga era gratuita, pero las funciones estaban restringidas a participantes activos de REMEXDIS; no era una aplicación abierta al público general.

Un seguimiento amplio en condiciones reales

El estudio incluyó a 17,532 personas adultas atendidas en unidades del Instituto Mexicano del Seguro Social y clasificadas con riesgo cardiovascular alto o muy alto. El uso de la aplicación fue voluntario: 15,346 participantes la utilizaron y 2,186 no lo hicieron.

Los investigadores contaron con resultados al inicio y a los 12 meses de 14,497 usuarios. También compararon sus resultados finales con los de 1,291 participantes sin aplicación que tenían mediciones disponibles al año.

La cifra principal: más personas alcanzaron su meta

Entre los usuarios con información completa, la mediana del colesterol LDL disminuyó de 60 a 48 mg/dL. Al mismo tiempo, la proporción que alcanzaba la meta recomendada aumentó de 55.4% a 77.5%.

La mejoría apareció en los dos grupos de riesgo:

  • en las personas con riesgo alto, el cumplimiento de la meta aumentó de 61.3% a 85.8%;
  • en quienes tenían riesgo muy alto, pasó de 48.9% a 68.4%.

El avance fue considerable, aunque la brecha persistió entre los pacientes de muy alto riesgo. Este grupo tiene metas más estrictas y, con frecuencia, necesita tratamientos más intensivos y un seguimiento especialmente cuidadoso.

También cambió la intensidad del tratamiento

Durante el seguimiento disminuyó la proporción de pacientes que recibía un solo medicamento hipolipemiante: pasó de 84.2% a 54.0%. En contraste, la terapia dual aumentó de 13.4% a 43.8%.

Estos cambios coincidieron con la mejoría del LDL. Las alertas y los recordatorios pudieron favorecer una revisión más oportuna, pero el estudio no permite identificar cuánto aportó cada componente. Tampoco se registraron sistemáticamente el uso de la aplicación, la respuesta a las alertas o la adherencia real a los medicamentos.

¿Fue mejor el resultado entre quienes usaron la aplicación?

Después de ajustar el análisis por las principales diferencias clínicas y demográficas, el uso de la aplicación se asoció con un LDL 11.53 mg/dL menor a los 12 meses.

Además, los usuarios tuvieron 2.89 veces mayores posibilidades estadísticas de alcanzar su meta de LDL que los participantes sin aplicación. Un análisis adicional para tomar en cuenta las diferencias en la disponibilidad del seguimiento produjo resultados similares.

Son asociaciones relevantes, pero no equivalen a demostrar que la aplicación causó la mejoría.

La precaución necesaria: no fue un ensayo aleatorizado

Los participantes decidieron si utilizaban la aplicación. Quienes la descargaron podrían diferir de quienes no lo hicieron en motivación, acceso, familiaridad tecnológica u otros factores no medidos.

También hubo una diferencia importante en el seguimiento: se contó con resultados de LDL a los 12 meses en el 94.5% de los usuarios de la aplicación, frente al 59.1% de los no usuarios. Los análisis estadísticos de sensibilidad reducen esta preocupación, pero no eliminan la posibilidad de sesgo.

La formulación correcta es que el uso de la aplicación se asoció con mejores resultados; no que los produjo necesariamente por sí solo.

¿Qué aporta este estudio a la práctica clínica?

La enseñanza no es que un teléfono pueda resolver el control del colesterol. El seguimiento puede mejorar cuando la tecnología se integra a la atención y conecta acciones sencillas:

  • recordar al paciente sus citas y actividades de cuidado;
  • mostrar de manera comprensible si el LDL está dentro de la meta;
  • avisar al equipo de salud cuando se necesita revisar el plan;
  • y facilitar ajustes oportunos en lugar de esperar a que transcurran meses sin seguimiento.

La tecnología resulta más útil cuando fortalece la relación entre el paciente y su equipo clínico. No reemplaza la valoración individual, la conversación sobre beneficios y riesgos ni la decisión compartida sobre el tratamiento.

En pocas palabras

Tras 12 meses, los usuarios de REMEXDIS mostraron menores niveles de LDL, mayor cumplimiento de las metas y un uso más frecuente de terapias combinadas. La magnitud del cambio es prometedora y demuestra que una estrategia digital puede incorporarse a la atención cotidiana en una red grande y diversa.

El siguiente paso será confirmar estos hallazgos con estudios más controlados y determinar si las mejoras se mantienen, son costo-efectivas y se traducen en menos eventos cardiovasculares.

Nuestra participación

Héctor Armando Rincón León forma parte del Research Group REMEXDIS y aparece entre los colaboradores de Chiapas. El artículo reconoce al grupo por su participación en la recolección de datos y por el apoyo técnico y administrativo para el desarrollo del estudio.

Transparencia

El estudio recibió una subvención no restringida de Amgen México para un proyecto iniciado por investigadores. Medicaweb participó como organización de investigación por contrato con apoyo operativo y metodológico limitado al monitoreo y al control de calidad. De acuerdo con el artículo, Amgen no tuvo acceso a los datos clínicos ni intervino en el diseño, el análisis, la interpretación de los resultados o la preparación del manuscrito. Los autores declararon no tener conflictos financieros personales relacionados con el trabajo.

Referencia

Hernández González MA, Fernández Hernández JP, Borrayo Sánchez G, Solorio Meza SE, Cruz Aceves I, Gil-Ríos MÁ, Bonifaz Alfonzo LC, Research Group REMEXDIS. Digital Intervention to Optimize LDL-C and Lipid Management in Patients at High and Very High Cardiovascular Risk: The Findings of the REMEXDIS Study in Real-World Clinical Practice. Data. 2026;11:250. https://doi.org/10.3390/data11100250

Colesterol LDL en México: ¿por qué casi la mitad de los pacientes de alto riesgo no alcanza su meta?

Un registro multicéntrico de 17,532 pacientes atendidos en el IMSS revela que el control del colesterol LDL sigue siendo insuficiente, especialmente entre quienes viven con riesgo cardiovascular muy alto.

El colesterol LDL suele resumirse en una cifra. Sin embargo, esa cifra no significa lo mismo para todas las personas: cuanto mayor es el riesgo cardiovascular, más baja debe ser la meta y más estrecho el seguimiento.

Un registro multicéntrico con 17,532 pacientes atendidos en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) muestra que el control del colesterol LDL todavía es insuficiente, especialmente entre quienes ya viven con un riesgo cardiovascular muy alto.

¿Qué investigó REMEXDIS-IMSS?

El Registro Mexicano de Dislipidemias del IMSS, conocido como REMEXDIS-IMSS, reúne información clínica de personas adultas con riesgo cardiovascular alto o muy alto atendidas en unidades de medicina familiar y hospitales de segundo y tercer nivel de distintas regiones de México.

Este trabajo analizó la evaluación inicial de la cohorte. Los participantes fueron incorporados entre septiembre de 2022 y enero de 2024 durante consultas ambulatorias. Por ello, el estudio ofrece una fotografía amplia de la práctica clínica cotidiana, pero no representa una encuesta de toda la población mexicana.

¿Quiénes participaron?

  • La mediana de edad fue de 64 años.
  • El 54.3% fueron mujeres.
  • El 64.7% tenía diabetes mellitus.
  • El 67.4% tenía hipertensión.
  • El 33.2% reportó antecedente de tabaquismo.
  • El 51.3% fue clasificado con riesgo cardiovascular alto y el 48.7% con riesgo muy alto.

La diferencia entre riesgo alto y muy alto no es sólo una etiqueta. Resume antecedentes como diabetes de larga evolución, enfermedad renal, eventos cardiovasculares previos y otras condiciones que modifican la probabilidad de presentar un infarto, un evento cerebrovascular u otra complicación.

La cifra central: alcanzar la meta sigue siendo difícil

En el estudio, la meta de colesterol LDL fue menor de 70 mg/dL para las personas con riesgo alto y menor de 55 mg/dL para quienes tenían riesgo muy alto.

Al momento de la evaluación, alcanzaba su meta:

  • el 56.4% de los pacientes con riesgo alto;
  • y sólo el 43.1% de quienes tenían riesgo muy alto.

En otras palabras, una proporción considerable permanecía por encima de la meta precisamente en el grupo que más podría beneficiarse de una reducción adicional del LDL. El hallazgo también recuerda que observar únicamente el valor promedio puede ocultar a muchas personas con cifras todavía elevadas.

Más intensidad terapéutica, mejor control… con una salvedad

Las personas que recibían tratamientos más intensivos —por ejemplo, combinaciones de estatina, ezetimiba y un inhibidor de PCSK9— alcanzaron la meta con mayor frecuencia que quienes recibían monoterapia. Con terapia triple, aproximadamente tres de cada cuatro pacientes alcanzaban el objetivo de LDL.

Esto no significa que el estudio haya demostrado que una combinación específica sea la mejor opción para cualquier persona. El análisis fue transversal y los tratamientos no se asignaron al azar. La elección depende del riesgo individual, los antecedentes, la tolerancia, las contraindicaciones, el acceso y la valoración médica.

¿Qué implicaciones tiene para la práctica clínica?

  • Medir no basta: es necesario interpretar el LDL dentro del riesgo cardiovascular de cada persona.
  • La meta debe quedar clara: pacientes con cifras similares pueden necesitar objetivos diferentes.
  • El seguimiento importa: una cifra fuera de meta requiere revisar adherencia, tratamiento, efectos adversos y barreras de acceso.
  • La coordinación es esencial: medicina familiar y atención especializada deben trabajar de manera continua, sobre todo en pacientes de muy alto riesgo.

Lo que el estudio no permite concluir

Los resultados no deben interpretarse como la prevalencia nacional de dislipidemia. Todos los participantes ya tenían riesgo cardiovascular alto o muy alto y recibían atención en el IMSS. Tampoco puede establecerse una relación causal entre la intensidad del tratamiento y el control del LDL.

Además, el registro no contó con información completa sobre duración y dosis del tratamiento, adherencia, alimentación, actividad física o condiciones socioeconómicas. Estas variables también pueden influir en el resultado.

En pocas palabras

Casi la mitad de las personas con riesgo cardiovascular alto o muy alto no alcanzaba la meta recomendada de colesterol LDL. La brecha fue mayor entre quienes tenían riesgo muy alto, el grupo que enfrenta las metas más estrictas y las consecuencias potencialmente más graves.

El mensaje no es perseguir una cifra aislada ni modificar medicamentos por cuenta propia. Es conocer el riesgo individual, acordar una meta con el equipo de salud y mantener un seguimiento capaz de detectar cuándo el tratamiento necesita ajustarse.

Nuestra participación

Héctor Armando Rincón León figura entre los colaboradores del REMEXDIS Research Group. El artículo reconoce al grupo por su participación en la recolección de datos, el apoyo técnico y administrativo, el análisis y la preparación del manuscrito. La autoría debe entenderse como una contribución colectiva dentro de esta red nacional de investigación.

Este artículo es la primera parte de una breve serie sobre REMEXDIS. En la siguiente entrada explicaremos qué ocurrió durante el seguimiento de 12 meses y qué se observó entre las personas que utilizaron la aplicación móvil del estudio.

Transparencia

El estudio recibió una subvención no restringida de Amgen México para un proyecto iniciado por investigadores. De acuerdo con la publicación, la empresa no tuvo acceso a los datos clínicos ni participó en el diseño, el análisis, la interpretación o la preparación del manuscrito. Los autores declararon no tener conflictos financieros relacionados con el trabajo.

Referencia

Hernández González MA, Fernández Hernández JP, Borrayo Sánchez G, Solorio Meza SE, Cruz Aceves I, Bonifaz Alfonzo LC, REMEXDIS Research Group. Mexican Registry of Dyslipidemias of the Mexican Institute of Social Security: Lipid Profiles in Patients at High and Very High Cardiovascular Risk. Archives of Medical Research. 2027;58:103520. https://doi.org/10.1016/j.arcmed.2026.103520

Dengue en Tapachula: ¿qué significa realmente detectar el serotipo 2?

Los cuatro serotipos pueden causar dengue leve o grave. Explicamos por qué detectar DENV-2 importa para la vigilancia, pero no significa que sea «el peor tipo de dengue».

En redes sociales, una información útil puede convertirse en alarma con apenas unas palabras. Decir que se identificó el serotipo 2 del virus del dengue en Tapachula puede ser relevante para la vigilancia epidemiológica. Afirmar que se trata del “peor tipo de dengue” es otra cosa: simplifica en exceso lo que sabemos y puede hacer creer que el número del serotipo predice por sí solo la gravedad de una persona.

El dengue no se divide en una versión leve llamada DENV-1 y otras progresivamente más peligrosas. Existen cuatro serotipos del virus, pero cualquiera de ellos puede causar una infección sin síntomas, una enfermedad leve o dengue grave. La evolución depende de la interacción entre el virus, los antecedentes inmunológicos, las características de la persona, la oportunidad de la atención y el contexto epidemiológico.

Entonces, ¿por qué importa saber qué serotipo circula? Porque ese dato ayuda a anticipar cambios en la transmisión y en la susceptibilidad de una población. Es una señal para fortalecer la vigilancia y la preparación de los servicios de salud, no una sentencia sobre el desenlace de cada paciente.

Cuatro serotipos, una misma enfermedad

Los cuatro serotipos se denominan DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4. Son virus estrechamente relacionados que producen la misma enfermedad: dengue.

Después de una infección, la persona desarrolla protección duradera contra el serotipo que la causó. Esa protección no se extiende de manera permanente a los otros tres. Por ello, alguien que ya tuvo dengue puede volver a infectarse posteriormente con un serotipo diferente.

Una segunda infección por otro serotipo se asocia con un mayor riesgo de dengue grave. Esto no significa que toda segunda infección será grave ni que una infección primaria esté libre de riesgo. Significa que el antecedente inmunológico es uno de varios factores que deben considerarse.

La clasificación clínica no depende del número del serotipo. Los equipos de salud valoran si existe dengue sin signos de alarma, dengue con signos de alarma o dengue grave, de acuerdo con la evolución y las manifestaciones de la persona.

¿Por qué la llegada o el regreso de un serotipo puede aumentar el riesgo?

Imaginemos una región en la que durante varios años predominó un serotipo y otro dejó de circular o se mantuvo en niveles muy bajos. Con el tiempo se incorporan nuevas generaciones y aumenta el número de personas que nunca estuvieron expuestas al serotipo ausente. Si éste vuelve a circular, puede encontrar una población con menor inmunidad específica.

Además, algunas personas habrán tenido antes una infección por otro serotipo. En ellas, una nueva infección será una exposición heteróloga —es decir, causada por un serotipo distinto— y tendrá una probabilidad mayor de evolucionar a formas graves que una primera infección, aunque el desenlace grave no sea inevitable.

Por eso la aparición o el aumento de un serotipo que llevaba tiempo sin predominar puede favorecer un incremento de casos y modificar el riesgo poblacional. La Organización Panamericana de la Salud utilizó precisamente este razonamiento al advertir en 2025 sobre la expansión de DENV-3 en países donde había circulado poco durante años.

La preocupación epidemiológica se relaciona con cuántas personas son susceptibles, qué exposiciones previas tuvieron, cuánto mosquito vector existe y qué tan preparados están la vigilancia y los servicios de salud. No surge simplemente de que el serotipo tenga el número 2, 3 o 4.

Entonces, ¿DENV-2 es “el peor”?

No existe una clasificación universal que ordene los serotipos del menos al más peligroso. Los cuatro se han asociado con brotes y con casos graves.

Algunos estudios han encontrado mayor frecuencia de gravedad con DENV-2 o con determinados genotipos en epidemias concretas. Otros han observado patrones diferentes. La Organización Mundial de la Salud señala que las variaciones en gravedad entre serotipos han sido inconsistentes entre estudios.

Esto permite una conclusión más precisa: DENV-2 merece vigilancia, como los otros serotipos, pero su identificación aislada no demuestra que una epidemia será más grave ni permite predecir la evolución de un paciente.

También conviene distinguir entre serotipo y genotipo. Dentro de cada serotipo existen linajes genéticos con características propias. El comportamiento de un brote puede relacionarse con el linaje viral, la inmunidad previa de la población, la densidad de mosquitos, el clima, la movilidad, el acceso a la atención y muchos otros factores. Reducir todo eso a “el dengue 2 es el peor” transforma una cuestión compleja en un eslogan engañoso.

Lo que observamos en Tapachula entre 2016 y 2018

Nuestro estudio prospectivo se realizó en cuatro instituciones de salud de Tapachula y siguió a personas con fiebre, exantema o ambos durante los primeros años posteriores a la introducción del Zika en México.

Se incorporaron 467 participantes con enfermedad febril o exantemática. Mediante pruebas de RT-PCR repetidas en sangre y orina se confirmaron 82 infecciones por dengue, 37 por Zika y una por chikungunya. En 307 episodios no se identificó alguno de esos tres virus, y en 40 participantes las muestras disponibles no permitieron descartar por completo las infecciones estudiadas.

El patrón cambió con rapidez. En la segunda mitad de 2016 predominó el Zika y el dengue apareció de manera esporádica. Durante 2017, el dengue aumentó, especialmente en el verano. En la primera mitad de 2018 ya no identificamos casos de Zika y observamos un pico importante de dengue durante mayo y junio.

Las personas con dengue fueron, en promedio, más jóvenes que quienes tenían Zika u otros episodios no identificados. También informaron con mayor frecuencia vivir cerca de agua estancada y conocer casos recientes de dengue en su vecindario. Estos resultados describieron grupos y exposiciones; no sirven para diagnosticar a una persona sin valoración y pruebas.

La lección más útil para la conversación actual es que la circulación de los virus cambia en el tiempo y dentro de espacios relativamente pequeños. La vigilancia local permite detectar esos cambios y orientar la respuesta.

Lo que nuestro estudio no puede decir sobre DENV-2

El estudio no fue diseñado para comparar los cuatro serotipos ni para determinar si uno causaba mayor gravedad. La prueba utilizada confirmaba infección por dengue, pero el análisis publicado no clasificó los casos de acuerdo con DENV-1, DENV-2, DENV-3 o DENV-4.

Tampoco describe la situación epidemiológica de Tapachula en 2026. Sus datos corresponden a 2016-2018 y proceden de personas que acudieron a servicios de salud y cumplían criterios de inclusión específicos. Para conocer la circulación actual deben consultarse los informes de la vigilancia epidemiológica y los resultados de laboratorio más recientes.

¿Qué sí permite afirmar la identificación de un serotipo?

Si un informe confirmado detecta DENV-2 en Tapachula, permite afirmar que ese serotipo está circulando en la población estudiada. Dependiendo del número de muestras, su distribución y la comparación con semanas y años previos, también puede ayudar a reconocer un cambio en el serotipo predominante.

Por sí solo, ese hallazgo no permite concluir que:

  • todas las infecciones serán más graves;
  • una persona con DENV-2 evolucionará mal;
  • el brote será necesariamente mayor que los anteriores;
  • DENV-2 sea siempre más peligroso que DENV-1, DENV-3 o DENV-4;
  • la gravedad pueda anticiparse sin valorar signos clínicos, antecedentes y evolución.

La detección debe interpretarse junto con el número de casos, la proporción de muestras tipificadas, la existencia de otros serotipos, las hospitalizaciones, los casos con signos de alarma, las defunciones y la distribución geográfica y temporal.

Para el paciente, lo importante son los signos de alarma

El serotipo no sustituye la vigilancia clínica. Una persona con sospecha de dengue debe recibir orientación médica y mantenerse atenta, especialmente cuando disminuye la fiebre, porque la fase crítica puede comenzar en ese momento.

Se debe buscar atención de inmediato ante dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de encías o nariz, sangre en vómito o evacuaciones, somnolencia o irritabilidad, dificultad para respirar, acumulación de líquidos, piel pálida y fría o debilidad marcada.

También es importante mantener una hidratación adecuada y evitar la automedicación. La aspirina, el ibuprofeno y otros antiinflamatorios no esteroideos pueden aumentar el riesgo de sangrado y no deben utilizarse ante sospecha de dengue salvo indicación expresa de un profesional que conozca el caso.

Del sobresalto a la acción útil

Una noticia sobre serotipos debería conducir a mejores preguntas: ¿el resultado fue confirmado por un laboratorio de referencia?, ¿cuántas muestras se tipificaron?, ¿es un hallazgo aislado o un cambio sostenido?, ¿qué muestran los casos graves y las hospitalizaciones?, ¿qué medidas se están reforzando?

La respuesta útil sigue siendo eliminar criaderos, cubrir y lavar recipientes de agua, utilizar repelente y barreras físicas, reconocer tempranamente los signos de alarma, consultar sin demora y sostener una vigilancia epidemiológica y de laboratorio capaz de detectar cambios.

El mensaje central

Los cuatro serotipos pueden causar dengue leve o grave. La introducción, reaparición o aumento de un serotipo importa porque cambia la susceptibilidad de la población y puede incrementar las infecciones secundarias por un serotipo distinto. Eso justifica vigilancia y preparación.

Pero identificar DENV-2 no equivale a descubrir “el peor dengue”. El número del serotipo no reemplaza el análisis epidemiológico ni permite anticipar por sí solo la evolución clínica. Comunicar con precisión no reduce el riesgo: ayuda a entenderlo y a responder mejor.

Héctor A. Rincón-León fue coautor del estudio realizado en Tapachula y participó en la adquisición de datos y la interpretación de los resultados.

Fuentes

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual. Ante signos de alarma o deterioro clínico, busque atención inmediata.

Sarampión en México: ¿cómo abren las brechas de vacunación la puerta a nuevos brotes?

En 2020 advertimos que una emergencia podía debilitar la vacunación. Seis años después, explicamos qué enseñan los brotes de sarampión en México, por qué cada esquema incompleto importa y cómo actuar sin alarmismo.

En 2020, cuando la atención del mundo estaba concentrada en la COVID-19, publicamos un editorial con una preocupación concreta: que la emergencia interrumpiera los programas de vacunación y dejara espacio para el regreso de enfermedades prevenibles.

No era una predicción sobre un brote específico. Era una advertencia sobre el funcionamiento de la salud pública. El sarampión no necesita que desaparezcan todas las vacunas para volver a circular; le basta encontrar suficientes personas susceptibles conectadas entre sí.

Seis años después, esa reflexión resulta especialmente pertinente. El informe de situación de la Organización Panamericana de la Salud publicado el 1 de septiembre de 2026 registró, con datos hasta el 22 de agosto, 12,607 casos confirmados y 18 defunciones en México. En toda la Región de las Américas se habían notificado 51,027 casos: 4.6 veces más que durante el mismo periodo de 2025.

Las cifras pueden cambiar conforme avanza la vigilancia. Por eso deben leerse con fecha de corte y consultarse en los informes oficiales. Su mensaje, sin embargo, es claro: mantener una cobertura alta y homogénea de vacunación sigue siendo una tarea esencial.

¿Por qué el sarampión se propaga con tanta facilidad?

El sarampión es una enfermedad viral transmitida por el aire. Una persona infectada puede expulsar el virus al respirar, toser o estornudar. La Organización Mundial de la Salud señala que el virus puede permanecer activo en el aire o sobre superficies hasta dos horas y que una persona enferma puede generar hasta 18 infecciones secundarias cuando quienes la rodean no son inmunes.

Los primeros síntomas suelen aparecer entre 7 y 14 días después de la exposición. Incluyen fiebre, tos, escurrimiento nasal, ojos rojos y llorosos y pequeñas manchas blancas dentro de la boca. El exantema —las manchas rojizas en la piel— suele aparecer varios días después, primero en la cara y el cuello y luego en el resto del cuerpo.

Aunque muchas personas se recuperan, el sarampión no es una enfermedad trivial. Puede provocar neumonía, diarrea grave, encefalitis, daño ocular y muerte. El riesgo de complicaciones es mayor en menores de cinco años, personas adultas mayores de 30, embarazadas, personas con desnutrición o con inmunidad debilitada.

El daño no siempre termina cuando desaparece el exantema

En nuestro editorial explicamos un efecto menos conocido: la llamada “amnesia inmunitaria”. La infección puede reducir parte de la memoria que el sistema inmunitario había desarrollado contra otros microorganismos. Después de superar el sarampión, una persona puede quedar temporalmente más vulnerable a otras infecciones.

Esta es otra razón para no presentar el sarampión como una simple enfermedad de la infancia ni como “unos días de ronchas”. La prevención evita el episodio agudo, sus complicaciones y parte del riesgo que puede persistir después.

Una vacuna individual produce protección colectiva

La vacuna contra el sarampión es segura y efectiva. Se requieren dos dosis porque no todas las personas desarrollan una respuesta suficiente después de la primera. Debido a la enorme facilidad de transmisión del virus, las autoridades sanitarias buscan coberturas superiores al 95% para interrumpir las cadenas de contagio.

Ese porcentaje debe alcanzarse de manera homogénea. Un promedio nacional aparentemente adecuado puede ocultar municipios, comunidades, escuelas o grupos de edad con muchas personas sin esquema completo. Esas concentraciones de susceptibilidad permiten que un caso importado o una cadena no detectada produzcan un brote.

Vacunarse protege a quien recibe la dosis, pero también reduce las oportunidades de que el virus llegue a bebés demasiado pequeños para completar su esquema, personas con contraindicaciones médicas y quienes tienen mayor riesgo de enfermedad grave.

¿La pandemia explica el brote actual?

La respuesta corta es: no por sí sola.

Durante la emergencia por COVID-19 se aplazaron campañas, disminuyeron algunas consultas preventivas y millones de niñas y niños en el mundo dejaron de recibir vacunas a tiempo. Nuestro editorial llamó la atención sobre ese riesgo cuando todavía se desconocía cuánto duraría la interrupción.

Pero atribuir toda la situación de 2026 exclusivamente a la pandemia sería una simplificación. Las brechas de vacunación pueden acumularse por dificultades de acceso, desabasto, movilidad de la población, horarios poco accesibles, oportunidades perdidas durante las consultas, información confusa, desconfianza y diferencias entre territorios. La circulación internacional del virus también puede iniciar cadenas de transmisión allí donde encuentra suficientes personas susceptibles.

La lección es más amplia: los servicios esenciales de prevención deben continuar durante cualquier emergencia y después deben identificar y recuperar con rapidez los esquemas atrasados.

¿Qué podemos hacer hoy?

  1. Revisar la Cartilla Nacional de Salud. Conviene comprobar el esquema de niñas, niños y adolescentes, y revisar los propios antecedentes de vacunación.
  2. Pedir orientación si faltan dosis o existe duda. La estrategia puede cambiar según la edad, el antecedente y la situación epidemiológica. El personal de salud debe indicar qué vacuna corresponde.
  3. Consultar los puntos oficiales. La Secretaría de Salud habilitó la plataforma ¿Dónde me vacuno? para localizar sitios de vacunación y conocer los grupos prioritarios.
  4. Actuar ante síntomas compatibles. Fiebre acompañada de exantema, tos, escurrimiento nasal o conjuntivitis requiere valoración. Es recomendable contactar primero a los servicios de salud y seguir sus indicaciones para evitar exponer a otras personas en salas de espera o transportes.
  5. No automedicarse ni difundir rumores. No existe un tratamiento antiviral específico que cure el sarampión. La atención médica busca aliviar síntomas, detectar complicaciones y aplicar las medidas de salud pública necesarias.

La vacunación no debe convertirse en motivo de confrontación. Las preguntas legítimas merecen respuestas claras, respetuosas y basadas en evidencia. Recuperar la confianza exige vacunas disponibles, servicios accesibles y personal dispuesto a escuchar.

Lo que conserva vigencia desde 2020

El editorial que Karla Navarro-Fuentes y Héctor Rincón-León publicamos en la Revista Médica del Instituto Mexicano del Seguro Social no fue un estudio con pacientes. Fue un análisis y un llamado a proteger los programas de inmunización durante la emergencia por COVID-19.

Propusimos mejorar la información sobre coberturas, fortalecer la vigilancia, garantizar el acceso a las vacunas y estudiar cómo las emergencias sanitarias afectan los esquemas de inmunización. La situación de 2026 confirma la importancia práctica de esas tareas, aunque no permite afirmar que la pandemia sea la causa única del brote actual.

El mensaje central

El sarampión es tan contagioso que cada brecha importa. Los brotes no se controlan únicamente atendiendo a quienes enferman: se controlan encontrando esquemas incompletos, acercando la vacunación a la población, detectando casos con rapidez y comunicando sin alarmismo.

Revisar una cartilla parece una acción pequeña. Multiplicada en hogares, escuelas, consultorios y comunidades, puede cerrar la puerta que el virus necesita para seguir circulando.

Fuentes

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica ni las indicaciones de las autoridades sanitarias.

Sífilis y herpes genital: ¿qué reveló un estudio con 462 personas migrantes en Tapachula?

Un estudio en tres albergues de Tapachula evaluó sífilis y VHS-2 en 462 personas migrantes. Explicamos sus resultados, sus límites y por qué la respuesta debe centrarse en el acceso a la atención, no en el estigma.

La movilidad humana no causa infecciones. Sin embargo, dormir en la calle, enfrentar violencia o discriminación y no tener acceso continuo a servicios de salud puede aumentar la vulnerabilidad durante el trayecto.

Un estudio realizado en tres albergues de Tapachula encontró una frecuencia importante de anticuerpos contra sífilis y virus del herpes simple tipo 2 (VHS-2) entre las personas migrantes participantes. Los resultados no describen a toda la población migrante ni permiten saber dónde ocurrió cada infección. Sí muestran una necesidad concreta: ofrecer prevención, pruebas, tratamiento y continuidad del cuidado sin estigma y sin importar la situación migratoria.

¿Cómo se realizó el estudio?

Entre octubre de 2021 y septiembre de 2022 participaron 462 personas adultas alojadas en tres espacios de atención a población migrante en Tapachula, Chiapas. Todas comprendían español, aceptaron participar mediante consentimiento informado, respondieron un cuestionario y proporcionaron una muestra de sangre.

La edad promedio fue de 31.2 años y 56.9% eran mujeres. El grupo reunía personas de distintos países: 41.1% había nacido en Honduras, 20.6% en Venezuela y 11.9% en El Salvador; el resto provenía de Guatemala, Nicaragua, Haití y otros lugares.

El equipo buscó anticuerpos contra Treponema pallidum, la bacteria que causa la sífilis, y contra VHS-2, principal causa de herpes genital. Cuando la prueba para sífilis resultó positiva, se utilizó otra prueba para distinguir una infección activa de una infección previamente tratada o curada.

Dos cifras que necesitan contexto

El 29.9% de las personas participantes presentó anticuerpos contra VHS-2. Esto indica una infección adquirida en algún momento de la vida, aunque la persona nunca haya notado lesiones. No permite saber cuándo o en qué país ocurrió la transmisión ni significa que todas tuvieran síntomas durante el estudio.

En el caso de la sífilis, 4.5% presentó anticuerpos. La mayoría correspondía a infecciones curadas o tratadas: 3.9% de toda la muestra. Sólo 0.67% tuvo una prueba compatible con sífilis activa.

Esta distinción es esencial. Decir que 4.5% “tenía sífilis activa” sería incorrecto y produciría una alarma que los resultados no justifican.

También se observó coinfección serológica por sífilis y VHS-2 en 2.38% de las personas participantes.

¿Qué condiciones acompañaron a estas infecciones?

La mitad de las personas dijo haber dormido en la calle durante los 12 meses previos y 76% señaló que nunca o casi nunca utilizaba condón. Poco más de la mitad se había realizado alguna vez una prueba de VIH.

Después de considerar varias características a la vez, los anticuerpos contra sífilis fueron más frecuentes entre hombres, personas con antecedente de lesiones genitales, quienes informaron relaciones sexuales con personas del mismo sexo y quienes también tenían anticuerpos contra VHS-2.

La seropositividad a VHS-2 se asoció con ser mujer, mayor edad, escolaridad básica, haber dormido en la calle, antecedente de prueba de VIH, inicio de la vida sexual entre los 14 y 17 años, dos o más parejas sexuales durante el año previo y seropositividad a sífilis.

Estas son asociaciones poblacionales, no explicaciones individuales ni juicios sobre las personas. Por ejemplo, haberse realizado una prueba de VIH no causa herpes: puede indicar que alguien percibió un riesgo previo o tuvo mayor contacto con servicios de salud. Del mismo modo, el estudio transversal no permite establecer qué ocurrió primero.

El hallazgo durante el embarazo

Trece participantes dijeron estar embarazadas. Dos presentaron anticuerpos contra sífilis y una de ellas tuvo datos de infección activa.

El número es demasiado pequeño para calcular una frecuencia precisa o generalizarla a otras embarazadas migrantes. Aun así, señala una oportunidad que no debe perderse. La sífilis durante el embarazo puede transmitirse al bebé, pero la detección y el tratamiento oportunos reducen de forma importante ese riesgo.

Una ruta migratoria no debería interrumpir el control prenatal, la entrega de resultados o la aplicación del tratamiento indicado.

¿Qué significa para los servicios de salud?

La respuesta útil no consiste en señalar a una nacionalidad o grupo. La Organización Mundial de la Salud subraya que las personas refugiadas y migrantes no aumentan por sí mismas el riesgo de transmisión en las comunidades de acogida; son ellas quienes con frecuencia quedan expuestas a condiciones precarias y barreras de atención.

En puntos de tránsito como Tapachula, los resultados respaldan una estrategia con varios componentes:

  1. Pruebas voluntarias, confidenciales e integradas. Siempre que sea apropiado, ofrecer evaluación para sífilis, VIH, hepatitis y otras infecciones de transmisión sexual.
  2. Resultados y tratamiento sin demora. Una prueba pierde utilidad si la persona continúa su viaje antes de recibir el resultado o no puede acceder al tratamiento.
  3. Prioridad durante el embarazo. Incorporar la detección temprana de sífilis al control prenatal y asegurar el tratamiento y seguimiento de la madre y el bebé.
  4. Prevención disponible y comprensible. Facilitar preservativos, información clara y consejería respetuosa, adaptada al idioma y contexto de cada persona.
  5. Continuidad entre ciudades y países. Entregar constancias clínicas seguras y crear mecanismos de referencia que funcionen aun cuando la persona cambie de localidad.
  6. Atención sin discriminación. La situación migratoria, la nacionalidad, la orientación sexual o la identidad de género no deben convertirse en barreras para recibir atención.

La sífilis es prevenible y curable con el tratamiento indicado. El herpes genital no tiene una cura que elimine el virus, pero existen antivirales que reducen la duración y la intensidad de los episodios y pueden disminuir el riesgo de transmisión. La valoración debe ser individual; una prueba serológica aislada no sustituye la historia clínica y el examen médico.

Lo que el estudio no puede afirmar

La muestra se obtuvo en tres albergues y sólo incluyó a personas adultas que comprendían español y aceptaron participar. No fue una selección representativa de todas las personas migrantes que transitan por Chiapas.

Además, el diseño fue transversal: exposición y resultado se midieron en el mismo periodo. Por ello, las asociaciones no prueban causalidad. Algunas conductas se informaron mediante cuestionario y pueden estar sujetas a memoria, deseabilidad social o temor a revelar información sensible. Los grupos pequeños —como las embarazadas o las personas de algunos países— produjeron estimaciones imprecisas.

Tampoco fue posible determinar si las infecciones se adquirieron antes o durante la migración. Usar los resultados para atribuir riesgo a un país de origen sería científicamente incorrecto y socialmente dañino.

El mensaje central

El principal hallazgo no es que migrar sea un riesgo biológico. Es que la prevención y la atención de las infecciones de transmisión sexual deben poder acompañar a las personas durante el tránsito.

Acercar pruebas confidenciales a los albergues, vincular rápidamente a tratamiento y sostener el cuidado prenatal puede beneficiar tanto a las personas migrantes como a la salud pública de las comunidades de tránsito y destino.

Miguel Ángel Sánchez Alemán, investigador del Instituto Nacional de Salud Pública, fue el primer autor y autor de correspondencia del estudio. Héctor Armando Rincón León participó como coautor.

Fuentes

Esta entrada tiene fines informativos y de divulgación. No sustituye una valoración médica individual.